
Maravillas de "El arte de la fuga"
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Música Antiqua Köln. Director: Reinhard Goebel. Stephan Schardt y Reinhard Goebel, violines, Karlheinz Steeb, viola, Klaus-Dieter Brandt, chelo, Leon Berben, clave. Programa: Valentin Haussmann: Fugas I & II (1604); Bach: "El arte de la fuga, BWV 1080". Festivales Musicales. Teatro Avenida.
Nuestra opinión: excelente
La actividad más que trascendente de Reinhard Goebel no se remite solamente a la recreación de música antigua, ateniéndose a instrumentos y cánones interpretativos de época, sino también a la investigación musicológica y, sobre esta base, al redescubrimiento de obras y compositores olvidados y al trazado de caminos históricos que llevaron hasta el destino final en obras maestras y paradigmáticas como, por ejemplo, "El arte de la fuga", de Bach. Tal vez por esto, como una de dos hipótesis posibles, antes de la presentación de una obra magistral, ardua y compleja en su ejecución como pocas, Goebel consideró oportuno ofrecer dos fugas de Valentin Haussmann, un precursor en la escritura de fugas para ensambles de cuerdas, a comienzos del siglo XVII. Sin embargo, más allá de un diseño apenas similar en el tema de la primera fuga, estas dos obras no hicieron sino alargar un concierto de por sí extenso, sin intermedios, y al cual, en realidad, nada aportaron.
La segunda hipótesis para tratar de dilucidar por qué estuvo Haussmann, quizá más significativa desde la óptica de la justificación, tiene que ver con la esencia de "El arte de la fuga" y a las razones para presentarla como lo ha hecho Musica Antiqua Köln. Esta obra inconclusa de Bach, comenzada en 1748, pertenece, junto a "La ofrenda musical", al enredoso mundo de las "obras teóricas" del gran compositor alemán, es decir, aquellas piezas escritas, supuestamente, sin tomar en cuenta cuáles serían los instrumentos para llevarlas adelante. En el caso de "El arte de la fuga", los misterios quedaron sin resolución por la muerte de Bach antes de poder, tal vez, asignar cada una de las melodías a los encargados de tener que tocarlas. De ahí que, a lo largo de los tiempos, se hayan escrito numerosas versiones para concretar en sonidos esta obra colosal y única. En este sentido, Goebel puede haber considerado necesario acreditar la legitimidad de la ejecución con un ensamble de cuerdas, remitiendo a antecedentes bien establecidos en Alemania como ser, por ejemplo, las fugas de Haussmann.
Esta versión, es de conjeturar que es de Goebel, plantea una interesantísima alternancia de fugas -denominadas por Bach, en esta obra, como contrapuntos- tocadas por el ensamble de cuerdas y algunas pocas por distintas combinaciones colectivas con otras exclusivamente a cargo del clave. Pocas fueron las ocasiones en las cuales tocaron juntos los cinco músicos. Un tanto sorprendentemente, el director y fundador del grupo ocupó la posición del segundo violín, dándole la primera ubicación a Stephan Schardt. En realidad, dado que de texturas polifónicas todo esto se trata, es decir, de melodías simultáneas y de igual importancia, en poco afecta qué instrumento toca cada uno sino que el ensamble permita, efectivamente, admirar el entramado fugado en todo su esplendor. Obviamente, no existe el menor reparo sino la más sincera admiración por un trabajo colectivo impecable, equilibrado y profundamente musical. Acaso oportuno, para demostrar que "El arte de la fuga" no es una obra para los ojos o para los estudiosos sino para ser interpretada e intensamente disfrutada.
Con todo, no fueron los cuerdistas quienes atrajeron sobre sí toda la fascinación sino Leon Berben, un clavecinista excepcional. Las "limitaciones" sonoras de este instrumento, en comparación con el piano, en cuanto a las imposibilidades concretas de realizar distintos toques e intensidades, no tuvieron ninguna posibilidad de ser descubiertas. Berben, muy joven y sin datos biográficos en el programa, demostró todas sus capacidades musicales para expresar las fugas y cánones que tocó en soledad utilizando las respiraciones más sutiles, los fraseos más apropiados y mínimas prolongaciones o silencios para transparentar magistralmente las entradas de los temas y demostrar los más íntimos secretos de obras compositivamente perfectas y artísticamente bellísimas.
No hubo monotonía alguna a pesar de que todo el concierto estuvo compuesto únicamente por fugas. Para ello confluyeron dos razones: la muy buena performance de los músicos, con las alternancias instrumentales ya comentadas. Y, la segunda, es que el responsable primero de esta criatura es Bach, que se ocupó de demostrar que las maravillas son posibles, incluso cuando se trata de escribir fugas y más fugas sobre un mismo tema, si el trabajo es metódico y riguroso y está acompañado por ilimitadas dosis de fantasía y creatividad.
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