
Reseña: Un poema pegado en la heladera, de Martín Prieto
Un acontecimiento que consiste en estar atento, un acontecimiento que consiste en percatarse, un acontecimiento que consiste en ser abrazado, un acontecimiento que consiste en ser atrapado. Estas líneas del “Poema a la duración”, de Peter Handke, pueden oficiar de reflexión equidistante a la conjunción de ensayos que propone el profesor y doctor en Literatura Martín Prieto (Rosario, 1961).
“El paso del tiempo es uno de los temas principales de la poesía occidental. Más precisamente de la poesía que conozco y que he leído”, dice Prieto al principio, en un recurso que repetirá a lo largo del libro Un poema pegado en la heladera, una veintena de piezas breves donde respiran conexiones sutiles entre versos y poetas aparentemente distantes, tanto en la textura como, justamente, en el eje sincrónico, como pueden ser por ejemplo Denise Levertov, Juanele Ortiz o Juan Rodolfo Wilcock.
Un poema pegado en la heladera remite a la decisión de la madre del autor de recortar “Viaje estival con Lucio”, de Francisco Madariaga, que describe un viaje, el primer viaje en tren del poeta con su hijo, antes de que el gobierno desactive el servicio.
Prieto elige, en un gesto minúsculo, correrse del apellido –su padre, Adolfo, fue uno de los grandes intelectuales argentinos–, y centrarse en el corazón maternal de la poesía, un ramal que nunca es posible clausurar. Pese a que manifiesta desazón frente a un contexto donde cada vez se lee menos poesía, transmite y explora las fuerzas de su espíritu, una caminata impermanente, una forma de afecto y encuentro, una conversación extendida. Territorios minúsculos, pero no menos potentes, que se activan en los cafés, en las presentaciones o lecturas públicas, en las bibliotecas personales y en la curiosidad de las ajenas, en el acto de memorizar y recitar y en la reivindicación de los escritores de su zona –los predecesores, como Elvio Gandolfo o Hugo Diz, o los más jóvenes, como Daiana Henderson.
Prieto lee en detalle aspectos formales, analiza el estilo, pero también se detiene en la imaginería del poeta, en el gesto, en el destino.
Con los ecos de su faro, la crítica Martía Teresa Gramuglio, Martín Prieto piensa en “las imágenes, proyecciones, antiimágenes” y, además, en una historia oral de la literatura. Entre las cenizas, piensa una constelación que reafirma, en una trayectoria autobiográfica cercana al género, una causa: la necesidad de no olvidar la irrupción de la voz poética, aun en susurros. Alguna vez John Berger describió a los amantes como aquellos con la capacidad de plantear una tregua frente al dolor del mundo. Tal vez mantener la llama de la poesía tenga que ver con eso.

Un poema pegado en la heladera
Martín Prieto
(Blatt & Ríos)
208 páginas
$ 19.500
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