
Los Decadentes en una noche rara, como encendida
La banda estaba de gira con NTVG cuando ocurrió el accidente del tecladista del grupo uruguayo

NUEVA YORK.- Cerca de las nueve de la noche del jueves último, Jorge Serrano se subió al escenario del B.B. King Theater & Grill, en Nueva York, y se acomodó junto a un micrófono. "Les tengo que decir una cosa -empezó Serrano, colíder de Los Auténticos Decadentes-. Escúchenme bien. Marcel Curuchet, el tecladista de No Te Va Gustar, tuvo hace un rato un accidente en la ruta, llegando a Nueva York. Los chicos de la banda están con él, acompañándolo en el hospital. Por eso hoy lamentablemente no van a tocar."
En este clima raro, de decepción por la ausencia de los uruguayos No Te Va Gustar y preocupación por la salud de Curuchet (que finalmente falleció dos días después, en un hospital de Nueva Jersey), pareció que Los Auténticos Decadentes, una banda que no convive bien con el luto ni la circunspección, podía tener problemas para generar un buen ambiente en su segunda presentación en Nueva York, donde 1200 personas habían agotado las entradas para verlos.
Pero los Decadentes, que llevan 25 años haciendo esto, mostraron entonces su oficio. Dedicaron el recital a su colega, le desearon lo mejor a la banda ausente y enseguida se lanzaron, en la ciudad donde se inventó el lema "El show debe continuar", a su carrusel irresistible de circo, canciones y fiesta. Un cuarto de hora más tarde, cuando ya habían pasado "Cómo me voy a olvidar", "Los piratas", "Pendeviejo" y "Corazón", nadie se seguía preguntando si la cancelación de No Te Va Gustar iba a tener algún efecto.
El B.B. King Theater & Grill es una cadena de restaurantes y salas de conciertos vagamente asociadas a B.B. King y poco preparadas para los recitales de rock. El escenario es mínimo, y a pocos metros, adelante y a los costados, hay varias hileras de boxes, donde se supone que uno mira el espectáculo tomando cerveza o vino blanco y comiendo rabas o alitas de pollo. Los 13 Decadentes, apretujados sobre el poco espacio disponible, parecían disfrutar de estas pequeñas incomodidades. El lugar, con sus marcas de lujo barroco -asientos de cuero, cortinas y tapizados bordó, columnas de madera-, tenía una extraña atmósfera de cabaret ochentoso, algo que, si lo detectaron, seguramente le debe haber de hecho mucha gracia al grupo que hizo famoso el estribillo: "Después del cabaret, nos vamos para el sauna".
Lo mejor de los recitales de Los Auténticos Decadentes es que si uno ha estado apenas atento a la cultura popular de los últimos veinte años en la Argentina igual conoce de memoria casi todos los estribillos, que han quedado indelebles, como fósiles, en la memoria. Y es imposible no reconciliarse con ellos. Aun aquellos que, como este cronista, consideraban a los Decadentes miembros fronterizos del rock, más del lado de afuera que de adentro, no podían evitar sonreír el jueves cuando escuchaban a Cucho, quizá parodiándose a sí mismo, cantando-recitando líneas como: "Tuve un problema de difícil solución, en una época difícil de mi vida".
El público -multinacional, pero sobre todo argentino, uruguayo y mexicano- agradecía todo. El público de los recitales en Estados Unidos, un poco inseguro de su estatus en el cosmos cultural latinoamericano, sólo tiene un requisito para sus artistas: que parezcan contentos de estar ahí. Todos los exiliados o emigrados se sienten un poco desplazados, fuera de lugar, y por eso tienen expectativas enormes para estas visitas, que los reconectan con el lugar que dejaron atrás ellos o sus padres. Los Decadentes, muy populares en casi toda América latina (cerraron su gira el domingo en Miami), lo hicieron muy bien, tocando todas las canciones que tenían que tocar y con la energía intensa pero alegre que se esperaba de ellos.
En lo técnico, el recital tuvo altibajos, especialmente con el sonido, que pareció fallar en media docena de ocasiones. "Un osito de peluche de Taiwán", que casi siempre funciona muy bien en vivo -ver en YouTube la interpretación el año pasado en el Palacio de los Deportes de Ciudad de México-, sonó descascarada y plana. Un momento alto fue "La prima lejana", una canción que, con su mezcla de Los Abuelos de la Nada (por la melodía) y Los Ladrones Sueltos (por la letra), define bastante bien el costado pop del grupo.
Después de tantas horas de espera y recital, el público terminó bastante borracho. "¡Están todos remamados!", dijo el percusionista Martín Lorenzo cuando quiso hacer cantar (y fracasó) a los tipos y chicas que tenía adelante. La gente ya había empezado a rociarlos (y a rociarse) con cerveza y a tirarles el agua que había quedado en los tachos de hielo para las botellas de champán. Los Decadentes reclamaron por una mínima incomodidad ante tanto despelote, pero insistieron poco. Un grupo que le puso "La bebida, el juego y las mujeres" a una de sus canciones tiene poca autoridad moral para reclamar moderación.
NTVG, de duelo, suspendió su gira
Tras la muerte de su tecladista, la banda aclaró en Facebook que no tiene relación con la colecta de dinero que se está haciendo para los familiares de Curuchet. "Los gastos de hospital, traslado del cuerpo y otros asuntos están siendo gestionados por la banda y serán resueltos en breve."