
Lo que se promete y no se cumple
No es la extendida, caprichosa y cada vez más difícil de tolerar manipulación horaria la única muestra de desconsideración hacia el televidente perpetrada en los últimos tiempos desde los canales abiertos. Bastante más sutil, aunque con efectos igual de nocivos, resulta la ingrata costumbre de anunciar con bombos y platillos realizaciones que jamás llegan al aire o quedan indefinidamente postergadas.
El último ejemplo de esta larga serie es la versión local de "Hechizada", que iba a llegar a la pantalla de Telefé de la mano de Florencia Peña y Gustavo Garzón. Hace algo más de dos meses, no sólo los televidentes se desayunaron un día con la creencia de que "pronto" llegaría la versión a la Argentina de la clásica y popularísima comedia de situaciones nacida en la década de 1960. Las promociones llegaron también en ese momento a la radio, dando a entender que no faltaba mucho para que Peña -cuya voz ilustraba esos avances, acompañada por risas grabadas- encarnara entre nosotros a la simpática brujita que trata de disimular sus poderes en este mundo, pero termina aplicándolos muy a su pesar en la vida de todos los días.
Telefé todavía nos debe una explicación. ¿Por qué aquél "pronto" se convirtió en este virtual "nunca"? ¿Qué lleva a un canal a despertar expectativas que a lo mejor jamás llegan a cumplirse? ¿Por qué ese contrato implícito entre canales y televidentes invocado en las promociones institucionales con slogans bienintencionados no se aplica en estos casos?
Y hablando de promociones, términos tan vagos como "pronto" o "muy pronto" castigan todo el tiempo al público en las tandas o desde los afiches callejeros a propósito de "Hermanos y detectives" y "Amas de casa desesperadas", prometidas para algún impreciso momento de agosto, pero todavía envueltos en una nebulosa en cuanto a su fecha de estreno.
Esta tendencia tiene su correlato en las placas que ahora aparecen en algún lugar de la pantalla para anunciar el próximo programa. Aquí las palabras clave son "enseguida", "ya llega", "ahora" o "se viene", acompañadas muchas veces con una referencia horaria que a la luz de los hechos se transforma en una auténtica desconsideración hacia el público. ¿De qué otra manera podría explicarse la actitud de anunciar un programa, digamos, para las 22.30, cuando en el reloj ya quedó superada esa hora?
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Los memoriosos recuerdan bien lo que pasó en la década pasada con "El fantasma de la ópera", aquél ambicioso proyecto de Telefé que iban a protagonizar Arturo Puig y Cecilia Dopazo. Primero fue objeto de una enorme campaña promocional en la que se descontaba su salida al aire, y luego, de buenas a primeras, quedó desechado por sus altos costos de producción. ¿Y cómo olvidar, en sucesivas etapas del castigado Canal 7, anuncios estridentes de programas que nunca llegaron a empezar? Lucho Avilés y Raúl Portal padecieron esa situación en algún momento.
A nadie escapa que la TV descarta mucho más de lo que termina saliendo al aire. Pero también sería un error pensar que estos hechos, cuyo común denominador es la promesa que termina sin cumplirse, pasan inadvertidos. Si los canales al menos ensayaran alguna explicación, el televidente dejaría de pensar que desde la pantalla hay quienes lo están subestimando una vez más.






