Trent Reznor, el embajador del miedo
El guitarrista y cantante de Nine Inch Nails conmovió con su música apocalíptica e industrial y una puesta que incluyó una cortina de leds
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Trent Reznor no es la clase de persona a la que te gustaría encontrarte en la mitad de la noche en una ruta desierta si tu coche se descompone misteriosamente. En estos años de turbulenta vida artística el muchacho de existencia extraña que le dio una vuelta de tuerca al sonido industrial se encargó de alimentar muy bien el mito de hombre tenebroso a partir de grabar un álbum en un estudio construido en una ex funeraria y de irse a vivir a la morada donde Charles Manson asesinó a su última víctima. Puede ser que la gran diferencia con otros artistas que hicieron de estas historias un arte o un género en si mismo como Ozzy Osbourne, Alice Cooper o Marylin Manson, es que Trent Reznor y sus chicos de NIN no necesitan el maquillaje, las guillotinas, la sangre o una puesta teatral para despertar tanta perturbación.
Lo que asusta de Trent Reznor, (que cerró el día 4 del Pepsi Music ante una diez mil personas) además de su curiosidad oscurantista, es definitivamente el mensaje apocalíptico de su música, de esa refractación de un mundo oscuro y en decadencia, que puede meter más miedo que una fantasiosa película de terror. Más allá de las historias de cazafantasmas que pueden ser un banquete para el morbo de sus fans, Nine Inch Nails ofrece en vivo una puesta lumínica sorprendente y una musicalidad cambiante, que genera diferentes estados de ánimo, desde la crispación de los aires más espectrales a la adrenalina en su punto más alto o al pulso dance.
La música de NIN es una célula mutante que puede alimentarse de la distorsión y agresividad del heavy metal que habita en el guitarrista Robin Fick (ex Guns n Roses), al groove trance del bajista Justin Meldal, las programaciones del tecladista Alesandro Cortini y el golpe de la música industrial que respira la batería de Josh Freese.
El anfitrión de ese tren fantasmal es Trent Reznor, que ejerce desde el escenario una presencia más psico killer que mefistofélica y cabalga fascinado sobre el pie del micrófono y sobre esas canciones, con guitarras chirreantes, pulsos electrónicos, pianos melancólicos, voces guturales y pesados golpes maquinales, que se repiten como un mantra tétrico.
El comienzo del show es calcado de su tour mundial. Temas veloces y machacantes más a tono con el heavy en "999,999" "1,000,000", "Letting You Discipline", "March of The Pigs" y "Piggy", algunos son intervenidos por efectos de acople, ruidos a interferencias, densos colchones de teclas y pulsos electrónicos saturados con toques dance. La combinación alquímica del pesado sonido industrial con ese latido electrónico (que lo hizo saltar del indie a la fama mundial desde su primer disco ) provoca una combustión tan desconcertante como atrapante en canciones como "The Frail", "The Wretched", "Head Down" y la sexual y violenta "Closer".
Una estética del miedo
La marea humana mueve las cabezas al compás acelerado de las canciones más adrenalínicas, aunque nadie se anima a dibujar con sus dedos los cuernitos. Es que el show de NIN no tiene nada de convencional.
La puesta lumínica -obra del mismo diseñador de Daft Punk- está compuesta por dos pantallas de leds que conforma parte esencial del concierto. La cortina de luces ubicada detrás de la banda tiñe de rojo a los cinco músicos y los envuelve de imágenes apocalípticas y robóticas.
La otra cortina de leds dispuesta sobre sus cabezas bajará en varios tramos del concierto para ofrecer los grandes momentos del show. Después de "Gave up" los músicos se podrán delante de la cortina lumínica para arremeter con un set más electrónico en "The Warning" y "The Vessel". En sincronía se dispararán en la pantalla imágenes espectrales, otras que recuerdan a la lluvia de los televisores sin señal o interferencias más salidas de Encuentros del Tercer Tipo.
Esa ambientación fantasmal, en la que Trent Retznor parece divertirse tocando la pizarra de luces y usando su mano como un borrador digital, potencia el magma eléctrico y la estética de NIN. La fórmula de fantasmas cibernéticos y presencias del más allá recreadas en la cortina de leds en temas como "Ghost 3.1" y "Only", ayudan a reproducir el imaginario brumoso alrededor de la figura del cantante y compositor de los temas.
Pero hay una figura a la que Trent parece tenerle desconfianza y que es parte de sus pesadillas nocturnas. Entre las capas de sonidos aparece la imagen de Bush ocupando toda la pantalla central. Al final del tema su cara se empieza a transformar sutilmente y el rostro del actual presidente norteamericano se transforma en el candidato republicano John McCain.
Quizá todos los fantasmas y zonas oscuras de Trent Reznor que saca a relucir en sus canciones y en su puesta en vivo sea una forma de iluminar sus miedos para exorcizarlos definitivamenteHoy
Hoy
- Escenario 1
15.45 Zumbadores
16.40 Bullbog
18.05 Ratones Paranoicos
20.00 Las Pelotas
21.45 The Cult
- Escenario 2
15.30 Caminante
16.00 Cabezamil
16.30 Ravioles
17.00 Ioja
17.30 Carmen Karina
18.00 Tierra de Fuego
18.30 Ovejas
19.05 Kiosko
19.40 Edu Schmidt
20.25 Hereford
21. 00 Zumbadores
- Escenario 3
16.05 Pampa Yakuza
17.25 Hijos del Oeste
19.10 Pier
21.25 Beatskeaks
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