
Samuel Beckett, según Quinteros y Audivert
Fin de partida, "condenada" a estar siempre vigente
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Fin de partida, de Samuel Beckett. Intérpretes: Lorenzo Quinteros, Pompeyo Audivert, Max Berliner y Pochi Ducasse. Escenografía: Ariel Vaccaro. Vestuario: Marta Albertinazzi. Iluminación: Leandra Rodríguez. Música: Rick Anna. Asistencia de dirección y producción ejecutiva: Mónica Goizueta y Marta Davico. Dirección: Pompeyo Audivert y Lorenzo Quinteros: En el Centro Cultural de la Cooperación. Duración: 98 minutos.
Nuestra opinión: Buena
Nuevamente reaparecieron Hamm y Glov para repetir su ritual, como si nunca se hubieran ido de la escena desde el momento en que la pieza de Beckett fue editada en 1958. Los dos protagonistas aún siguen discutiendo, en una rutina sin innovaciones, acerca de un mundo que parece ya no existir, donde no se perciben cambios, donde todo permanece estático.
Como sucede con Vladimiro y Estragón, los personajes de Esperando a Godot , entre Hamm y Glov se establece una relación muy difícil, donde uno existe porque existe el otro y no se atreven a romper ese vínculo porque ya no queda nada. Hamm, que no puede caminar ni ver, somete con sus caprichos a Glov, un ser que teniendo la posibilidad de irse permanece, cuestionándose constantemente esa decisión. Es una relación de odio, pero intuyen que una separación sería el anticipo de sus muertes. Una forma de suicidio, aunque para el autor el suicidio es tan absurdo como la muerte. La existencia es un vacío sin sentido al que se ve condenado el hombre. La soledad absoluta.
Ese es el marco en el que se desenvuelven los personajes y si hay una referencia a un mundo exterior diferente está dado por los recuerdos de Nagg y Nell, quienes evocan un pasado donde todavía era posible la felicidad. Ahora se encuentran mutilados física y emocionalmente y es el personaje de Hamm quien pretende destruir cualquier atisbo de afecto que pueda surgir en ese desierto de sentimientos.
Otro enfoque
En las puestas de las obras de Beckett, el ámbito escénico se respeta según las indicaciones del autor y la variedad está dada por la actuación de acuerdo al enfoque de la dirección.
La silla de ruedas, las dos ventanas, los dos tachos de basura. Estos son los elementos que exige la obra para marcar el estado de decadencia y abandono y esto es lo que se encuentra en escena. Es la interpretación la que va a marcar la diferencia. Casi como si fuera una tragicomedia, Lorenzo Quinteros y Pompeyo Audivert recurren a un estilo un tanto exacerbado, colérico en el caso de Quinteros, clownesco por parte de Audivert, lo que le da otra carga a cada personaje, más delirante y por momentos más cruel. Aunque en esta elección, que predomina durante la obra, se pierdan matices que subrayan el patetismo de la situación. A Max Berliner y Pochi Ducasse les toca el trabajo de conmover a partir de una actuación más realista, que les permite formar un interesante contraste entre formas de vida del pasado y del presente.
Sin lugar a dudas, y por los acontecimientos actuales, es una obra que mantiene su vigencia a partir de una problemática social que está condenada a repetirse en el tiempo.
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