Un Muscari auténtico con bonetes de color
Cotillón . Concepción estética, dramaturgia, dirección, vestuario y escenografía: José María Muscari. Elenco: Raúl Kreig, Sergio Abbate, Diego Rinaldi, Carolina Cano, Luciana Brunetti y Vanina Monasterolo. Producción: Mariela Asensio, Rocío Paladini y Diego Rinaldi. Asistente general, sonido y actuación: Mariana Mathier. En Espacio Callejón.
Nuestra opinión: bueno
Al entrar al espacio escénico, el espectador teatrero ya sabe que todo huele a Muscari. La música de fondo es "Tonta, pobre tonta", cantada por Andrea Del Boca. En escena, una casa con una superabundancia de elementos retro y una mesa llena de artículos de cotillón. Es que el concepto general de este trabajo es en papel crêpe, muy kitsch, muy desenfrenado, muy irreverente y morboso: muy Muscari.
Conoció a este interesante grupo de actores santafecinos en el Festival Nacional de Teatro de 2005, donde hacían una muy buena versión de Tío Vania . Le propusieron hacer algo y dijo que sí, pero por e-mail . La cuestión es que ellos le mandaban ideas y textos, y así se iba armando la dramaturgia, con periódicos viajes de Muscari a Santa Fe para los ensayos, lógicamente. Salió esta locura con muchos elementos locales y personales de los actores.
Como en casi todas las obras de Muscari, no importa mucho lo que se cuenta, sino lo que se ve o cómo se lo cuenta. Este grupo de hermanos fracasados y patéticos, quedan huérfanos porque sus padres mueren congelados en una excursión al Perito Moreno. Se tienen que hacer cargo de la empresa familiar de cotillón, pero un mal manejo de fondos al comprar elásticos vencidos los deja en la ruina. Por eso deciden probar suerte en otra cosa, cuando llega a sus vidas un aventurero director de películas porno cuyo morbo es trabajar con un grupo de hermanos.
Es muy bueno el doble planteo escénico de Muscari. Las gradas están ubicadas en el centro del espacio y la primera parte de la acción transcurre de un lado, mientras que la segunda, se desarrolla en el otro, lo que obliga a un rápido cambio de butacas por parte de los espectadores. La obra es entretenida, plagada de subtextos y de muchos sopapos a una sociedad burguesa venida a menos, que no sólo se instala en lo "berreta", sino que tiene un modo de vida, un pensamiento y metas que lo son.
Muscari utiliza un recurso efectivo en el público, de adjetivar con nombres propios de famosos o personajes que él considera kitsch. La gente lo festeja, pero es algo muy reiterativo. Aunque todo está bien, no se ve nada demasiado nuevo y refirma un universo propio de Muscari interesante, pero que no sale de sus límites.
La estética es excelente y todos los integrantes del elenco cumplen un trabajo efectivo, en el que se destacan Vanina Monasterolo, Diego Rinaldi y Raúl Kreig, un actor brillante.
Advertencia: la obra tiene escenas de sexo y lenguaje procaz que puede afectar la sensibilidad de algunos espectadores.





