
Un nuevo Rinaldo llega al Teatro Colón
La ópera de Händel –en las voces de Franco Fagioli y Verónica Cangemi, entre otros– se suma a una gran temporada lírica
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Para deleite de los espíritus osados, que no necesariamente son todos los abonados del Colón, en el teatro de la calle Libertad tendrá lugar, a partir de hoy, una nueva etapa en este viaje absolutamente inusual y plagado de sorpresas y buenos momentos que es el que propone la temporada lírica 2012. En un zigzagueo que bien parece casi el derrotero de una expedición de turismo aventura (musical) ya pasaron La pasión según San Marcos, de Osvaldo Golijov; La forza del destino, de Verdi –hasta ahora, el único territorio tradicional–, y el espectacular y esplendoroso Edipo, de Enescu, mucho más relevante por una puesta definitivamente extraordinaria de Alex Ollé, atravesada por los conceptos de La Fura dels Baus, que por los hallazgos musicales del compositor rumano. Y ahora, desde el máximo despliegue escénico, vamos hacia la concisión extrema de una ópera en versión de concierto. Por primera vez en la Argentina, llega Rinaldo, de Händel, una obra que, conviene aclararlo desde el vamos, no es un título más dentro del inconmensurable horizonte de la ópera barroca, sino una creación que habría de cambiar el rumbo y sentido de la vida de su compositor y el panorama operístico de Inglaterra.
Evolución
Hasta 1711, cuando todavía era Georg Friedrich Händel, tal como había nacido en Halle, veintiséis años antes, y ni siquiera imaginaba que, tres lustros más adelante, mutaría irrevocable y volitivamente su nombre hacia el muy inglés George Frideric Handel, el gran músico alemán había llevado una exitosa vida de artista trashumante. Más allá de los escarceos iniciales, su carrera había comenzado, con un gran impacto, cuando estrenó Almira, en Hamburgo. Pero al año siguiente, deseoso de conocer otras experiencias musicales, marchó a Italia. Residió cuatro años en diferentes ciudades, escribiendo decenas de obras, entre ellas, la ópera Agrippina, estrenada en Venecia, en 1709, y que le aportó más renombre y más prestigio. Tantos que, al año siguiente, fue contratado para ser el director musical de la corte de Hanover. Mientras ejercía este cargo, le llegó un pedido para escribir una ópera italiana para ser estrenada en el Queen’s Theatre, de Haymarket. Desde la Gerusalemme liberata, de Torquato Tasso, emergió Rinaldo, aquel cruzado que terminaría enamorando a la malvada Armida. El estreno, el 24 de febrero de 1711, fue un suceso clamoroso. Milagros que sólo ocurren muy ocasionalmente, un compositor alemán y luterano, con vastos conocimientos de la orquestación francesa, compuso una ópera en italiano que lo transformó en el campeón de la música inglesa.
En terrenos más propios del Guiness que de cualquier estudio musical, podríamos decir que la dupla de Rinaldo y Armida podría ser la única que, simplemente en términos numéricos, podría competir con la de Orfeo y Euridice. Con el título de Armida o de Rinaldo, la historia del cruzado que marchó a liberar Jerusalén y concluyó enredado por los amores de la hechicera fue relatada y musicalizada por los talentos, entre muchos más, de compositores tan notables como Lully, Gluck, Salieri, Haydn, Rossini, Dvorák y, como lo estamos viendo, Händel. Varios Rinaldos y varias Armidas ya pasaron por nuestros escenarios. Este Rinaldo haendeliano llega ahora por primera vez. Si hubiera que hacer evaluaciones, ahora sí musicales, no caben dudas de que son las óperas de Lully y de Händel las que mayores significaciones simbólicas e históricas pueden detentar. La del parisino de origen florentino es el punto más alto de la ópera francesa del barroco medio. La del alemán devenido inglés, el punto de inflexión en su carrera y, además, el comienzo de una nueva vida musical inglesa, menos ensortijada en sus propias contingencias y mucho más vinculada al acontecer europeo.
Como toda ópera italiana del barroco tardío, Rinaldo se concentra, casi exclusivamente, en el canto solista, articulándose en una larguísima sucesión de recitativos y arias, muchas de ellas, bellísimas, por supuesto. Extensa y en tres actos, para esta función en concierto que hoy comienza su camino, el Teatro Colón convocó a un director de larga experiencia en la música antigua como es Martin Haselboeck y a un elenco de destacadísimos cantantes, incluidos Franco Fagioli, Verónica Cangemi, Inessa Galante, Daniel Taylor y Víctor Torres. Junto a la Orquesta Estable sonarán los imprescindibles laúdes, claves y flautas dulces para que el sonido barroco aflore en plenitud. Después de la de hoy, habrá más Rinaldo el viernes y el martes próximo, a las 20.30, y este domingo, a las 17. Sin escenificación, sin vestuarios y con mínimos movimientos escénicos, reducidos al avance de los cantantes hasta el proscenio cada vez que son requeridos, la ópera de Händel llenará uno más de los casilleros de esta sorprendente y muy bienvenida temporada operística porteña.
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