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Un combo exquisito de maderas, linos y hasta juncos usados de las maneras más impensadas le suman a la "Casa de la Laguna" de Eugenio Aguirre (55), en Pilará, un clima de vacaciones eternas. Detallista obsesivo, durante los últimos tres años se dedicó a hacer de su nuevo hogar (que empezó a construir tras separarse de Solana Gassiebayle, la madre de sus hijos, Julio, de 15 años y Carmen, de 13) un lugar a su medida. "Esta no es una casa estructurada ni tan formal. Tiene un espíritu más bohemio, acorde a cómo quiero vivir a esta altura de mi vida. Es lúdica y atractiva desde lo funcional. En vez de comedor tradicional hice un espacio más flexible, en el que los muebles se pueden correr y acomodar según cuántos seamos. Me gusta que la casa se llene de amigos", dice el anfitrión, dedicado al diseño de muebles desde hace treinta años.
–¿Qué te decidió a salir de la ciudad?
–Hace años que quería estar cerca de la naturaleza, del verde. Iba al campo los fines de semana y sentía una bocanada de aire fresco. Una vez vine a jugar al golf, todavía estaba casado con Solana, me mostraron unos terrenos y no sé por qué a ella le entusiasmó más que a mí. Compramos el lote y aún había una tosquera, de la que sacaban la tierra para hacer la laguna. Lo tuve dos años hasta que nos separamos y yo decidí construir y mudarme acá. El anteproyecto lo armó un arquitecto amigo, Guillermo Troglia, que se encarga de mis locales y conoce mis gustos. Después, una vez definida la estructura, seguí yo con la obra.
–¿Cómo fue el proceso creativo?
–Cuando empecé sabía en qué lugares me iba a mover y en qué sectores me quería focalizar para iluminar. La obra duró un año y medio, y yo, mientras tanto, alquilé una casa cerca para poder definir con la vivencia y la experiencia cada detalle. La casa funcionó, además, como laboratorio: diseñé muchos de los muebles que ves acá, le encontré nuevas alternativas a otras creaciones ya existentes e incorporé materiales con los que nunca había trabajado.




–¿Cuál fue el disparador del proyecto?
–Quería sentirme en un hotel de vacaciones. Para lograrlo seguí el mismo proceso artesanal que cumplo con cada mueble. Eso lo traspasé a cada espacio y el resultado está a la vista, es una casa que te invita a quedarte.
–¿Qué materiales priorizaste?
–Hay muy pocos materiales, todos cálidos, que son los que me gustan. Tener enfrente la laguna fue la excusa perfecta para usar junco, que en muebles queda muy rústico, pero acá lo usé de múltiples maneras: tejido en algunos techos, como revestimiento, en diferentes versiones. Los pisos son de cemento pintado de blanco, que da luz y es práctico. La madera, un material que adoro y con el que trabajo hace treinta años, opté que se luciera en las paredes de petiribí, o en el deck de incienso. El revestimiento de afuera es un fibrocemento que simula la madera y dura toda la vida. Se llama Siding Eternit.
Quería sentirme en un hotel de vacaciones. Para lograrlo seguí el mismo proceso artesanal que cumplo con cada mueble. El resultado está a la vista: es una casa que te invita a quedarte
–¿Hay algún espacio que sea tu preferido?
–No. Pueden cambiar según la estación del año, o, incluso, sumarse nuevos spots a medida que la vivo. Mis hijos, por ejemplo, disfrutan del cuarto de la televisión. A mí me encanta armar comidas alrededor del fuego para disfrutar con los chicos, mis amigos o mi novia, Fini Alurralde.
–¿Hace mucho estás de novio?
–Hace tres meses. Nos conocimos en casa de unos amigos en común, ella es decoradora y compartimos muchas cosas. Estoy muy bien, muy contento.



UN SUEÑO CUMPLIDO
Eugenio recuerda con alegría sus inicios, cuando un amigo de su padre, en-cantado con las cosas que le veía hacer en madera y hierro, le propuso abrir una tienda en la calle Peña, en Buenos Aires. "El primer mueble que hice para vender fue una mesa de luz con dos cajones, se llamaba M50. El otro día un cliente me contó que la tenía y casi me muero de emoción. Es gratificante saber que algo que hiciste hace treinta años trascienda la moda y el tiempo.
–¿Siempre supiste que lo tuyo era el diseño de muebles?
–No. [Se ríe]. De hecho, soy autodidacta. Ni siquiera es una herencia de familia: papá era escribano, pero tenía un estilo muy refinado. Mamá hacía ropa, confeccionaba y diseñaba. Yo trabajaba en un banco y un buen día me animé a meterme en este mundo. Fue una decisión que todavía celebro. Me fascina el diseño, y más cuando está asociado a la funcionalidad, porque te mejora la calidad de vida. Pero así como esa decisión marcó un quiebre en mi vida, creo que esta casa también representa un nuevo camino a transitar.
Hace treinta años Eugenio abrió su primer local de muebles. Reconocido internacionalmente, entre sus clientes figuran Giorgio Armani, Ralph Lauren y Ben Affleck
–¿Cuál?
–Este lugar, esta energía, este tiempo que pude dedicarle me dio un conocimiento que ya empiezo a compartir porque surgieron proyectos interesantísimos, que exceden el diseño de producto: hice una alianza con Barugel, estoy asesorando a gente que va a encarar la construcción de su casa… Cuando aparecen desafíos tan interesantes, hay una energía que se renueva y es copadísimo. Hoy se construye todo muy standard, la prioridad está en terminar rápido. Una casa con personalidad no se basa sólo en el diseño o en la decoración, sino en un conjunto de factores que, si confluyen, marcan la diferencia. Son importantes los matices, los perfumes, el juego de los colores, la profundidad que da la luz. Me gusta provocar los sentidos.







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