Verdi made in corea
La soprano Sumi Jo habla de su papel en "Rigoletto", la ópera que mañana se estrena en el Colón.
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La soprano lírica coreana Sumi Jo, considerada entre las mejores de la actualidad, es delicada y hermosa como las porcelanas orientales. Llegó nuevamente al país para sumarse, en el papel de Gilda, a la puesta de "Rigoletto", la ópera de Giuseppe Verdi que mañana, a las 17, se estrenará en el Teatro Colón, en coproducción del Teatro Municipal de Santiago de Chile La régie está a cargo de Daniel Suárez Marzal, y la escenografía y el vestuario son de Enrique Bordolini e Imme Müller, respectivamente. La orquesta y el coro estables del Colón estarán dirigidos por Miguel Angel Veltri.
Jo tiene una mirada dulce, modales de un refinamiento etéreo y sus manos expresivas parecen tan frágiles como las de las mejores figuras en blanco de China. En diálogo con La Nación , busca un lugar silencioso y su palabra es en tono muy bajo. Se tiene la misma impresión de una confesión entre el penitente y el sacerdote, donde ella será lógicamente la palabra santa frente al interés superficial del periodismo.
_¿Puede explicarnos su criterio para encarnar a Gilda?
_Yo veo a una joven simple y pura, porque la música está en relación con sus palabras, siempre suave y delicada. El aria "Caro nome..." solamente lo puede cantar un alma transparente. Podría ser una niña muy curiosa en conocer el mundo, pero siempre con un tono angelical.
_¿Y desde el punto de vista vocal?
_Hago el canto de coloratura con los finales en el sobreagudo, excepto uno con el coro que no se debe hacer en un teatro como el Colón, por su tradición y jerarquía y por respeto al público, y en esto estamos totalmente de acuerdo con el maestro Veltri.
_En el supuesto caso de que el director de escena pretendiera escenificar con figurantes u otros elementos algunas de sus grandes arias o dúos, ¿compartiría el criterio?
_No. De ninguna manera. Es un canto hermoso para sí, está totalmente sola y es su pensamiento. Es como si estuviera escribiendo su libro íntimo de enamorada. Pero yo admiro a los artistas jóvenes que aportan ideas nuevas, siempre y cuando no perturben el canto. Por eso, en este tiempo de una enorme evolución en el terreno de la ópera, es ideal mantener un equilibrio entre el espectáculo y el respeto a la música.
_Pasando a otro aspecto, ¿cuál es el repertorio donde se encuentra más cómoda?
_Es verdad que canto muchos títulos en francés y en alemán. El público argentino me escuchó en dos oportunidades, en Mozart con "La flauta mágica" y anteriormente como Zerbinetta, en "Ariadna en Naxos", de Richard Strauss. Pero la música italiana es primordial, porque el estilo belcantista es especial para mis condiciones. Por eso, cantar ahora "Rigoletto" me hace muy feliz, fue el título de mi debut europeo y en Estados Unidos y, aspecto curioso, siempre con Leo Nucci, que es un magnífico protagonista.
_¿Qué otros títulos de Verdi tiene en su repertorio?
_Canté el Oscar, de "Un ballo", con la dirección de Herbert von Karajan, experiencia inolvidable, pero no es una parte que me interese. Luego, siempre por mi condición vocal, incorporé a Naneta, de "Falstaff", y más adelante, quizá, podría pensar en "La traviata".
_Bueno, tengo entendido que usted ya ha encarado con brillo "Sempre libera..."
_Sí, recientemente, en un registro discográfico. Pero el tiempo es necesario, no sólo por la voz, sino por la falta de experimentar en la vida como mujer y no como cantante que viaja de un lado a otro. Se requiere la experiencia como persona, con familia, hijos, vida de mujer humana, y entonces sí es posible encarnar a Violeta. Todavía mi experiencia es limitada.
_La creencia de diferentes sensibilidades entre Oriente y Occidente, ¿es para usted muy marcada en el mundo de la música?
_Sí, hay diferencias que reconozco, porque he crecido en Oriente, fui educada a la europea y en los Estados Unidos, y he viajado por el mundo desde muy pequeña. Pero amo mucho a los latinoamericanos por su calor, afecto y sinceridad, y como soy una persona abierta de corazón me siento muy cómoda aquí, porque sin esa sensibilidad no hay posibilidad de conmover. Sólo la técnica, no sirve. Y para el canto debe haber sensibilidad.
_Se advierte un enorme avance oriental en la música con grandes técnicas, pero se tiene todavía la sensación de una falta de emotividad para la interpretación, ¿qué opina sobre este tema?
_Sí, comparto ese punto de vista, porque en Oriente, especialmente en el terreno instrumental, se trabaja desde muy niño en base a adquirir perfección técnica y entonces es fabricar con el estudio. Pero en el canto es diferente, porque para eso se nace con la sensibilidad o no, se tienen las condiciones de musicalidad o no. Se puede mejorar con el tiempo, pero sin corazón no existe la capacidad de transmitir al público. Por eso adoro cantar frente al público.
_¿Le gusta la grabación discográfica comercial?
_No mucho. De todos modos, es imprescindible hacerla. Porque el teatro en vivo es cosa de una noche y terminó. La grabación queda como documento para el futuro y para los más jóvenes..
_¿Y el video de espectáculos líricos?
_No. Siempre falta la comunicación y la emoción del teatro.
_¿Qué siente al retornar al escenario del Colón?
_¡Ah...! (fue una exclamación conmovedora, acompañada de una mirada al infinito). Este teatro es mágico y emocionante por su pasado, con los más grandes de la historia que han pisado sus tablas, ¡incluyendo a María Callas!
_¿Qué puede decir de la Callas?
_La amo, porque fue una persona que se entregó por el arte. Su canto fue un milagro. Cada personaje se veía completo a partir de la expresión. Después de ella, no habrá otra Callas. Fue, y basta. Es como pasa también con Herbert von Karajan, porque ambos tuvieron el misterio de ser carismáticos, un don que no es posible adquirir a ningún precio.
"Rigoletto" podrá disfrutarse, además de mañana, el martes, a las 20.30; el viernes 3, a las 20.30; el domingo 5, a las 17, fuera de abono; el martes 7, a las 20.30; el jueves 9, a las 20.30, y el sábado 11, a las 20.30, también fuera de abono.
La puesta que llegó a cruzar la cordillera
Por el pasillo del Colón tropezamos con Enrique Bordolini y con Cecilia Díaz. Por eso se quiso contar con un juicio sobre sus intervenciones en la nueva producción de la más popular ópera de Verdi que realizó el Teatro Municipal de Santiago de Chile. "La concepción escénica está basada en la obra completa de Giulio Romano, únicamente pasamos del Palacio Ducal al Palacio de la T", explica Bordolini.
Se indaga sobre la posibilidad de una visión moderna, por ejemplo en un departamento en Chicago, o haciendo que Gilda muera en una alcantarilla.
"No -dice categórico el artista-, bien se sabe que no estamos en esa línea. Preferimos la atmósfera de Mantua pintada por Bronzino y Giulio Romano. Será una puesta lógica para la ópera de Verdi. El modernismo estará en los materiales que utilizo y en la dinámica de los cambios de escena."
"Con respecto a la puesta, es una producción integral del teatro chileno. Los trajes fueron realizados en Santiago, así como la escena. Con todo el material cruzamos la cordillera de los Andes en un operativo emocionante".
Resulta positiva y grata la presencia del artista argentino en la actual temporada, porque la circunstancia de ser el actual director técnico en el Municipal de Santiago no es motivo para un alejamiento prolongado del Colón.
"Me siento feliz. Además, creo que hemos concretado por primera vez un acuerdo mutuo entre los dos teatros, pero de un modo global, porque esta puesta fue pensada para ambos escenarios y es muy emocionante participar de esta apertura que seguramente será muy beneficiosa para el arte lírico en América".
De Dalila a Magdalena
Se la interroga a Cecilia Díaz: ¿cómo es su breve personaje, una mujer de la vida atormentada o un ser malvado? "Es las dos cosas. La situación la ha tomado un tanto desprevenida, porque le ha gustado más el Duque de Mantua de lo que ella espera de sus clientes."
_¿Es muy difícil la parte musical?
_Sí, cuesta mucho, hay muy pocos momentos donde se puede hacer algo de lucimiento. Verdi fue aquí un tanto ingrato para la mezzo, y sus intervenciones son ingratas de cantar, y considero casi utópico una Magdalena brillante.
_Sí, pero canta en el célebre cuarteto que es una cumbre de la ópera italiana, como el sexteto de Lucia, de Donizetti, ¿no es así?
_Es verdad; por eso, todas las mezzos perdonamos, además, porque nos dio Amneris, Eboli, Ulrica, Azucena... ¡Gracias, Verdi!
Un melodrama lleno de sadismo y humor negro
Rigoletto: en la ópera de Verdi que sube a escena mañana conviven lo cómico y lo serio, en el mejor estilo shakesperiano.
De "El tríptico" a "El barbero de Sevilla" y ahora a "Rigoletto". Si bien para mucha gente la presentación sin pausas de Puccini, luego Rossini y ahora Verdi sobre el escenario del Colón es demasiado monocorde y cuestionable, y hay sobradas razones para compartir esta postura, al hecho se le puede observar el costado positivo: en el lapso de un mes se pueden admirar y comparar tres obras de los más notables operistas italianos de sus respectivos tiempos.
La vida creativa de Verdi ha sido dividida en varias etapas. El período medio se inicia con una trilogía contundente. Entre 1851 y 1853, Verdi completó y estrenó "Rigoletto", "Il trovatore" y "La traviata", tres óperas que, de por sí, ya le hubieran bastado para garantizarle la inmortalidad. Después de sus dramas vinculados con temas nacionalistas, como "Ernani", "La batalla de Legnano", "Stiffelio", "Luisa Miller" y, en algún sentido, también "Juana de Arco" y "Macbeth", Verdi se abocó a la ópera romántica, con situaciones menos colectivas y más individualistas, con personajes de lineamientos psicológicos definidos y con nuevos modos musicales y dramáticos de llevar adelante las tragedias.
Si "Traviata" es una novela de amor, "Rigoletto" es un melodrama psicológico con algo de sadismo y de humor negro. Según Julien Budden, uno de los más profundos estudiosos de la obra de Verdi, en "Rigoletto" se yuxtaponen lo cómico y lo serio en el mejor estilo shakesperiano. Rigoletto es el bufón jorobado que sirve al Duque de Mantua. Por un lado, resulta francamente desagradable, más por su conducta servil, dual y envidiosa que por su aspecto contrahecho, pero por el otro, revela una nobleza y una inmensa preocupación por proteger a su hija Gilda de los infortunios que pudieran sucederle. El Duque, por su parte, es un ser irritante, libidinoso, insensible y siempre listo para satisfacer sus necesidades sin prestar atención a los dolores ajenos. El personaje femenino, Gilda, es el menos interesante en su análisis de personalidad. Ella sólo es la típica víctima estereotipadamente romántica y noble.
"Rigoletto", como la mayoría de las óperas de Verdi, se basa en una obra de teatro. En este caso, el origen fue "El rey se divierte", de Victor Hugo, estrenada en París en 1832 y sumamente criticada por lo que en ese entonces fue considerada una sensualidad desenfrenada. Aunque también se hicieron oír muchos reparos, por parte de los monarquistas, en contra de una presentación tan desfavorable de la autoridad. En la ópera verdiana, el centro de la historia no es el cuestionamiento político al Duque, sino el drama íntimo que vive Rigoletto y, obviamente, Gilda y el desarrollo teatral y musical de una maldición. Rigoletto se burla del padre de una de las víctimas del Duque y éste profiere una maldición que se materializará cuando el libertino viole a Gilda y ésta sea luego asesinada. Con todo, para Verdi, independientemente de la tragedia concreta, la verdadera víctima de la maldición es Rigoletto, quien se siente el responsable de la condenación que cayó sobre su hija.
El barítono "verdiano"
Con mano maestra, Verdi logra una condensación dramático-musical admirable. Hay melodías atractivas, arias en el mejor estilo del romanticismo italiano, pero hay situaciones inusuales, como "Parisiamo", un monólogo durísimo en el que el payaso se compara a sí mismo con el asesino Sparafucile. Con Rigoletto, Verdi definió un nuevo tipo de cantante, el hoy célebre barítono verdiano, que requiere peso dramático, facilidad para alcanzar agudos extremos, un volumen apropiado y la capacidad teatral para transformarse en el centro dominante de la acción.
También en "Rigoletto" se confirma que la coloratura, dentro de sus óperas, es cosa de mujeres. Los personajes masculinos pueden entonar arias de todo tipo, pero las mayores cuotas de virtuosismo son para las cantantes. Para ellos, a lo sumo, alguna cadencia al final de un aria o de un dúo. Lo que no significa que el Duque, un tenor lírico, cante "La donna é mobile", una de las arias más famosas de toda la historia de la ópera.
La ópera se estrenó en Venecia con muchísimo éxito y se diseminó por toda la península con varios nombres y no pocas persecuciones de censores listos para encontrar puntos por recortar. Después de un siglo y medio, "Rigoletto" puede ser apreciada como una ópera de muy buena música. Sin embargo, más allá de las melodías y de los placeres inmediatos, es una obra maestra con muchas facetas por admirar.
Leo Nucci crea su propio personaje
En un camarín, La Nación dialogó con el barítono italiano Leo Nucci, que hará su esperado debut en Buenos Aires. Es una de las grandes figuras del momento, con una brillante carrera sustentada con actuaciones con batutas como Herbert von Karajan, Claudio Abbado, James Levin, sir Georg Solti y Carlo Maria Giulini, entre otros. Por otra parte, es kammersanger de la Opera de Viena y académico de la Filarmónica de Bolonia.
_Se conocen algunas invitaciones de años anteriores, ¿por qué no vino antes al Colón?
_Es verdad. Hace mucho que debí haber cantado en este maravilloso teatro. Pero una vez por falta de espacio en mi agenda, otra, por culpa de la Guerra de las Malvinas,y hace poco invitado para el último Don Carlo, fue imposible.
_¿Cómo es su Rigoletto desde el punto de vista actoral?
_Depende en buena medida del régisseur, en este caso de Daniel Suárez Marzal, pero para que se tenga una idea de lo que significa para mí este papel, anoche me desperté a la 1.30, pensando en Rigoletto y tomando apuntes sobre detalles para incorporar. Siento cada vez que Rigoletto es una parte mía y yo soy un poco de él. Porque la experiencia después de 25 años, más de 300 funciones, hace que el hombre de la ficción forme parte de mi ser. Está como incorporado. Pero cada vez cambia en algunos matices, por las personalidades que me rodean en cada nueva versión.
_¿Es un personaje dulce, bondadoso, o un malvado?
_¡Es humano!, profundamente humano, porque es verdad que quiere matar y contrata a un asesino, pero tambien hace una cosa que muchos hombres harían en su lugar. Salvar, defender, recuperar, el honor de la hija.
Es un hombre obligado a hacer el trabajo de bufón por su deformación y otras razones de índole cultural, es un ser que sufre muchísimo, lleva en su corazón la idea de que la madre de Gilda lo amó, recuerda su pobreza. El mismo Verdi lo explica en el texto: "Solo, deforme y pobre, y hasta cuánto tiempo más sufrirá su humanidad". Además, está ese otro momento maravilloso donde llora, se humilla y conmueve.
En ese instante interviene una muy simpática dama que nos escuchaba con atención. "Si _dice una voz dulce_, es muy emotivo porque vive un drama profundo."
_¡Ah!, es mi esposa..., se la presento _exclama espontáneo Leo Nucci_, ella era Gilda cuando nos conocimos en un teatro, porque fue una magnífica cantante, Adriana Agnelli, soprano con gran voz, pero claro... _su mirada trasunta afecto y cariño_, enamorarse y estar detrás de un loco como yo, un fanático, le hizo dejar la carrera hace más de siete años... ¡Qué me dice! _Frente a esa situación, interrogamos, ¿de qué es usted un fanático?
_Soy un fanático de la ópera y de la música en general. De esos que no se quedan quietos, porque yo deseo crear, interpretar con el decir y la expresión.
_¿Como María Callas...?
_¡Bravo!, ¡bravísimo! Sí, mire usted _y la pasión de Nucci se ve en su espontánea sencillez_, la gran lección de Callas, es ésa. No una lección de la voz, sin duda con defectos. Es la creación de personajes. En sus lecciones en la Juillard School no fue una diva, fue un maestro que enseñó, por ejemplo el Cortigiani..., de Rigoletto, y no era justamente una parte de mujer (risas).
_Bueno, pero en la ópera también tiene fundamental importancia la voz. ¿Está de acuerdo con esto?
_Sí y no. A mí no me interesa tanto, por ejemplo, el asunto del volumen sonoro. Prefiero y me interesa más decir, crear la imagen teatral, dar un personaje verosímil. Pero sí se debe cantar, porque el canto es la base de la ópera y la música es primordial. Para eso está la emisión, la escuela, la musicalidad... ¡Que la voz corra...!
Luego hizo un gesto como para salir del camarín. Sus palabras, su simpatía y su evidente dominio de los secretos del género lírico lo habían dicho todo; además, se estaba en una pausa del ensayo y deseaba un refrigerio.
"Muchas gracias, muy gentil... ¡Nos vamos! Comeremos alguna cosita...". Y la sonrisa del cantante fue contagiosa al mismo tiempo que rodeaba con brazo de enamorado a su Adriana, alejándose con esa soltura del hombre feliz, sin complejos, con los modales cálidos y efusivos de toda Italia.
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