
Un buen varieté al estilo Gieco
El músico, que actúa en el Luna Park, está grabando los conciertos para un CD
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Quien diga que no puede faltar a un concierto porque su artista favorito grabará un álbum en vivo en realidad está ofreciendo un argumento pueril. Muchos años después podrá contar la anécdota en una reunión de amigos (hasta repetirla por enésima vez con la ayuda de algunas copas de más). "¡Cómo no me voy a acordar de ese día! Si el que grita en el disco "Olé, olé, olé, Gie-có, Gie-có", soy yo". Hummm.... Qué difícil será demostrarlo.
Para no faltar a la verdad hay que decir que por estos días León Gieco está registrando los recitales que brinda en el Luna Park. Este cronista, que tiene vocación de escribano, puede dar fe de que el sistema de sonido está previsto para tales fines. Pero el verdadero aporte de los fans no es individual, sino colectivo: ni más ni menos que la apasionada presencia en un atractivo varieté al mejor estilo Gieco.
Los que asistan al show de esta noche, el último de la serie en el Luna, tendrán que disponer de unas tres horas de domingo. Porque durante ese tiempo el músico santafecino cantará completo su CD en solitario más reciente, "Bandidos rurales", tendrá a un grupo soporte de lujo, pondrá a prueba las gargantas de sus seguidores con algunas canciones, otorgará un falso intervalo amenizado por un grupo de percusión y volverá a escena en el bloque final, para soltar algunos de sus caballitos de batalla. Y, por supuesto, habrá bises. Tal vez con algún invitado sorpresa, como en la función del viernes.
Anteayer, el virtuoso gaitero Carlos Núñez terminó su recital en una sala del barrio de Belgrano y se fue para el centro, para acompañar a su amigo León en el cierre del show. Para entonces, el público ya había escuchado, cantado y aplaudido bastante al futuro ciudadano ilustre de la ciudad de Buenos Aires (según un anuncio que el jueves realizó la Legislatura porteña).
Cuando Gieco apareció por primera vez en escena ya habían pasado Tilín Orozco y Fernando Barrientos, una muy buena dupla cuyana. De la penumbra del estadio crecía la ovación para "La memoria" y la propuesta que el músico dejaba en los últimos compases de "Canción para luchar": "Si me llamás/ allí estaré".
Las canciones de su último disco de estudio sonaron con la prolijidad que merece un show que se convertirá en CD y con la calidez devuelta por la audiencia.
Una vez que agotó aquel repertorio, el músico comenzó el segmento más atrevido del recital: lograr que el público abriera la garganta a la par de su voz. Como el canto colectivo de vidalas, bagualas y tonadas que generaba Leda Valladares en la década del setenta con niños y adolescentes, o en los noventa con maestras, en lo que llamó "La montaña va a la escuela".
Gieco salió airoso del desafío. Y hasta celebró que entre los temas elegidos en ese simulacro de guitarreada de fogón uno de los que marcaron picos en los decibeles fuera de María Elena Walsh, "Como la cigarra".
También con altos decibeles llegaron los percusionistas de El Choque. Porque el grupo sabe que a falta de originalidad -su propuesta es similar a la de la compañía inglesa Stomp, que pasó por Buenos Aires hace más de un lustro- es posible generar las mejores situaciones si se recurre al ingenio. Un malambo de pelotas de basquetbol o las escenas de peleas callejeras con coreografías a base de palmadas fueron las más festejadas por el público.
Pasada la medianoche, al animado varieté a la Gieco todavía le quedaban sorpresas. Luego de unos pocos minutos de intervalo, mientras los plateístas se dirigían al fondo del estadio para tomar un descanso y las pantallas promocionaban el recital que León dará el 13 de diciembre en la cancha de Ferro, una voz en off pedía al público que volviera a sus butacas: "El espectáculo está por comenzar (sic)".
Así llegaron otra tanda de canciones, una catarata de éxitos ("La cultura es la sonrisa", "Guantanamera", "Pensar en nada", "Los Salieris de Charly") y el cierre de Gieco, su banda, Carlos Núñez y todos los artistas que desfilaron esa noche para una versión de "Sólo le pido a Dios". Un final tan previsible como necesario. ¿Acaso alguien hubiera deseado que la noche terminara de otra manera?
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