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Para Kendrick Lamar, cada desafío es una nueva manera de ponerse a prueba. "¿Puedo hacer una rima mejor que las que ya hice?", le dijo a Rolling Stone en 2017. "Eso es lo que busco. De lo contrario, ya me habría retirado."
En los últimos años, este rapero de Compton, California, tuvo desafíos de sobra, y en todos estuvo a la altura. Ganó un premio Pulitzer por Damn, el último de sus cuatro discos de estudio, convirtiéndose en el único músico en recibir ese reconocimiento por fuera del ámbito del jazz y la música clásica; fue nominado a un Óscar por "All the Stars", la canción de la banda sonora de Pantera Negra (que él mismo produjo); colaboró con U2, Beyoncé, Eminem, Dr. Dre, Rihanna y Taylor Swift; y ganó una docena de premios Grammy. Su llegada al Lolla local lo encuentra en la cima del mundo, como la máxima figura del rap actual. "Mi idea es poder transmitirle algo de euforia a una persona", dijo. "O a 10 millones."
Cuando Lamar tenía 8 años, su padre lo llevó a ver la grabación del videoclip de "California Love", de Tupac y Dr. Dre, un suceso que encendió en él la llama de la escritura. Al poco tiempo, empezó a escribir poemas durante las clases de la primaria, pero no fue hasta que entró en la secundaria Centennial High School –a la que también asistió Dre– que se animó a rapear bajo el seudónimo de K-Dot. En la música, Lamar encontró una alternativa a la realidad cruda de Compton, que al mismo tiempo fue la materia prima para sus relatos sobre la vida sacrificada de la comunidad negra en Estados Unidos. "Me odiás, ¿no?/ Odiás a mi gente, planeás exterminar mi cultura/ Sos el diablo, quiero que veas que soy un mono orgulloso/ Vandalizás mi percepción, pero no podés robarme mi estilo", rapea con rabia en "The Blacker the Berry" de To Pimp a Butterfly, su disco de 2015.
En vivo, Lamar se para solo en el escenario y rapea como si fuera Martin Luther King dando un discurso frente a una multitud. Su estilo se vale de un tecnicismo casi robótico y un flow volátil, que hace que le creas todo lo que te dice, incluso cuando asegura que las cosas pueden mejorar. "Casi todos mis amigos están en la cárcel, y me dicen: ‘Tenés que ser optimista, porque nosotros no pudimos’", dijo. "Pero, además de optimista, hay que ser responsable. Podés hablar de tus sueños todo el día, pero después tenés que hacer algo para cumplirlos."
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