Los ingredientes de Pescetti
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Inútil insistir . Espectáculo de Luis Pescetti. Asistentes: Lucía Usandivaras y Pablo Varela. Metropolitan 1, Corrientes 1343. De miércoles a domingos, a las 17. Entradas desde 20 pesos. Duración: 75 minutos.
Nuestra opinión: muy bueno
Pescetti decidió ponerle Inútil insistir a su nuevo espectáculo en homenaje a esa energía imposible de frenar que le llega a un músico (a él, en este caso) desde la platea y que se traduce en gritos ininterrumpidos de los que se pueden inferir nombres de canciones que desea escuchar cada espectador y que -"¡maldición!" (a Pescetti le encanta decir esta palabra)- pertenecen a otros shows. Entonces, este talentosísimo músico y escritor decidió armar un espectáculo con los ingredientes justos como para tratar de amainar los pedidos o de hacerles el juego y anticipárseles. Así va intercalando canciones nuevas, canciones viejas, chistes y juegos. Un combo bien equilibrado que deja a todos contentos, incluso a él mismo ya que puede ir presentando nuevas propuestas, algo que siempre es hueso difícil de roer.
Con un humor muy poco convencional -una de las razones por la que sus pequeños espectadores lo adoran-, con ironía, sarcasmo e inteligencia va hilando pequeñas historias cotidianas que iluminan detalles aparentemente insignificantes, pero que, a través de su mirada, se resignifican y terminan siendo muy divertidas y curiosas (a no ser que uno se sienta tremendamente identificado y no pueda poner distancia).
Uno de los sellos distintivos son los juegos y los chistes que, de ninguna manera se pueden tomar solamente como un entremés, ya que le terminan por dar al espectáculo el tono simple y nada pretencioso que el músico busca. Estos espacios son los que le dan al público la chance de participar (no hay mucho margen para no hacerlo, a decir verdad), lo que se agradece. Porque en definitiva se va a pasarla bien y es justo que desde la platea se deba poner el cuerpo para lograrlo. Así se puede ver a padres, madres y chicos de entre 2 y 9 años tirando sombreros y gorras al aire, caminando de costado por la estrecha línea de butacas con poses semejantes a las de un cangrejo. No es fácil decirle que no a Pescetti, entonces es mejor rendirse a la evidencia.
A solas
Luis Pescetti logra llenar con su sola presencia el enorme escenario del teatro. No necesita más que su guitarra, una silla y un micrófono. El solo toma ese espacio y lo adapta a su gusto. Un buen trabajo de luces lo ayuda a crear espacios más íntimos o coloridos (de acuerdo al clima que necesite) para sus canciones, o convierten todo el teatro en un escenario a la hora de los juegos.
Los padres son otro punto clave en los shows de Pescetti, ya que los integra, los tiene en cuenta (hasta con una canción especial para ellos), pero de una manera inteligente y equilibrada que no abruma pero divierte. No es raro ver grupos en los que los padres están tan o más enganchados que sus chicos. Pescetti ofrece en su show lo mismo que en sus libros y en sus discos: la oportunidad de que los chicos se diviertan como locos y que se sientan de verdad tenidos en cuenta. No es muy común que a los niños se los trate con tanto respeto.
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