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Spinetta era un enamorado del diseño automotriz, fascinación que arrancó desde la cuna cuando, a metros de la casa natal, los prototipos bravos de turismo carretera volaban por Figueroa Alcorta. Por aquellos años, la avenida se convertía –por unos días– en uno de los tramos más importantes del circuito callejero porteño y los vecinos de Bajo Belgrano vivían las jornadas de pruebas y carrera como eventos únicos para disfrutar de cerca a Juan Manuel Fangio o a los hermanos Gálvez. Luisito estaba más cerca de Fangio, que ya era una estrella internacional con varios campeonatos de Fórmula 1 en el bolsillo. Ahí nace un proyector a mano alzada de diseños precoces sobre autos futuristas, y parte de esa facilidad y genio para el dibujo pudo apreciarse en la muestra Spinetta, los libros de la buena memoria, realizada en 2012 en la Biblioteca Nacional: los dibujos impresionan por su calidad y detallismo, algunos de ellos, incluso, Spinetta los envió a fábricas automotrices, y varios entendidos en la materia sostienen que los modelos anticipaban los futuros proyectos del prestigioso estudio de diseño turinés Italdesign. En su mayoría hechos a mano y con una simple birome, por lo general ilustraban poemas o cuentos mínimos, y tenían un estilo agresivo y futurista similar al que conoceríamos varios años después a través de Meteoro y su fabuloso Mach 5.

Perfeccionista, por ahí pasaba el ojo y el deseo que se trasladaba a las canciones y tenía en los autos un modo de revelación más contemplativa. "Yo tuve algunos buenos autos y sé lo que es tener un auto hermoso. Pero básicamente los autos, para mí, son para mirar. Son objetos bellísimos. Eso empezó con Fangio pasando a dos cuadras de casa", revelaba Spinetta a Rolling Stone en una entrevista de 2001. Tuvo un Fiat 600 de color celeste, que fue el vehículo favorito de los Pescado Rabioso y que duró hasta la etapa de Invisible. En el inventario memorioso también aparecen un Toyota Celica, un Volkswagen Escarabajo, un Ford Farlaine y hasta un Renault Clio. Pero es el Mercedes-Benz gris plata el más querido de una escudería exigua que volaba alto en los dibujos y nunca llegaba a pisar a fondo. Lo suyo era la admiración frente a la ingeniería teñida de arte.
"Mi viejo Mercedes bajo los árboles...", la frase del texto que acompañaba la edición de Kamikaze, era el intento de Luis Alberto Spinetta por explicar no sólo el sentido de los pilotos nipones al mando de los temibles Zero, sino también el clima bucólico de un disco con sabor a madera y ambiente familiar ("Los hijos de Lebón y los míos" jugaban en el parque), mientras los estudios Del Cielito parecían el mejor refugio para aquel abril en guerra de 1982. El Mercedes en cuestión es una coupé 280 SE 3.5, el primer Mercedes-Benz con motor V8, construido entre 1969 y 1971. Como no podía hacerse cargo de los altos costos de mantenimiento, Spinetta le vendió a Héctor Starc la máquina alemana que hasta hoy el guitarrista conserva en perfecto estado. Alfa Romeo era su marca favorita, en los 80 solía tocar con una remera de esta marca italiana, y nunca abusó del acelerador. Al contrario, hasta sus últimos días encabezó la campaña de seguridad vial Conduciendo a Conciencia, una iniciativa impulsada por los padres de las víctimas del Colegio Ecos.

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