
El virtuosismo como estilo en sí mismo
El joven violinista Xavier Inchausti demostró que puede cotejar con Niccolò Paganini por un mejor resultado
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Recital de Xavier Inchausti, violín. Programa: Paganini: 24 caprichos para violín solo, op.1. La Bella Música. Hotel Sofitel. Nueva función: hoy, a las 20.30. Informes, 4131-0100.
Nuestra opinión: bueno
Cuando un artista decide ofrecer una integral o una colección completa se enfrenta, por lo menos, con dos temas centrales. El primero y más primario es el técnico. Pasar por todas las sonatas para piano de Beethoven o por todos los cuartetos de Bartok implica un desafío técnico especial, arduo, titánico. El segundo, tal vez menos embrionario pero, sin lugar a dudas, también esencial, es el interpretativo, un campo mucho más abstracto e inasible. En los dos casos de integrales citadas, por ejemplo, abundan las distancias estéticas e idiomáticas y se pueden y deben sondear en las diferencias que hacen que cada una de las obras, individualmente tomadas, tenga su propia identidad, su propio perfil. Sería un error básico enfrentar a cada una de las unidades de ambos ciclos con el mismo tipo de lectura.
Si bien el reduccionismo siempre conlleva un riesgo, quizás indefendible, se puede afirmar que, con los Veinticuatro caprichos de Paganini, todo queda restringido al primer aspecto, el de las cuestiones técnicas. No hay en esta colección otro objetivo que el del impacto, el de la demostración fehaciente de capacidades violinísticas para asombrar al prójimo. La poesía, el melodismo del bel canto y las variantes y contrastes formales, texturales y conceptuales que se encuentran en sus conciertos o en sus piezas para violín y piano, están reducidas a una mínima expresión en estos Caprichos . La idea, acá, es sacar músculos, exhibir destrezas y habilidades para pasearse por dobles cuerdas, pasajes de velocidades increíbles, octavas y décimas en el grave y en el agudo, adornos, acordes y las otras mil pirotecnias que Paganini sacó de la galera para instalar el virtuosismo en el mundo de la música como un estilo en sí mismo. Y para hacer todo esto hay que ser un virtuoso consumado.
Si el propósito, entonces, es éste, cualquier error que aparezca en la ejecución va en detrimento de la exhibición, término este muy poco apropiado para un concierto pero sumamente pertinente para este tipo de recital. Y, ciertamente, a lo largo de los Veinticuatro caprichos , Xavier Inchausti incurrió en demasiados deslices, desafinaciones, impurezas y yerros que deslucieron su presentación. Para que también quede en claro, sólo por haber tocado todas las notas de cada una de estas piezas de dificultad extrema, de provocaciones feroces y de crueles complejidades técnicas, Xavier, que no hay que olvidar que sólo tiene 17 años, merece el elogio, el aplauso y la aclamación. Sin vueltas. Pero, en términos deportivos, si nos paramos frente al campeón no es para hacer un mero papel digno sino para vencerlo. Y en esta ocasión, pareció que Paganini salió victorioso y con cierta holgura.
Bienvenida bisagra
En la primera parte del recital, hubo momentos esplendorosos, con un violinista queriendo demostrar sus innumerables capacidades. Pero abundaron las desafinaciones, incluso, en pasajes lentos, y se percibieron asperezas y sonidos destemplados también. Tal vez, por la suma de inexactitudes, el punto más bajo del recital haya sido el Capricho Nº12 que abrió la segunda parte. Pero, como bienvenida bisagra, a partir de este punto, Xavier comenzó a demostrar que, efectivamente, puede cotejar con Paganini por un mejor resultado. Más firme, menos errático, más interesante, comenzó a cosechar cada vez más aplausos al final de cada uno de los caprichos. Cuando llegó hasta el último, el celebérrimo Capricho en La menor , un tema con variaciones que se aparta del eterno y monocorde molde tripartito del A B A que está invariable y tedioso en los veintitrés anteriores, Xavier estaba más suelto, más seguro y más convincente.
Después de los aplausos, Xavier tocó la fuga de la Sonata para violín solo en Sol menor , de Bach, y la Sonata Nº 3 "Ballade" de Yasÿe, dos obras que requieren una lectura que vaya mucho más allá de cuestiones técnicas y que hubieran merecido otros toques, otras interpretaciones y otras indagaciones. Con todo, a pura destreza, Xavier, que tiene todo el futuro por delante, continuó recogiendo ovaciones.
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