Gal Costa y la intimidad de un show acústico
Como lo viene haciendo desde que se instaló en el primer plano de la música brasileña, Gal Costa -no se cansa de decirlo- canta lo que siente, lo que le dictan su corazón y su cabeza; sin prestar atención a la moda o al mercado. Lo demuestran sus álbumes más recientes: un homenaje a la bossa nova (Gal canta Tom Jobim); un delicioso recorrido por la mejor tradición del samba (Todas as coisas e eu) y una colección de temas inéditos donde privilegió el trabajo de nuevos poetas y compositores (Hoje), y con la que, de paso, cambió las voces críticas de quienes la acusaban de falta de actualización por elogios entusiastas.
Esta Gal de hoy, clásica y moderna, con la voz tan cristalina como siempre ("es el reflejo de mi alma joven", dice), y con el confesado deseo de exponer su lado más cool, es la que subirá a escena hoy y mañana al Gran Rex, con un programa que promete atender especialmente al samba y la bossa nova sin descuidar los títulos que señalaron hitos en su carrera y que, ya se sabe, son los que el público local suele reclamarle. Entre ellos, claro, "Un día de domingo".
Acaban de disfrutar de su canto los numerosos fans que por años la esperaron en Córdoba -es la primera vez que se presenta en la provincia mediterránea- y los no menos entusiastas de Rosario, que anteanoche la aplaudieron en el teatro El Círculo. Allí llegó con el mismo cuarteto instrumental que la viene acompañando desde que inició en Portugal una extensa gira y el que estará con ella en los dos recitales del Rex: Marcus Teixeira en guitarra, Spok en saxo, Adriano Giffoni en bajo y Jurim Moreira en batería. "El formato acústico es el que más se acomoda a mi estilo y en el que me siento más cómoda; yo soy una cantante muy cool, muy intimista, y aunque he transitado por géneros muy diferentes en mi carrera, éste es el estilo ideal para mí", había declarado poco antes de viajar a nuestro país.
Los argentinos la conocen bien ("Por eso me gusta volver -dice ella-: aquí me siento como en casa"), y conocen sus múltiples faces: la Gal jubilosa, sensual y extravertida que invita a la fiesta al ritmo de frevos, marchas y baiones; la de perfil más rockero que se manifestó desde la época en que sonaba como una Janis Joplin tropical y brilló en los blues de Djavan, de Caetano o de Chico; la que sabe extraer el sentimiento, la alegría, la picardía o la nostalgia del samba y el choro; la que pone su musicalidad exquisita al servicio de la bossa o rescata la pureza del folklore bahiano en lecturas refinadas como la de aquella "Fruta gogóia" que abría el recordado Fa-tal y hace poco ha devuelto a su repertorio. De "Antonico" a "Festa do interior"; de "Balancê" a "Falsa baiana", de "Força estranha" a "Vaca profana", son muchísimos los títulos que Gal debería incluir en su show para satisfacer los gustos de todos sus fans.
Ella ha querido favorecer un encuentro más íntimo. Y para ese estilo confidencial, que busca la complicidad con el oyente, es decisivo el clima creado por los instrumentos. "Con este cuarteto -ha dicho Gal- hay una química gracias a la cual podemos emprender todo un viaje sensitivo en el escenario."
Un viaje que -puede anticiparse- se detiene largamente en la bossa nova, con títulos insoslayables como "Chega de saudade", "Garota de Ipanema", "Desafinado" o "A felicidade", pero también incluye temas de Veloso, Buarque, Paulinho da Viola o Dorival Caymmi y deja espacio para que se cuelen unos cuantos de los hits que la seductora bahiana impuso en una carrera que ya cumplió 40 años.



