Horacio Molina retoma su ciclo musical en la Casona del Teatro
Actuará los sábados, a las 23, con el guitarrista Jorge Giuliano
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De tanto en tanto Horacio Molina vuelve a la palestra. Y es bueno que esto ocurra, porque el cantante es un ilustre referente de nuestra música popular.
Pocos como Horacio lloraron la muerte de Oscar Cardozo Ocampo, un músico y una persona totalmente fuera de serie y querido de verdad por todos: amigos, colegas, críticos.
Molina estaba justamente ensayando el repertorio que ofrecería, junto al piano de Cardozo Ocampo, en los conciertos de los sábados a las 23 en La Casona del Teatro, Corrientes al 1900. Fue entonces que sucedió el tremendo y mortal accidente en uno de los viajes de Oscar por el Chaco.
"Oscar estuvo muy involucrado en mi vida, desde el cancionero romántico hasta el tango. Yo lo había conocido en el año 1964, cuando formaba parte de un cuarteto vocal con Galo García y los hermanos Techeiro. Y su muerte me sorprendió cuando estaba terminando de dar forma a una idea que yo alentaba desde fines del año pasado: festejar mis cuarenta años con el canto junto a importantes músicos amigos en una linda sala. Y viene a pasar esta desgracia. Pero no quiero volverme necrológico ni exhibir ni menear ahora mi profunda amistad humana y musical con Oscar."
- Dijiste cuarenta años...
-Así es. Hace cuarenta que empecé a cantar profesionalmente. El hito fue la grabación de un disco. Me impulsaron algunos amigos del jazz, como Oscar López Ruiz, el Gato Barbieri, Baby López Fürst... Fue un disco que grabé en RCA, cuando estaba de director artístico Víctor Buchino. Me acompañó en piano Sergio Mihanovich. Con él hicimos canciones románticas y temas de Sergio. Allí me contrataron del sello. Aquella era otra época: en las discográficas había directores artísticos músicos (Buchino era compositor y director de orquesta), había una infraestructura para apoyar al artista con la prensa y la difusión. Ahora se hace todo a pulmón.
- Tu repertorio tenía que ver con la época de lo romántico...
-Pero me gustaba hacerlo en esos comienzos de los años sesenta, sin caer en lo comercial. Tampoco traicionaba los sentimientos de mi corazón.
- ¿Cuándo sobrevino el tango?
-En 1974 tomé la ruta del tango y desde ese momento se convirtió en una predilección. Sobre todo cuando viví en Europa en esa segunda mitad de los años setenta. En esos siete años que viví en París sentía la necesidad de representar a mi país junto al bandoneón de Juan José Mosalini, al piano de Gustavo Beytelman y a la guitarra de Ciro Pérez. Pero no sólo hice tangos. El exilio me abrió totalmente la cabeza, me enseñó enormemente desde lo humano hasta lo profesional; me marcó muchísimo y me enriqueció porque fue una nutriente cotidiana de modos, de estilos, de cultura. Me encontré con gente idónea en muchos aspectos del arte.
- ¿Quién te acompañará en los conciertos de La Casona?
-El guitarrista Jorge Giuliano. Cuando murió Oscar desistí. No tenía ánimo para hacer nada. Entonces amigos míos como Julia Zenko, Teresa Parodi y Marcelo Simón me empujaron y me dijeron "te vamos a ayudar". Y haré parte de mi repertorio, que es muy amplio. Abarcaré, por ejemplo, boleros que cantaba con Oscar al piano, y que esta vez me acompañará Sergio Mihanovich. En el resto haré mucho del material discográfico que tengo con Oscar junto a Jorge Giuliano, entre ellos tango. Para esta parte invité a la guitarrista Analía Rego y a la bandoneonista Susana Ratcliff. En realidad no quiero decir qué temas cantaré. Habrá muchas cosas imprevistas. Además habrá varios invitados sorpresa que prefiero no mencionar. Por supuesto quiero que esté Galo García, un músico completo y una bellísima persona, que es otro amigo mío del alma y lo fue de Oscar. Todos serán bienvenidos, porque son del mismo palo. Puede estar, por ejemplo, el pianista Oscar Alem...
- Será, quizá, un implícito homenaje a Oscar...
-Quiero evitar esto de homenaje al amigo muerto. No quiero que suene a eso porque no me gusta el morbo. Los recitales han de fluir libre de esquemas. Elegiré los temas del alma, los que hablan de alegrías y tristezas. Y trataré de no pensar demasiado en la falta de Oscar, de aquellos discos que hicimos juntos, como "Clásicos", "Molina tango" y "Tango canción", que fueron las primeras incursiones de Oscar por el tango. Algo que me copa de estas presentaciones es que será sin humo de cigarrillos, sin corchos de botellas y sin puertas que se cierran y se abren. Eso me fastidia y me distrae siempre.
Horacio Molina se muestra positivo, a pesar del dolor, con el que se resiste a medrar. Sus más recientes presentaciones las tuvo en Clásica y Moderna, el año pasado. Mientras tanto espera que en el Viejo Mundo salga un par de discos suyos que editarán prestigiosas compañías.
-Estoy contento de repasar estos cuarenta años, entre otras cosas por reencontrarme con gente que me quiere (y a la que voy a recibir con mucho cariño), por actuar en un lugar precioso y porque esa hora de los sábados a las 23 es buenísima para cantar entre amigos.
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