
Los sonidos de Gustavo Patiño
El múltiple instrumentista continúa recorriendo los estilos del folklore norteño
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Gustavo Patiño es conocido en España. Shakira grabó uno de sus temas. Mercedes Sosa tituló uno de sus discos con una de sus composiciones. Pero todavía sigue siendo uno de los ilustres artistas escondidos como tesoros en el interior de su país.
Será por esa cosa de las distancias. Patiño vive en el pueblo de Tilcara (Jujuy) desde hace años y su circuito encalla, sobre todo, en el norte argentino.
En Córdoba es un verdadero referente joven para una audiencia universitaria que llena cada una de sus presentaciones en el comedor estudiantil, con capacidad para más de mil personas, donde difundió sus tres producciones independientes anteriores a su ingreso en el sello DBN.
Sus presentaciones generan un entusiasmo similar al de un concierto de rock cuando - junto a su trío, donde lo acompañan Eduardo Issa Osman (percusión y accesorios) y Matías Frías (piano y sintetizadores)- ataca una seguidilla de motivos populares, como carnavalitos, huaynos y takiraris instrumentales. Lo mismo que cuando Patiño saca de su arcón de instrumentos el erke o toca dos quenas al mismo tiempo.
Patiño es uno de los pocos multiinstrumentistas capaces de tocar con la misma sensibilidad y virtuosismo una decena de instrumentos de la región andina: sikuris, quenas de caña y hueso, erke, moxeños, ocarina, charango, pinkullo y anata. Muchos son pequeños objetos de colección, como los antiguos silbatos con forma de pájaro, o finas piezas artesanales, como los charangos tallados en madera, obra del luthier jujeño José Patagua.
El músico es un serio investigador de los ritmos de la región noroeste y un revindicador de los poetas jujeños olvidados, como Choque Vilca o Domingo Zerpa, a los que musicalizó en varias oportunidades. Por eso sus presentaciones y registros suelen ser pequeñas clases magistrales.
Dentro de su repertorio abundan estilos poco frecuentados como el tinku, la danza, la saya boliviana, la tonada o el festejo. Patiño recorre todo ese mapa musical que comprende la antigua región del Tawantisuyo, dominada por los incas, comprendida por Ecuador, Perú, Chile, Bolivia y el noroeste argentino.
Climas y matices
Sin embargo, su propuesta no se basa en un trabajo antropológico. Patiño fusiona los ritmos andinos usando el formato de la canción. La mayoría del material que compone su última producción, "Heredero del viento", son temas nuevos, que pintan la soledad del hombre, sus costumbres, fiestas y realidades, dentro de un paisaje abismal.
La grabación, realizada en Córdoba, base de apoyo donde Gustavo Patiño desarrolla buena parte de su trabajo, entrega 15 piezas elaboradas tan artesanalmente como el delicado arte de tapa, donde aparece el aporte del artista plástico santiagueño Rafael Touriño Cantos.
El músico tilcareño ofrece un buen balance entre los momentos instrumentales y los temas cantados. Patiño apareció primero como un destacado instrumentista y compositor de la quebrada para sumar luego a sus canciones su voz íntima. Una muestra son los temas que abren el nuevo disco, "Por los caminos" y "Herederos del viento", que resuenan con ese erkencho, y esos sonidos de cañas entre computarizadas y autóctonas.
En esa sutil dualidad entre lo cantado y lo instrumental la delicada música de Patiño fluye con un discurso rico en climas y matices. Supera su anterior trabajo, "Pueblo hermano". Así, puede pasar de la festiva chaya "Norte grande" a la intimidad musical y el sonido de cámara en "Danza de las estrellas", con el aporte del violonchelo de Raúl Venturini, o a la canción con mensaje en "Y saldré a buscarte", con Rally Barrionuevo.
El contagioso rasgueo del charango pone en marcha el carnavalito "El chipaceño", donde el intérprete muestra su ductilidad sobre el pequeño instrumento. Luego pasa al fervor carnavalero de los bronces en la saya boliviana "Luz de mujer", y a la cadencia del huayno "Huasamayo" (río que cruza Tilcara y nutre la sequedad de la quebrada en verano), que le sirve para demostrar su exquisito dominio de los aérofonos.
"Tuyo es mi corazón", un romántico takirari, tiñe la placa con un sabor rumbero más apto para un grupo como Ketama. Son influencias españolas que recibió en sus sucesivos viajes a Sevilla, donde gitanos de rancia estampa le gritaron "olé" cuando lo escucharon interpretar sus solos a dos quenas. Hasta Manuel Molina (una verdadera celebridad del mundo flamenco, integrante del dúo Lole y Manuel) le ofreció fusionar sus ritmos andinos con las bulerías.
Sin embargo, su lenguaje universal nunca se separa del macizo andino. Esa identidad enclavada en el Norte se percibe en las zambas, chacareras y esos motivos populares en los que aparece el maravilloso encuentro con las coplas tilcareñas que cierran el álbum.
El multiinstrumentista dice: "Creo que mi virtud es poder acercarme a cualquier instrumento y poder familiarizarme enseguida, hacerme carne en él. Esa es mi herramienta para poder expresar a través del sonido un paisaje, un hecho histórico, un ser humano o una experiencia de vida".
Como otros artistas de la puna y la quebrada jujeña, para Gustavo Patiño la música es un hecho cotidiano. Transmisor y heredero de esa cultura anónima y popular que tiene su gente, los antiguos seguramente lo hubieran considerado un auténtico hijo del viento.
El heredero del viento
Gustavo Patiño
Por los caminos, Heredero del viento, Norte grande, Danza de las estrellas, Y saldré a buscarte, El chicapeño, Tuyo es mi corazón y otros (DBN).
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