
Un Wagner joven y romántico
Esta noche, en el teatro Avenida, sube a escena El holandés errante, de Richard Wagner, con régie de Fabian von Matt
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Todos los años, hacia fines de julio, se produce en Alemania el fenómeno de Bayreuth: la prensa del mundo se hace eco de las novedades de la "colina verde" (en referencia al emplazamiento del teatro); los autores cargan las tintas para relatar un nuevo capítulo de la familia Wagner en torno a sus promocionados conflictos, y los fanáticos wagnerianos peregrinan hasta la bucólica ciudad bávara a rendir culto a uno de los legados más extraordinarios del teatro musical. El mundo espera que Bayreuth levante el telón y que, para bien o para mal, vuelva a ser el centro del universo lírico. En el fondo, siempre será para bien, porque ese leitmotiv , ese ritual mediático mezcla de arte con política, forma parte de la mística wagneriana: que todos hablen pero que unos pocos participen. Y desde ese non plus ultra que es Bayreuth, plagado de códigos de usos y costumbres, hasta cualquier otra representación wagneriana en el mundo, se reproduce algo de esa atmósfera sagrada por la cual el género de la ópera pareciera dividirse en la monumental música de Wagner, por un lado, y todas las demás, por otro.
Uno de los códigos wagnerianos -que se respetará en esta nota- es el sobreentendido de que todos saben de qué se habla -en Bayreuth, por ejemplo, no existe el sobretitulado ni las sinopsis de las obras en los programas de mano-, y sería un sacrilegio tener que contar la historia; en este caso, la romántica leyenda del holandés errante.
En Buenos Aires
A tono, entonces, con la temporada de Bayreuth, Buenos Aires Lírica (BAL) representará su primer Wagner con lo que brindará a los admiradores vernáculos la posibilidad de inaugurar un importante espacio de representación en la capital. El holandés errante subirá hoy a escena en el Avenida, con las participaciones de Homero Pérez-Miranda, Mónica Ferracani, Hernán Iturralde, Enrique Folger, Santiago Bürgi, Marta Cullerés, coro y orquesta de BAL, con dirección musical de Guillermo Brizzio. LA NACION dialogó acerca de la propuesta escénica con el régisseur a cargo, el argentino-alemán Fabian von Matt.
-¿Cuál es la concepción escénica para esta ópera?
-Está basada en dos pilares. Uno parte de que El holandés... es la primera ópera romántica de Wagner, y en función de esto pensamos en crear un mundo romántico (el del holandés) y un mundo real (el de Daland). El personaje de Senta aparece aislado en ese juego entre lo material y lo fantasmagórico, en medio de la leyenda y una poesía que no funciona en el territorio de Daland. Queremos mostrar el romanticismo y sus efectos, las consecuencias del desembarco del holandés en un mundo donde reina la razón. El segundo pilar se apoya en la idea de que la historia de amor comienza sólo en los últimos compases. En el segundo acto, cuando el holandés se pregunta si eso es amor, se responde: "¡No! ¡Es la necesidad de liberarse de la maldición!". La narración no coincide con la historia romántica, sino que inicia el relato en el proceso previo al amor.
-¿Se trata de una puesta conceptual?
-No. Es una puesta realista con abstracciones, pero cuento la historia tal como es. Pongo, sí, en evidencia algunas preguntas que me hice: ¿cómo llega a la pared el cuadro que admira Senta? ¿por qué el barco del holandés llega a la misma bahía que el barco de Daland? ¿qué pasa con Daland, Erik y Mary cuando vuelven a su tierra después que Senta se tiró al mar?
-Hay puntos clave en la puesta: ¿se hace con intervalos? ¿aparece el buque fantasma? ¿cómo se resuelve el final de Senta?
-Hacemos un corte por una cuestión técnica. Wagner concibió la obra sin intervalos, pero es lícito cortarla. Considero que el barco es necesario y nos basamos en una experiencia de Wagner, escapando del puerto de Riga, con la impresión que le produjo la caída del mascarón de proa. En cuanto a Senta, se tirará a un mar apenas figurado.
-Siendo tu primera producción, ¿qué expectativas tenés?
-Terminé mis estudios en Viena y todas las ofertas me llevaron a Wagner, de modo que es un gran inicio para mí. Me atreví a aceptar la propuesta porque es empezar por una de sus primeras obras y, en ese sentido, analizo un compositor todavía joven. Además, siento una identificación con el personaje, porque hubo una época en la que no sabía con claridad cuál era mi hogar. Soy alemán; nací en Brasil; crecí en la Argentina y estudié régie en Austria. Hoy tengo novia y siento que mi hogar está donde está ella, en Alemania, porque la patria, al fin y al cabo, es donde uno tiene la familia o, como dice el holandés, donde el hombre encuentra una mujer que le jure su amor eterno.
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