
Diez ideas para mejorar a Susana
Hace justo 40 años, con su famoso "¡shock!", empezaba su romance con la fama; cómo lograr ahora que su encantadora influencia televisiva gane en calidad
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Rubia de corazón y sexy para siempre, Susana Giménez puede levitar sobre los peores barros sin jamás salpicarse ni chamuscarse. El público la hizo suya y, por eso, le ha extendido una indulgencia plenaria sin fecha de vencimiento, que la exculpa de todos los exabruptos pronunciados y por pronunciar.
Hace justo cuatro décadas filmaba el comercial del jabón Cadum, cuyo atrevido "shock" hizo hablar a todo el país.
Según cuenta el libro Una mujer , de Claudia Acuña y Silvina Walger (Planeta, Buenos Aires, 1991), Susana reemplazó a la modelo Agustina Elizalde, cuyos padres se escandalizaron al ver a su hija tan desprovista de ropa en las primeras piezas gráficas.
El comercial inicial de una serie de nueve, ya con Susana como protagonista, se rodó en mayo de 1969 en un gélido paraje de Ascochinga llamado Tres Cascadas. Lo dirigió Carlos Molina, en tanto que la creativa Ada Rubin escribió el guión e inventó el célebre "¡shock!" para el remate del aviso (que también se hizo para Venezuela, Brasil -allí Susana gritaba "¡shocki!"-, Perú, México, Guatemala y hasta Filipinas). Tras ser emitido y testeado primero en Córdoba, "en agosto -consignan las autoras de Una mujer - apareció en la pantalla a nivel nacional. Dos meses después, Cadum alcanzaba el dos por ciento de las ventas totales del mercado. Un mes más y trepaba hasta alcanzar el diez por ciento. Nadie había esperado tanto. La noticia logró conmover a la oficina norteamericana de Colgate-Palmolive", fabricantes del nuevo jabón.
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A partir de ese momento (hace cuarenta años, aunque ya trabajaba como modelo publicitaria desde 1967) la Giménez se incrustó en la vida de cada argentino porque, ¿quién no conoce a Susana? ¿Quién no se deleitó con ella o padeció sus malos momentos? ¿Cómo no incluirla en una eventual lista que incluya la esencia de lo mejor y lo peor de la argentinidad?
Desinhibida, reaccionaria y encantadora al mismo tiempo, su cerebro y corazón están sincronizados con los de cientos de miles de mujeres argentinas, a las que sublima con su glamour e invencible sensualidad y con las que comparte las mismas brusquedades e ingenuidades. Es graciosa en el error y no lo oculta. Pero tiene una condición que sobresale en la TV del todo vale y de imputaciones cruzadas crispadas: difícilmente se la oiga hablar mal de nadie. Ha adoptado para sí una suerte de lugar naif para el tipo de pensamiento que representa y que, a veces, expresa de manera afectada, y hasta aniñada, con muletillas repetidas y afectuosas.
Vaporosa, atropellada y buena comediante, es evidente que tiene un romance serio y definitivo con la TV, que la reverencia poniéndola en lo más alto de su selecto cuadro de honor de figuras convocantes.
A la hora de pensar cómo mejorar a Susana sin que pierda un gramo de su inefable naturaleza susanesca (parte irrenunciable del personaje que ha llegado a ser), los consejos no son tan fáciles, pero igual lo intentaremos. Aquí van:
1) Aflojar un poco con el photoshop (no del todo porque, insistimos, no se trata de que deje de ser Susana, sino apenas de que sea una Susana mejor). Por supuesto que la fantasía es un ingrediente importante en la imagen de una N°1 y son lícitas algunas licencias, pero no al punto de borrar sus rasgos y parecer más joven que su propia hija. Cuidado: de seguir por este camino, pronto lucirá más ajada su nieta que ella misma.
2) Una Susana superculta y bien informada tampoco sería una Susana auténtica. La adrenalina que vivimos cada vez que bordea un tema por ella desconocido se perdería irremediablemente. Nadie pide tanto, pero ¿qué tal si figuras de la historia, personificados por conocidos actores, la visitan en su living, contando qué hicieron para ilustrar a la audiencia y, de paso, desasnar a la estrella?
3) Podría aprovechar más y mejor su innegable influencia sobre el público para verter, como al pasar, buenos y rápidos consejitos sobre salud, higiene, nutrición y urbanidad. Con dos o tres por programa ya bastaría y sería de gran valor.
4) Persistir más por el lado de la normalidad que del esperpento circense. El año pasado contrastó, precisamente, con la TV desbordada al sentar mayoritariamente en su living a familias de famosos y el público, una vez más, la avaló.
5) Profundizar la comedia: mayor número de sketches, más cortos y creativos, incluso para establecer superioridad sobre los kilométricos que ShowMatch empezó a incluir este año con un Tinelli que, como actor, todavía no arrancó.
6) Por medio del diálogo con la desopilante abuela, que encarna Antonio Gasalla, asomarse más a la actualidad con gracia e ironía, pero tratando de no caer en rispideces cavernícolas. Sería una manera de diferenciarse de la otra gran diva, Mirtha Legrand, que aborda con mayor dureza esos temas.
7) ¿Puede Susana leer en cámaras? Sería algo impensado, casi sorprendente. Deberían ser textos muy cortos y atractivos de autores indiscutidos capaz que, mejor todavía, compartiendo esa lectura con un famoso invitado. ¿Cuánta gente se vería estimulada hacia la lectura, por mera imitación, si la diva se hace amiga de los libros en el transcurso de su propio programa o si, al menos, regala uno a sus invitados?
8) En una TV donde los programas de espectáculos se convirtieron en hediondos basureros chimenteros, Susana tiene la gran oportunidad de darle gran relieve a todo lo mucho y de bueno que se hace en el teatro llevando a su programa (como lo hizo, en su primer programa de este año, el domingo último, con El fantasma de la O pera) fragmentos de obras en cartel. Hacerlo de manera continuada incentivará la curiosidad y el amor de su público hacia el teatro.
9) Acentuar el perfil de show, con mayor cantidad de musicales y coreografías más afiatadas, que se adecuen a las actuales posibilidades físicas y ganas de Susana, y que la ausencia de Gustavo Yankelevich como productor general no se note... tanto.
10) Que la búsqueda del más alto rating no le impida hacer un buen y digno programa pasatista; que el glamour no le sea obstáculo para profundizar algunos temas sin dejar de ser entretenida y sin perder esa levedad que le gusta tanto a la gente, pero que, por sobre todo, su naturaleza de diva hecha y derecha no le anule el sentido común.





