Quinteto Urbano: el jazz en estado de madurez
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Presentación del Quinteto Urbano , con Juan Cruz de Urquiza en trompeta y fluggelhorn, Rodrigo Domínguez en saxo tenor y soprano, Diego Schissi en teclados, Guillermo Delgado en contrabajo y Oscar Giunta en batería. Próxima presentación, el viernes, a las 21.30, en Thelonious, Salguero 1884.
Nuestra opinión: muy bueno.
Uno de los grupos de formación instrumental clásica. Un quinteto que tiene mucho de los sabores de aquel combo de Miles Davis de los años 60 en los cuales la composición y las improvisaciones mostraron una integración de mensaje absoluta. El Quinteto Urbano es otro de los grupos que encarnan la delantera del jazz actual.
Maduros compositores, cada hombre es todo un estilista. Una sección rítmica que por momentos es una aplanadora, dirigida por la técnica y creatividad del baterista Oscar Giunta, el piano introspectivo de Diego Schissi y el contrabajo de Guillermo Delgado (que quedó bajo en el sonido y casi no se lo pudo apreciar) y las voces de Juan Cruz de Urquiza en trompeta y fluggelhorn y Rodrigo Domínguez en saxo tenor y soprano, contrastantes, de dicción clara y con la interesante reunión de dos mundos emocionales, como lo son el de un trompetista ágil, de fraseo continuo y con un evidente placer por las entonaciones altas y el del saxofonista, más introspectivo, de sonido crepuscular, con tendencia a atacar disonantes.
El grupo exhibe los logros de esa búsqueda de expresión personal que ya tiene casi tres años y que redunda en un ensamble de increíble ajuste, no sólo evidenciado en los arreglos, sino también en la velocidad con que sintonizan. Suenan elegantes y en algunos pasajes en su show de Thelonious, excitantes, potentes y manteniendo una claridad de sonido digna de elogio.
Tienen dos discos en la calle, el último de ellos doble, pero deciden, en su debut en este club de jazz, regalarnos temas nuevos. Con una frase fuerte, de aire bop y aromas algo latinos comienzan su programa. La sección rítmica entra en combustión, e incluso a pesar de que el bajo no se escucha hay mucha riqueza en el ritmo.
De Urquiza, de sonido dorado, materializa un solo preciso, de frases largas, hilvana a toda velocidad; por momentos un poco ácido, se podría hablar aquí de belleza melódica, aunque la melodía está sólo sugerida. El tema está ordenado para desarrollar un sólido arco de tensión; después de cada solo el grupo compone un arreglo conjunto cuya variedad parece determinada por la naturaleza del solista. El solo del soprano queda algo atrás y le da al tema un renovado cariz. Se atrasa y el color de la composición cobra un tono menos agresivo.
La música de Domínguez está impregnada de sombras, de cierto aire impresionista que robustece los matices. El juego de la sección rítmica tiene a un Giunta inspirado que crea una polirritmia vehemente, pero prolija. El piano de Schissi apoya con acordes en lugares originales de la parrilla armónica y queda con una tercera voz ulterior. A Delgado no se lo oyó por los volúmenes del quinteto.
Siguen los estrenos
“Travesía urbana”, otro tema que estrenan y que viene a confirmar cierto cambio estilístico en el combo, o al menos en las composiciones de De Urquiza, que dejó atrás cierto misterioso aire tanguero que surgía del bebop de los Urbanos. Estos dos primeros temas son jazz en estado puro, sin mestizaje. El tema tiene arreglos complejos; comienza Giunta con un redoble sobre el tambor Ludwig, cosecha 1948 (una joya de colección). La tensión está instalada, los acordes de Schissi acentúan las blue notes, se va creando una atmósfera que desemboca en el ataque de los caños a toda fuerza y que recuerdan en algo los arreglos de Gillespie. De Urquiza muestra una gran afinación en los agudos, a los cuales evidentemente quiere hacer estallar en su trompeta. Su fraseo es intensamente veloz; sortea los arreglos a mayor velocidad, los agudos recorren el recinto, que queda paralizado frente a tanta contenida vehemencia discursiva. Vuelve un arreglo conjunto y el auditorio respira.
Giunta es motor y dirección, aunque el piano toma el volante por un rato. El solo de Schissi comienza dándoles preeminencia a los silencios, pero la velocidad comienza a ganar espacio. Este pianista, reflexivo, es la necesaria contraparte que lleva equilibrio ante tanto calor. Su música, algo romántica, sin almíbares, se integra con facilidad a ese mundo tan jazzísticamente formal que tiene el quinteto. Domínguez en el tenor explora, su actitud es la del buscador, como si su solo estuviese en algún lugar que debe descubrir.
En “Cabizbajo”, del saxofonista, los colores se vuelven meditativos. El reflejo del músico con su composición es de una coherencia significativa; su sonido, las imágenes logradas a través de los arreglos y de una expresividad creciente, aunque estática, logran momentos de interesante juego grupal. La cuestión armónica del material elegido tiene buen gusto y una disposición en la cual el lucimiento es bastante parejo.
Un grupo que nació en el mismo comienzo de este boom en la ciudad y que representa el maduro desarrollo por el que transita el jazz argentino.
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