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Este es su año y ella lo sabe. Está surfeando la ola del éxito y la popularidad, su día a día se volvió vertiginoso y su rutina, algo exigida debido a los ensayos de "Bailando por un sueño" Esmeralda Mitre (36) tiene clarísimo que es su momento y que todo puede cambiar de un minuto a otro. Al fin y al cabo, la hija de Bartolomé Mitre y Blanca Isabel Álvarez de Toledo es participante de una competencia y su suerte depende del puntaje que saca en la pista del certamen gala tras gala. "‘Bailando…’ es como la política, todo puede darse vuelta en un minuto", asegura Esme, quien –a dos meses del comienzo del programa de Marcelo Tinelli– está cerca de convertirse en uno de los personajes del año. Desopilantes y desprejuiciadas como ella, sus "previas" duran una eternidad en términos televisivos (ha estado más de 45 minutos al aire sin cortes) y ya es "dueña" de intervenciones inolvidables en el show. ¿Una de las últimas? Haberse dado el lujo, con dos costillas rotas y vestida de rojo furioso, de interpretar "La pollera amarilla" a dúo con Gladys, la Bomba Tucumana.
![En medio de una exigente rutina de ensayos para “Bailando por un sueño”, la heredera de Bartolomé Mitre y Blanca Isabel Álvarez de Toledo, posó para ¡Hola! el sábado 3. “A papá le divierte verme en televisión y mamá admira y respeta a Marcelo [Tinelli]”, contó.](https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/-BGKS6FSHANDDJEIDQVYRQWLECA.jpg?auth=ab090c91af050ccf2a0fd33e80a2e46b339619a50eb78c98ca2ac394feb0c4fe&width=420&height=603&quality=70&smart=true)
La cita es en Casa Umare, una elegante casona de Almagro convertida en hotel boutique. Es el escenario perfecto para una producción a la medida de una chica de alcurnia que supo abrirse paso sola, a fuerza de su trabajo, en el mundo del teatro. "Nunca me interesó pertenecer al grupo de ‘actrices cool’", cuenta mientras Adrián, quien además de peinarla y maquillarla es, hoy, uno de sus máximos confidentes, hace lo suyo. "Soy una actriz de culto. Hice clásicos como Hamlet y Play [de Samuel Beckett] antes de los 40 y ahora estoy haciendo el clásico de esta época, que es " Showmatch ", dispara sin rodeos.


UN BOOM POPULAR
–Este año estrenaste en el Teatro San Martín La reunificación de las dos Coreas y aterrizaste, sin escalas, en la pista de "Bailando por un sueño".
–Tenía ganas de romper con todos los esquemas. Sentía que estaba preparada para resistir cualquier embate y bancarme este nivel de exposición. Si bien yo ya era conocida por mi trabajo, y no estoy en el programa para hacerme famosa, fue una jugada muy osada. Nunca imaginé que iba a ser tan fuerte mi explosión.
–Se te ve cómoda en la pista de baile.
–Es que soy genuina. En la pista no soy la actriz: soy Esmeralda. Si fallo, no falla la actriz, falla Esmeralda. Antes miraba el programa y no entendía el concepto de "previa". Cuando acepté, dije: "Bueno, iré a hablar y que pase lo que pase" y pasó un hecho artístico. La previa es una improvisación teatral, es un fenómeno muy extraño que me liberó, no sólo como actriz, sino también como persona y mujer.
–En la vida real, ¿sos así de desfachatada?
–Sí, y el día que me comprendan perdí la batalla. Soy un enigma. Me encanta que no me puedan descifrar. Muchos deben pensar: "Esmeralda, ¡qué rara es!" y tienen razón porque tengo mil facetas y lo más importante de todo: soy yo misma.
–¿Cómo manejás la presión del certamen?
–La presión es interna. Siento que si llegué a darle a Marcelo y a la producción un cierto nivel, si logré un cierto estándar, no puedo darles menos que eso. Estoy pensando cosas nuevas para rendir más y me siento muy cómoda dando lo mejor de mí. Lo disfruto tanto que a veces me sorprendo a mí misma. Es un compromiso profesional y humano muy grande y, a veces, lo que me sobrepasa es el cansancio físico. Pensá que yo no soy bailarina, que las previas exigen mucho de uno y al día siguiente el cuerpo te pasa factura. Es como correr una maratón.
–¿Cómo te sobreponés al agotamiento físico?
–Si estás en el baile, tenés que bailar. Además, lo estoy pasando bárbaro, todo lo que me está ocurriendo está buenísimo y no me puedo quejar. Me dieron una gran oportunidad y pude hacer a un lado mis prejuicios. Siento alegría y, sobre todo, libertad. Este, quizás, es el momento más lindo y feliz de mi vida porque ya no me quedan ataduras.

–De todo lo que se dijo de vos, ¿qué fue lo que más te dolió?
–Me dolió mucho que tiraran contra mi familia injustamente. Fue una persona que no voy a nombrar porque sería darle demasiada trascendencia. Ella se dedicó a calumniar a mi familia porque si lo que dijo [se refirió a Bartolomé Mitre como "un dictador"] fuera verdad, la primera en poner en tela de juicio a mi padre o a mi familia sería yo. Siempre le rendí culto a la verdad y es muy cansador que se digan mentiras. Por suerte, tengo espacio en el programa para decir cómo son las cosas y eso me hace sentir cuidada.
–Detrás de las discusiones y las peleas, ¿cuál es el mensaje que buscás transmitir?
–Mi mensaje es clarísimo: soy esto y si no lo entendés, mala suerte. No me prejuzgues y si no te da para comprenderme, no me faltes el respeto. A muchas personas les cuesta entender que no busco que me acepten. Debe ser porque no se permiten ser ellos mismos.
–¿Eso fue lo que te llevó a enfrentar a Mirtha Legrand o pararte frente a las panelistas de Moria Casán?
–Me preparé mucho para saber bancar la parada. Hice años de psicoanálisis, voy al psiquiatra e hice todo tipo de terapias alternativas. Sé que el éxito es imposible sin fracaso y que le evolución, siempre, implica dolor. Me entrego a la vida y no niego lo que me pasa. Cuando me operé la columna [en marzo del año pasado] supe que no se había roto porque sí, sino porque fui el sostén de situaciones personales y familiares muy fuertes.
DECIR ADIOS PARA RENACER
–La operación fue un año antes de separarte de Darío Lopérfido, a quien conociste a tus 25…
–Así es. Después de la traición y la soltada de mano que sufrió Darío en la política, sobre todo por parte de Horacio Rodríguez Larreta, yo tuve que sostenerlo emocionalmente. Fueron muy injustos con él en su salida como director del Teatro Colón y yo estuve a su lado hasta que volvimos a levantarnos los dos. Recién cuando nos acomodamos, que pasaron algo así como dos años, se me rompió un disco de la columna. Sufrí lo que tenía que sufrir, lloré lo que tenía que llorar y solté lo que tenía que soltar.
–¿Cuáles fueron los motivos de la separación?
–Se terminó la relación. Yo no quería vivir en Alemania, él no quería vivir en Argentina y el destino, que nos puso en una encrucijada, se encargó de tomar la decisión por nosotros. Crecí muchísimo a su lado y durante gran parte de los once años que estuvimos juntos hicimos una dupla espectacular. A principios de año sentimos que cada uno tenía que dar sus propias batallas y en eso estamos.
Quiero disfrutar de esta nueva etapa sola y no tengo apuro en conocer a alguien. Congelé óvulos a los 33 años
–¿Quién propuso separarse?
–Yo fui la primera en sugerirlo y, para serte franca, no sé de dónde saqué la fuerza. Él estaba atravesando una crisis muy grande y le pareció lo mejor. Darío es una persona muy generosa y no quería que su historia me llevara puesta.
–¿Cómo fue el divorcio?
–Tranquilo. Fue el divorcio de dos personas que se quisieron bien. Yo no tenía ningún interés en repetir la historia de mis padres. Nos separamos siendo dos reyes de corazón y después de firmar los papeles estuve un mes y medio en cama.
–¿Cómo es su relación ahora?
–Hablamos seguido porque somos amigos, pero no nos vamos a arreglar.

–¿Cómo te sentís ahora que pasaron varios meses?
–Me siento suelta, hecha, armada, sólida. [Sonríe]. Con fortaleza interior y siendo dueña de mi vida. Ahora que lo pienso, creo que dije que sí a "Bailando…" porque necesitaba conectar con la alegría y con mi cuerpo, que después de la operación quedó relegado a un segundo plano.
–¿Estás con ganas de volver a enamorarte?
–Tengo candidatos, pero estoy con mucho trabajo y no se cumplió ni un año desde que me separé. Estoy bien: no siento pena, pero todavía estoy sanando. Quiero disfrutar de esta etapa sola y no tengo apuro en conocer a alguien porque congelé óvulos a los 33.
–O sea que en algún momento te gustaría tener hijos.
–Me gustaría tener un hijo con alguien y no estoy atada a una forma determinada de familia. Hace tiempo que me acepté distinta y, en ese sentido, no pretendo que las cosas sean como "tienen que ser". Sería genial que un hijo sea fruto del amor, pero ya tengo muy en claro, por ejemplo, que la próxima vez que esté con alguien será en casas separadas. [Se ríe].

–¿Cómo creés que te ven los demás?
–No me pongo a pensar en eso. Me tiene sin cuidado lo que piensen de mí.
–¿Cómo es la verdadera Esmeralda?
–Tengo buen corazón, soy fuerte y vulnerable a la vez y jamás me voy a dejar vencer. Mi vida personal está por delante de mi trabajo. Trato de pasarlo lo mejor posible y sé que uno de mis máximos desafíos es convertir el dolor en luz porque nada me fue gratis en esta vida.
SOBRE HERENCIAS Y TRANSGRESIONES
–Muchos creen que tenés un buen pasar y las cosas fueron fáciles para vos...
–Mirá, no se llega adonde llegué sin haber sufrido en el proceso y, ¿sabés qué?, las herencias se pueden perder. Lo único que se no se pierde es lo que construyó uno.
–¿Tu apellido es un peso o una bendición?
–Es lo que me tocó. Siento mucho orgullo por mi familia. Mi tatarabuelo fue presidente de nuestro país, tradujo la Divina comedia al castellano y fundó el diario La Nación.
El día que me comprendan, perdí la batalla.Soy un enigma, me encanta que no me puedan descifrar
–¿Tenés buena relación con tus hermanos?
–Con algunos de mis hermanos me entiendo mejor que con otros, como en todas las familias. No soy careta y no siento que sea obligatorio llevarte bien con todos. Santos, el menor, es un ser superior, tiene un corazón de oro. A mí me costó mucho mi vínculo con mis hermanos mayores y no quise repetir la historia con él.


–¿Qué opinan tus padres de esta faceta tuya más mediática?
–Me conocen así. A papá le divierte verme en la televisión y mamá admira y respeta a Marcelo. Ella valora el trabajo y le encanta que esté dando lo mejor de mí.
–¿Cuál fue tu máxima transgresión?
–Romper con todos los mandatos y dejarme fluir. Entiendo que para los otros soy incomprensible. Lo acepto y vivo con ello. Los que me hacen la guerra en la televisión no pueden aceptar mi libertad. Ellos viven con miedo y yo no.

Producción: Romina Giangreco, para RFG Stylecoaching
Maquillaje y peinado: Adrián Llamosas, con productos Inglot y L’Oréal Professionel
Agradecimientos: Casa Umare [www.casaumare.com], Cher, De María, Fahoma, Made in Chola, Menage a Trois, Pompavana, Roma Renom, Sentido y Swarovski

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