El venezolano que estuvo en la cárcel de Bukele y ahora busca reiniciarse después de su deportación de Estados Unidos
El estilista estuvo en una prisión de máxima seguridad; tras recuperar la libertad, intenta reconstruir su futuro en Táchira
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El venezolano Andry Hernández Romero, de 32 años, relató que vivió “el infierno en la Tierra” durante los cuatro meses que estuvo recluido en el Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot) en El Salvador. Había sido deportado por Estados Unidos en marzo de 2025 bajo cargos de supuesta pertenencia al Tren de Aragua, pero asegura que nunca tuvo vínculos con pandillas.
¿Por qué Estados Unidos deportó a Andry Hernández?
Hernández llegó a California en agosto de 2024 a través de la aplicación CBP One. Tras una entrevista en San Ysidro, fue detenido porque un agente desconfió de sus tatuajes. “Jamás pensé que me confundirían con un pandillero”, dijo a El País.

Después de siete meses en Otay Mesa, fue deportado junto con más de 200 venezolanos bajo la ley de Enemigos Extranjeros, aplicada por la administración de Donald Trump.
El testimonio sobre las humillaciones que vivió en el Cecot
Al llegar a la cárcel de Bukele lo raparon contra su voluntad. “Para mí, como estilista, fue devastador verme calvo e hincado”, contó.

En declaraciones a NPR, había denunciado que guardias lo golpearon y lo llevaron a una celda de castigo conocida como “La Isla”. Allí asegura que tres agentes lo agredieron sexualmente.
Las condiciones en el Cecot
Los detenidos dormían sobre planchas metálicas sin colchones, soportaban retretes colapsados y carecían de ventilación. La comida se limitaba a frijoles, arroz y tortillas, según NPR. Hernández recordó que algunos compañeros iniciaron una “huelga de sangre”, al escribir “SOS” con su propia sangre en las paredes para reclamar contacto con sus familias.
El regreso a Táchira y el comienzo de su nueva etapa
El estilista fue liberado el 18 de julio de 2025 como parte de un intercambio realizado entre El Salvador y Venezuela. Tras esa fecha decisiva, Hernández emprendió el regreso a Capacho, el lugar donde había vivido parte de su vida.

En ese reencuentro lo esperaba su amiga Reina Cárdenas, fundadora del Comité en Defensa de los Tachirenses Deportados, quien quiso recibirlo de una manera afectuosa: lo invitó a compartir una comida típica. Al narrar ese instante, Cárdenas expresó al diario El País la impresión que le causó verlo de nuevo: “Me impactó verlo tan demacrado”, comentó.
Ya instalado nuevamente, Hernández comenzó a pensar en su futuro inmediato y mencionó que su intención es abrir un salón de belleza. Con ese proyecto busca retomar su oficio y también dar un nuevo impulso a su vida “Lo que más quiero es limpiar mi nombre. Yo no soy ningún terrorista”. En sus declaraciones subrayó: “Soy un hombre que ha hecho radio, televisión, publicidad y teatro”.
El reencuentro con sus excompañeros del Cecot
Hernández mantiene contacto con once de los liberados en Táchira a través de un grupo de WhatsApp. “A veces nos reímos de lo que nos pasó para no sentirnos mal, pero la soledad nos invade”, contó.
El 22 de agosto fue testigo de la boda de su amigo Carlos Uzcátegui en Lobatera y maquilló a la novia. Uzcátegui recordó: “La noche antes de la liberación, Andry me dijo: ‘Tranquilo, mañana nos vamos’. No le creí. Hoy sé que el infierno terminó, aunque sigue dentro de nosotros”.
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