
Un verano con Moria
Con su regreso a la revista, junto a Nito Artaza y Miguel Angel Cherutti, Moria Casán ya señala uno de los éxitos de la temporada estival, que largó con fuerza en toda la costa
MAR DEL PLATA.- Ver a Moria Casán en la sencillez de su casa hace sentir al resto de los mortales como seres normales. Es fácil sentirse cómoda cuando la estrella habla de la ausencia de su hija Sofía Gala (veranea con su padre) y de otros temas domésticos. En fin, una descubre que es gente como una.
La cita era con los tres protagonistas de "La dama y los vagabundos", pero ante la demora de los representantes masculinos, la ocasión es propicia para hablar a solas sobre algunos comentarios que Moria realiza desde el escenario.
_¿Cómo se siente con la vuelta a un género que dejó hace casi diez años?
_Muy relajada y con mucha alegría. Decidí dejar la revista cuando sentí que yo era la única cosa viva en un cementerio. Estaba sola y sin cómicos, yo quería imponer un nuevo concepto de revista, porque se había caído en un bastardeo de la mujer. Cuando entré, viví la época glamorosa de la revista, después se mezcló la televisión. Se usa a la mujer como elemento de misoginia, para descalificarla. Un cómico iba más al chiste, que lo llamo vaginal, es decir, de la cintura para abajo. Al principio, como todos, tuve que hacer concesiones, pero cuando fui teniendo nombre y autoridad, me pregunté por qué un cómico me iba a utilizar para provocar la risa. Que use otros recursos. Entonces puse como condición en el contrato que, en el sketch con el cómico, el remate lo hacíamos juntos o lo hacía yo.
Cuando sentí que la revista iba en un peligroso declive, y como no tengo un ataque de broncemanía, me fui. Además, necesitaba probarme a mí misma que tenía un valor agregado. Siempre me dijeron que yo era actriz. Así que hice "Brujas", que se terminó por nosotras, no por falta de público.
_¿Siete años con un personaje produce desgaste?
_A mí no me desgasta el teatro, porque reciclo mi energía con el trabajo y todos los días el público es diferente, lo que me motiva. Tengo mucho oficio en escena, pero no quiero tener el oficio de la desidia. Cada día es un debut. No me produjo desgaste, a mí. Amaba a mi personaje y a "Brujas". Lo que me desgastó fueron ciertas cosas extrateatrales. Nosotras siempre nos manejamos solas, nadie se quiso meter. Ningún hombre quería bajar a los camarines, "que las locas se arreglen", decían. Nunca se plantearon los problemas en los camarines, diciendo "a mí me molesta esto o lo otro". Todas nuestras batallas eran en escena y había momentos en que era duro. Si una compañera tuya cambiaba el personaje desde la violencia o desde la agresión, te obligaba a responder.
Era duro ver las batallas planteadas en escena. Tenías que ser Napoleón Bonaparte, no todos los días, pero casi siempre. Era Waterloo constante. Eso me agotó. Era una espartana, una guerrera que iba todos los días a batallar. Se sumaba el hecho de que había prejuicios contra mi persona, no de todas mis compañeras. Ojo, no me siento una perseguida, porque el prejuicio forma parte del juego.
También durante el monólogo escénico, Moria vuelca una mirada crítica sobre el protagonismo de los travestis como vedettes.
"Creo que los espectáculos con travestis nunca han tenido una buena recaudación, o sea, que el público nunca les dijo que sí. Tiene una especie de prejuicio y sobre todo en muchos señores que dicen: "Cómo voy a ir a ver al teatro a un hombre vestido de mujer, con todas las mujeres que hay". No hay una costumbre de ver travestis, sí transformistas, como Jean-Francois Casanovas, que es un actor. Pero con los travestis hay mucho prejuicio. Yo en mi boliche gay "Gaysoline" armé un espectáculo donde un travesti era la vedette y ni siquiera el gay fue. No me fue bien. Ocupan un lugar porque no hay mujeres. Faltó la escuela que era el mismo teatro. En estos diez años, desde que yo no estoy, no apareció nadie."
Franca competencia
"La dama y los vagabundos" cuenta con la participación de cuatro jovencitas, de atractivo físico y vestuario de reducida dimensiones. Aunque esto representa una natural competencia para la estrella, Moria no tiene empacho en aparecer, en el cierre del espectáculo, con un vestido blanco transparente haciendo topless.
_¿No te molestó competir con tu físico con chicas más jovenes?
_No. Porque siento que la mirada no está en el cuerpo. Nunca me creí demasiado lo de ser un objeto sexual, un mito. Sentía que tenía un valor agregado dentro de mí. El cuerpo está siempre conmigo, pero la mirada ya no. Pueden decir: "está bien", "se la ve bien". Pienso que la mirada está en mi trayectoria, en la mujer que a la tarde está en un programa de televisión para conectarse con el dolor de otra manera. La mirada en el cuerpo es para las chicas que están ahí. En un número salgo totalmente vestida; en otro, con una malla. En ningún momento saco un bikini, eso fue en otra época donde hice topless, desnudo.
En el final de este espectáculo, como homenaje a la revista, quería salir con el cuerpo despojado. Me hice un vestido de tul blanco, con pieles de marabú, pero hago topless. La gente lo recibe muy bien. Y eso que la platea está llena de matrimonios con 50 años de casados, y de chicos, que supongo me verán como un dinosaurio de Jurassic Park .
Charlas a la hora de la siesta
MAR DEL PLATA.- El chalet de Moria en Los Troncos es el lugar propicio para la reunión, ya que Nito es vecino. Mientras se espera a Miguel Angel Cherutti, que vive más lejos, comenzó el diálogo. Se sabía que el cómico quería que Moria fuera la estrella de su nuevo espectáculo.
Nito: _Desde hace tiempo que estoy detrás de ella. Faltaba una figura femenina que supiera qué hacer sobre el escenario en estos espectáculos.
Moria: _La idea la tuvo en febrero del año último.
Nito: _Moria la tenía tan clara, sobre todo con el monólogo, donde ella sabe jugar muy bien la improvisación y el trato con el público. Si hay algo que distingue al espectáculo son los telones rutilantes, uno de ellos reproduciendo la piel del dálmata, la escenografía, el vestuario, renovado permanentemente, las luces.
Moria: _Hay mucha plata -dice con picardía-. Cuando terminemos de sumar todo, creo que llegaremos al medio millón. Nito ha tenido un gran crecimiento. Lo que está pasando con nosotros tiene característica de fenómeno social. Es una mezcla de revista con show musical que trae de vuelta la familia al teatro, que se había perdido porque el teatro empezó a bastardearse tanto que la mujer dejó de ir a la revista.
A la charla se suma Miguel Angel Cherutti. También él muestra innovaciones. Además de las nuevas imitaciones de Fito Páez y Soledad, canta tangos.
Moria: _ Yo escucho cómo le gritan ºbravo! de la platea.
Nito: _Nuestra preocupación es que el público se sienta bien.
Cherutti: _Por eso cuidamos que el bocadillo de doble sentido o la palabrota estén bien colocados para que el público no se sienta molesto.
Nito: _Miguel y yo nos divertimos en escena, pero más viéndola a Moria.
Moria: _Después de siete años de "Brujas" para mí es un recreo. Cuando Nito me convocó yo ya sabía que iba a aceptar. Hay una buena química.
Un menú divertido con fuerte sabor a revista
Nuestra opinión: Buena
"La dama y los vagabundos", con Nito Artaza, Moria Casán, Miguel Angel Cherutti, Diego Jaraz, Alejandra Mora, Fabiola Alonso, Romina Cardone, Marcela Deluchis, Panam, Lorena Piccinini. Dirección artística: Daniel Fernández. Escenografía: Daniel Feijóo. Dirección: Eugenio Artaza. En el Atlas.
MAR DEL PLATA.- He aquí que el exitoso rubro Artaza-Cherutti logró convencer a Moria Casán para participar en este nuevo espectáculo.
De esta combinación resulta un show con un fuerte sabor a revista, que revela un notable perfeccionamiento en cuanto a la diversidad de cuadros.
"La dama y los vagabundos" es el título de este espectáculo, y no hace falta aclarar quién es quién.
La estructura elaborada en esta oportunidad es similar a las anteriores, pero con la variante de que hay 16 números con cambios vertiginosos, vestidos y adornados con la suntuosidad que exige el género.
Moria vuelve a reencontrarse con la revista después de diez años de ausencia, y lo hace con su natural desparpajo a la hora de seducir a los espectadores: con el baile, con su personaje Rita Turdera y con el monólogo, donde la vedette entra en contacto con el público y lo hace participar, utilizando el único recurso de la picardía y el humor. Es una fuerte presencia en escena que sabe convocar al ángel.
Nito Artaza recurre, como es habitual, a los chistes, algunos muy ingeniosos y efectivos, y sin caer en las expresiones burdas, tomando como protagonistas de los mismos a figuras del deporte, la política y la farándula. Cabe señalar que además se toma el pelo a sí mismo. También agrega imitaciones, algunas a manera de homenaje, en este caso a José Marrone y a Tato Bores; otras, de personajes de la política, como Graciela Fernández Meijide o el presidente Menem.
Miguel Angel Cherutti renueva la galería de imitados e incorpora a otros, como Fito Páez, Diego Torres, Soledad, Luis Miguel, sin ser infiel a Mercedes Sosa, Sandro, Palito Ortega, Plácido Domingo o Julio Iglesias. La innovación lo llevó a interpretar tangos sin recurrir a ninguna imitación y utilizando su propia voz. Si sus cuerdas dan para reproducir a cualquier cantante, por qué no usarla en su propio beneficio.
Entre los tres componen el número de Cleopatra, donde el don de la improvisación, bien ubicado, es un ingrediente más para el humor.
Plumas y luces
El resultado es un producto visualmente atractivo, con un despliegue de escenografía que ilustra los pasos de comedia y con un cierre que reproduce el cuadro final de revista, donde se presentaba toda la compañía, vistiendo a todas luces y plumas, descendiendo por la tradicional escalera.
Y sobre el tema del vestuario, no escatiman gastos. Desde los vestidos de Moria y de las demás vedettes hasta los trajes de perros dálmatas y del menemsaurio, revela una cuidadosa elaboración de brillos y colores.
Además, cuenta con la presencia de figuritas femeninas que aportan un físico joven y generoso en atributos, en algunos casos demasiado generoso, y de Diego Jaraz, el soporte masculino, con buenas condiciones para el canto, el baile, la simpatía y el humor.
El público, en algunos casos familias enteras, asiste en forma masiva y repondiendo a una fidelidad y una consecuencia con la labor de los cómicos.
Saben lo que van a buscar y lo encuentran, sobre todo cuando en el espectáculo prima la picardía, el doble sentido, las alusiones sexuales, pero también encuentran sensibilidad para no sentirse agredidos por una grosería gratuita y buen gusto en los bocadillos que insinúan mucho más de lo que se dice con las palabras.
Lo demás es la simpatía de los intérpretes que ganan adeptos porque divierten y se divierten. Eso se nota.