Una propuesta de elevado nivel artístico
MELINA MOGUILEVSKY, ÁRBOLA / Músicos: Melina Moguilevsky (voz, piano y composiciones), Ezequiel Dutil (contrabajo), Tomás Fares (piano y voz), Jonatan Szer (percusión) / Invitado: Diego Cortez (flauta traversa) / Sala: No Avestruz / Próxima función: 26 de este mes, en La Oreja Negra, Uriarte 1271.
Nuestra opinión: muy bueno
Cualquiera que siga la ruta de ciertas formas musicales de Luis Alberto Spinetta y del grupo Puente Celeste y las combine con algunas concepciones rítmicas de la pianista y compositora Nora Sarmoria podría arribar al trabajo de Melina Moguilevsky. La cantante publicó recientemente Árbola, un debut discográfico auspicioso, no por lo novedoso sino por su buena factura, claridad y buen nivel artístico.
Melina viene realizando una serie de conciertos para presentar en vivo este material discográfico que grabó acompañada por una formación que es ni más ni menos que un trío de piano y que puede parecer o sonar, a primera escucha, como un trío de jazz, aunque va por otros caminos y horizontes bien diferentes. En el disco, tanto como en su concierto en No Avestruz -último que ha ofrecido hasta ahora de este recorrido por algunas salas porteñas-, hay un trabajo intelectual muy profundo. La intérprete se inspiró muchas veces en poéticas de autores ilustres, como Juan Gelman, Alejandra Pizarnik, Juan L. Ortiz, Clarice Lispector y Leopoldo Castilla. Además, agregó composiciones que son íntegramente de su autoría y completó con instrumentales de Hermeto Pascoal y Egberto Gismonti para terminar de darle forma a un trabajo homogéneo y de estética clara y bien definida. Quizá la homogeneidad, sobre todo cuando hay cierta redundancia en los abordajes melódicos, no sea algo que le juegue a favor. Pero el trabajo de Melina no deja de ser de muy buena hechura; está bien cantado y bien tocado, y con toda la energía que la cantante le pone. Es así como, además de cantar las notas justas de principio a fin del concierto, con un ejercicio técnico destacable, consigue los climas que seguramente imaginó cuando tuvo el primer deseo de hacer variaciones sobre los poemas, para luego musicalizarlos.
En vivo, la singularidad de lo que entrega está en su voz y en cómo esa garganta se amalgama con los tres instrumentos que la rodean. Melina ostenta un timbre de voz particular y una manera de cantar franca, concreta y sin adornos que interfieran en el mensaje. Como primer trabajo en solitario -ya tiene otras experiencias grupales en su currículum- parece por momentos una pieza demasiado acabada, definitiva. Sin embargo, se vislumbran otras posibilidades para desarrollar en el futuro. Y eso es saludable.
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