
El Picadero se vuelve a reabrir en marzo, según su dueño
"No es un cierre, es una pausa", dice el propietario de la sala
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En la edición del domingo último, en estas páginas se publicó el artículo: "Teatro El Picadero: la historia no oficial de un cierre inesperado". En ella se reproducían declaraciones de Lázaro Droznes, su propietario, que, en una comunicación telefónica con LA NACION, se limitó a decir: "No voy a hacer comentario alguno sobre el tema. En su momento diré lo que pasó".
Y el momento llegó. Sintiéndose perjudicado por las declaraciones de Roberto Bisogno, gerente de producción de la sala que fue la sede original de Teatro Abierto, Droznes se reunió con LA NACION para dar su versión de los hechos. Antes de eso, habría que recordar que Bisogno había afirmado -entre otras cosas- que el propietario se "embarcó en un proyecto para el cual no tenía dinero".
-¿Qué pasó realmente?
-Se dio una acumulación de factores. Tuvimos poco público, la capacidad económica del país se redujo y los inversores del proyecto -y yo también- decidimos que había que hacer una pausa y continuar las actividades en marzo. Es muy difícil mantener un teatro que trabaja apenas 3 veces por semana El escenario del país no nos ayudó y, para colmo, los atentados del 11 de septiembre ahuyentaron al público. Por eso, ahora estamos usando la sala todos los días para diversos acontecimientos, y los fines de semana incorporaremos espectáculos teatrales y musicales. La idea es utilizar el espacio como estudio televisivo para el cable y para Internet. De esa manera pensamos asegurar la supervivencia de El Picadero.
-Hagamos memoria: reabierta oficialmente el 6 de septiembre último, la sala se cerró abruptamente el 30 del mismo mes. Usted dice que debido al flojo rendimiento decidió cerrar El Picadero...
-No es un cierre, es una pausa...
-Como quiera llamarlo. Pero, ¿puede un emprendimiento de este tipo evaluarse con tan pocas semanas de funcionamiento?
-Ocurre que en virtud de los gastos que estábamos teniendo tuvimos que hacer esta pausa. Nunca tuvimos en cuenta un contexto económico como el que nos tocó. Jamás.
-Pero el 6 de septiembre último se reinauguró y el 8, según cuenta Bisogno, usted le comunicó que ya no tenía más dinero.
-Bueno, no recuerdo si fue ese día, pero fue para esa época...
-El Picadero se lanzó con el grupo Cuatro Vientos y con el estreno de una obra de La Banda de la Risa. El tercero fue un espectáculo musical a cargo de Virginia Innocenti, en el que ella desarrollaba una faceta nueva. Es decir que, ya desde la programación, se apuntaba a espectáculos de calidad que no necesariamente pueden tener una respuesta masiva de público.
-Mire, a mí no me gusta echar culpas a otros, como sí hicieron quienes aparecieron en la nota que usted publicó el domingo último, en la que todos me responsabilizan a mí.
-¿Se está refiriendo a Bisogno y a Hugo Midón, ex socio suyo en esta reapertura?
-Sí. Y esa actitud me parece que no corresponde.
-¿Por qué no se le explicó al público los motivos del cierre de la sala?
-Nosotros les dimos explicaciones a quienes nos preguntaron.
-¿Y entonces por qué la semana última usted dijo que no iba a hacer comentarios?
-Porque la idea era armar un nuevo proyecto. Los tres pensamos que lo mejor era no hacerlo público hasta que estuviera todo confirmado.
-Usted habla de los tres, pero, según lo que dijo Bisogno, hace bastante tiempo que él no tiene contacto con usted.
-Estábamos en contacto continuo. Ahora dice que no, pero bueno, me llama la atención. A lo mejor, le pasó algo... En el momento en que usted me preguntó no estaba confirmado este nuevo proyecto, no se había acordado usar la sala también como estudio de televisión.
-¿Y eso se acordó en estos últimos cinco días?
-Sí. Antes apenas había conversaciones...
-Habla de pausa, en vez de cierre, y de continuar con la programación a partir de marzo. Con estas idas y venidas, ¿no se perjudica la imagen de la sala? Por otra parte, un nuevo lanzamiento también cuesta dinero.
-La sala forma parte del inconsciente colectivo, lo que hay que volver a pensar son los espectáculos.
-¿No eran buenos los que se ofrecían?
-Eran buenos, pero necesitábamos una programación musical sólida.
-El espectáculo de Innocenti era una propuesta musical...
-Sí, pero era una actriz que se largaba a cantar...
-En todo momento se refiere a la situación económica del país y a un problema de dirección artística...
-No, no le echo la culpa a nadie que no sea yo mismo. Tampoco les echo la culpa a Hugo Midón ni a Bisogno.
-Midón asumió la dirección artística, pero, según él mismo dijo a LA NACION, renunció mucho antes. De todas maneras, fue la cara de El Picadero y dio notas como director artístico cuando ya no lo era.
-Había renunciado como socio del proyecto, pero no a la dirección artística; asesoraba a Bisogno en la parte de programación. Cuatro Vientos y La Banda fueron ideas de él, sólo el estreno de Innocenti fue responsabilidad exclusiva de Bisogno.
-¿Acaso no parece que se usó la imagen de Midón para la campaña de prensa?
-Midón es el autor ideológico de todo esto, fue él quien me presentó la idea de reabrir El Picadero. Luego se apartó del proyecto por problemas personales, pero siempre siguió en contacto. De ninguna manera hubo una utilización de "la cara" de Midón, él nunca se hubiera prestado para una cosa así.
-¿Cuanto costó la obra?
-200 mil pesos. Para cubrir esa inversión pedí un crédito.
-¿Es cierto que usted dio cheques sin fondo por un valor de 150 mil pesos?
-Para nada, eso es producto de la imaginación de Bisogno. Como esa historia de que no puse la placa donada por la Legislatura, que recordaba a Teatro Abierto, porque tenía miedo de que se la robaran. Eso es absurdo. Cuando se hizo el acto, con la gente del Gobierno de la Ciudad acordamos que al día siguiente los operarios iban a poner la placa en la puerta. Pero nunca la amuraron, los funcionarios están para la foto. Ni tampoco yo retiré una placa anterior, como dijo Bisogno.
-Cuando se cerró El Picadero, ¿a usted lo llamó alguien?
-Por la reapertura recibimos infinidad de felicitaciones, pero esa misma gente luego desapareció.
-¿Usted pidió ayuda al Estado?
-Yo le digo que hablamos con todos los que nos felicitaron, pero no recibimos ningún tipo de ayuda.
-De todos modos, tanto en la Secretaría de Cultura de la Nación y en la de Buenos Aires como en el Instituto Nacional del Teatro y en la Legislatura porteña dicen que usted no solicitó ayuda
-No voy a dar nombres. Asumo la responsabilidad de lo que sucedió.
En la edición del domingo último, esta sección publicó una nota cuyo título fue "Teatro Picadero: la historia no oficial de un cierre inesperado". En ella aparecían declaraciones de Lázaro Droznes, su propietario, quien, en una comunicación telefónica con este medio, se limitó a decir: "No voy a hacer comentario alguno sobre el tema. En su momento diré lo que pasó".
Y el momento llegó. Sintiéndose perjudicado por los dichos de Roberto Bisogno, gerente de producción de la emblemática sala que fue la sede original de Teatro Abierto, Droznes se reunió con LA NACION para dar su versión de los hechos. Antes de eso, habría que recordar que Bisogno había afirmado –entre otras cosas– que el propietario se "embarcó en un proyecto para el cual no tenía dinero".
–¿Qué pasó realmente?
–Se dieron una acumulación de factores. Tuvimos poco público, la capacidad económica del pais se redujo y los inversores del proyecto –y yo también– decidimos que había que hacer una pausa y continuar las actividades en marzo. Es muy difícil mantener un teatro que trabaja apenas 3 veces por semana El escenario del país no nos ayudó y, para colmo, los atentados del 11 de septiembre ahuyentaron al público. Por eso ahora estamos usando la sala todos los días para diversos eventos, y los fines de semana incorporaremos espectáculos teatrales y musicales. La idea es utilizar el espacio como estudio televisivo para el cable y para Internet. De esa manera pensamos asegurar la supervivencia del Picadero.
–Hagamos memoria: la sala se cerró abruptamente el 30 de septiembre después de haber funcionado muy poco tiempo. Usted dice que debido al flojo rendimiento decidió cerrar el Picadero...
–No es un cierre, es una pausa...
–Como quiera llamarlo. ¿Pero puede un emprendimiento de este tipo evaluarse con tan pocas semanas de funcionamiento? ¿Acaso no hace falta un colchón para sostener un proyecto como el del Picadero?
–Es que en virtud de los gastos que estábamos teniendo tuvimos que hacer esta pausa. Nunca tuvimos en cuenta un escenario país como el que nos tocó. Jamás.
–Pero el 6 de septiembre se inauguró oficialmente y el 8, según cuenta Bisogno, usted le comunicó que ya no tenía más plata.
–Bueno, no recuerdo si fue ese día pero fue para esa época...
–El Picadero se lanzó con el grupo Cuatro Vientos y con el estreno de una obra de La Banda de la Risa. El tercero fue un espectáculo musical a cargo de Virginia Innocenti. O sea, desarrollando una faceta nueva para ella. O sea que, ya desde la programación, se apuntaba a espectáculos de calidad que no necesariamente puedan tener una respuesta masiva de público.
–Mire, a mí no me gusta echar culpas a otros, como sí hicieron los que aparecieron en la nota que usted publicó el domingo en la que todos me responsabilizan a mí.
–¿Se está refiriendo a Bisogno y a Hugo Midón, ex socio suyo en este reapertura?
–Sí. Y esa actitud me parece que no corresponde.
–¿Por qué no se explicó el público los motivos del cierre de la sala?
–Nosotros le dimos explicaciones a quienes nos preguntaron
–¿Y por qué la semana pasada entonces dijo que no iba a hacer comentario alguno?
–Porque la idea era armar un nuevo proyecto. Los tres pensamos que lo mejor era no hacerlo público hasta que estuviera todo confirmado
–Usted habla de los tres pero por lo que dijo Bisogno, él hace bastante que no tiene contacto con usted.
-Estábamos en contaco continuo. Ahora dice que no pero bueno, me llama la atención. A lo mejor, le pasó algo... En el momento en que usted me preguntó no estaba confirmado este nuevo proyecto, no se había acordado usar la sala también como estudio de televisión.
–¿Y eso se acordó en estos últimos cinco días?
–Sí. Antes penas había conversaciones...
–Habla de pausa, en vez de cierre, y de continuar con la programación a partir de marzo. Con estas idas y venidas, ¿ no se perjudica la imagen de la sala? Por otra parte, un nuevo lanzamiento también cuesta plata.
–La sala forma parte del inconsciente colectivo, lo que hay que repensar son los espectáculos.
–¿No eran buenos los que se ofrecían?
–Eran buenos pero necesitábamos una programación musical sólida.
–El espectáculo de Innocenti era una propuesta musical...
–Sí pero era una actriz que se largaba a cantar...
–En todo momento se refiere a la situación económica del país y a un problema de dirección artística...
-No, no le echo la culpa a nadie que no sea a mí mismo. Tampoco le echo la culpa ni a Hugo Midón, ni a Bisogno.
–Midón asumió la dirección artística pero, según el mismo dijo a este medio, renunció mucho antes. De todas maneras, fue la cara del Picadero y dio notas como director artístico cuando ya no lo era.
-Había renunciado como socio del proyecto pero no a la dirección artística, asesoraba a Bisongo en la parte de programación. Cuatro Vientos y La Banda fueron ideas suyas, recién el estreno de Innocenti fue responsabilidad exclusiva de Bisogno.
–¿Acaso no suena a haber usado la imagen de Midón para la campaña de prensa?
–Midón es el autor ideológico de todo esto, fue él el que me presentó la idea de reabrir el Picadero. Luego se abrió por problemas personales pero siempre siguió en contacto. De ninguna manera hubo una utilización de "la cara" de Midón, él nunca se hubiera prestado para una cosa así.
–¿Cuanto costó la obra?
–200 mil pesos. Para cubrir esa inversión pedí un crédito.
–La versión de que usted dio cheques sin fondo por un valor de 150 mil, ¿es correcta?
-Para nada, eso es producto de la imaginación de Bisogno. Como esa historia de que no puse la placa de la Legislatura, que recordaba a Teatro Abierto, porque tenía miedo a que se la robaran. Eso es absurdo. Cuando se hizo el acto, con la gente de la Municipalidad quedamos que al día siguiente los operarios la iban a poner en la puerta. Pero nunca la amuraron, los funcionarios están para la foto. Ni tampoco yo retiré una placa anterior, como dijo Bisogno.
-Cuando se cerró el Picadero, ¿lo llamó alguien?
-Por la reapertura recibimos infinidad de felicitaciones, pero esa misma gente luego desapareció.
–¿Pidió ayuda al Estado?
–Yo le digo que hablamos con todos los que nos felicitaron pero no recibimos ningún tipo de ayuda.
–De todos modos, tanto en la Secretaría de Cultura de la Nación y de Buenos Aires como en el Instituto Nacional del Teatro y en la Legislatura porteña dicen que usted no solicitó ayuda
-No voy a dar nombres. Asumo la responsabilidad de lo que sucedió.
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