
Nueva York, escrache en supermercados chinos
Ladrones o sospechosos son fotografiados y se les cobra una multa
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El almacén A & N Food Market, en la calle principal de Flushing, Queens, tiene una clientela mayormente china. Su inventario incluye anguilas vivas, tortugas y ranas, lenguas de pato congeladas y arroz congee enlatado. Estos artículos, como cualquier producto vendido en cualquier vecindario de la ciudad, atraen a una porción de rateros de negocios. Pero en A & N tienen una inusual forma de lidiar con el problema.
Primero, a los sospechosos atrapados por los empleados del negocio se les confisca su documento. Después, son fotografiados tomando los artículos que, dicen, intentan robar. Finalmente, amenazan con colgar las fotos para avergonzarlos, y también con llamar a la policía... a menos que el acusado entregue dinero.
"Por lo general cerramos en 400 dólares", explica Tem Shieh, el encargado, que realiza un seguimiento de los clientes a través de 30 monitores de video instalados en el local. "Si no tienen, entonces retenemos su documento y les damos la oportunidad de ir a buscar la plata", agrega.
Robe uno, pague 10
La práctica de atrapar sospechosos de rateros y exigirles una paga llegó importada de China, explican varios expertos en prevención de pérdidas en negocios, donde hay una frase tradicional que muchos comerciantes exhiben: Robe uno, pague 10.
Ni el Departamento de Policía ni la oficina del fiscal de distrito de Queens recibieron ninguna queja sobre esta nueva costumbre. Pero en las críticas se sostiene que los acusados se ven despojados de sus derechos civiles básicos y las garantías habituales en los procedimientos legales públicos, como el derecho a tener un abogado y estar libre de coerción, y no están tratando con oficiales adecuadamente entrenados y con vigilancia apropiada.
"Si el dueño de un negocio dice que va a llamar a la policía a menos que uno le pague cierta suma eso es extorsión, es ilegal", dice Steven Wong, defensor del pueblo en Chinatown, sentado en su oficina, justo arriba de un restaurante, en Chatham Square. "Y colgar fotos en lugares públicos, llamando ladrón a alguien que no fue denunciado formalmente, eso es una violación de sus derechos civiles."
No se sabe exactamente cuán expandida está esta práctica, y si siempre van acompañadas por amenazas de arresto, pero se usa en ciertos barrios predominantemente chinos de la ciudad.
Shieh cuenta que muchos de los rateros acusados alegan pobreza. Pero usualmente se las arreglan para volver con el dinero, pagar, y evitar ser públicamente avergonzados y arrestados, a menudo tras pedir la suma a amigos o parientes. "Hace dos semanas, una mujer trató de llevarse dos bolsas de uvas que valían tal vez 10 dólares", agrega, hablando en chino. La mujer primero dijo que no tenía efectivo, pero de alguna manera lo encontró. "Volvió con ocho billetes nuevos de 50 dólares", sigue Shieh.
En el supermercado Chang Jiangde Kissena Boulevard, en Flushing, donde vendedores ambulantes de productos frescos gritan en las veredas sus ofertas en chino, se aceptan tarjetas de crédito de sospechosos de rateros para pagar y así no ser arrestados, cuenta el encargado, Wu Jian Si.
"Ellos sólo dicen: Pase la tarjeta de crédito -relata Wu, también en chino-. Y concluye: "Tienen dinero".
Algunos carteles pegados en el local muestran imágenes de rateros acusados y de un hombre escoltado por la policía, todo con advertencias en chino e inglés que dicen: Si lo atrapamos, le sacaremos una foto para los registros y tendrá que pagar 400 dólares o irá a la cárcel.
Falsa alarma
Como la policía no siempre arresta a los acusados o, si lo hace, a las 24 horas están libres, Wu afirma que estos pagos son necesarios.
Muchos de los acusados son inmigrantes con gran temor a la autoridad, y a menudo están en el país ilegalmente, explica Jason Sanchez, que trabajó como guardia de seguridad en varios mercados chinos de Flushing. "Se imaginan que serán deportados, así que harán lo que sea por conseguir el dinero, que, según el negocio, puede ser 200 o 400 dólares."
Como ejemplo del estilo muro de la vergüenza que ciertos negocios usan, en un almacén llamado NY Tak Shing Hong, en East Broadway, en el Barrio Chino de Manhattan, se cuelgan fotografías cerca de las cajas registradoras, algunas con nombres, direcciones y números de seguridad social de las personas que aparecen. Varias también incluyen descripciones simples en chino como Robó medicina y Ladrón .
Algunos negocios, incluso, comparten sus fotos con otros. Por ejemplo, una imagen en el mercado Chang Jiang de un hombre sosteniendo una bolsa de plástico con un gran pez vivo adentro con la leyenda Gran ladrón puede verse también en otros locales de la zona.
Y el supermercado Chung Fat, en la calle principal de Flushing, con 100 cámaras de seguridad, cobra 500 dólares a los ladrones primerizos. La segunda vez, 2000.
De todas formas, los empleados de estos negocios reconocen que raramente ganan mucho dinero con los acusados. El mes último, dos inmigrantes chinas pusieron el grito en el cielo tras haber sido acusadas por error de robar en el supermercado New York, bajo el puente de Manhattan Bridge, en Chinatown. Una de ellas, Li Yuxin, contó que después de ser acusada de robo lloró delante de una multitud de compradores. La otra inmigrante, Liang Huanqiong, dijo que esas falsas acusaciones de robo dañaron su reputación y le causaron angustia.
Los episodios se pudieron leer con grandes títulos en los periódicos de la comunidad china, y los responsables del supermercado pidieron disculpas a las mujeres y expresaron que entrenarían mejor a los empleados para reconocer a los ladrones.
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