
Dos pianistas para Fausto Zadra
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Concierto en homenaje a Fausto Zadra , por los pianistas Volker Ziemendorff y Ana Laura Stampalia. Programa: "Kreisleriana" (Phantasien), Op. 16, de Schumann; Andante con variaciones en Fa menor, de Haydn; Suite Française d´aprés Claude Gervaise, de Francis Poulenc, y "Sarcasmos", de Sergei Prokofiev. En el Museo de Arte Hispanoamericano I. Fernández Blanco.
Nuestra opinión: muy bueno
Buenos Aires no estuvo ausente del homenaje múltiple que se tributó en treinta y siete ciudades europeas al pianista argentino Fausto Zadra, en una celebración póstuma por el 69° aniversario de su nacimiento, organizado por nuestra compatriota, la pianista Mirta Herrera.
Fallecido el 17 de mayo de 2001 mientras ofrecía un concierto en una sala de Roma, Zadra representó y legó una escuela pianística italiana con innumerables vástagos, siendo uno de los más distinguidos representantes y discípulos del eminente Vicente Scaramuzza en la Argentina y uno de los que hicieron reverdecer sus lauros en Italia, el país de origen de aquél.
Estuvo a cargo de dos pianistas arraigados en nuestro país, el alemán Volker Ziemendorff -discípulo directo de Zadra en Italia, así como de Yara Bernette y de Wilhelm Kempff- y de la pianista argentina Ana Laura Stampalia, cuya formación se debió a la recordada Galia Schalman en nuestro país, y en Europa a otros eminentes maestros italianos como Guido Agosti y Arturo Benedetti Michelangeli.
El concierto constituyó, más allá del homenaje recordatorio, una audición musical de suficientes méritos como para destacar la jerarquía del arte pianístico en nuestro medio. La diversidad de las obras ofrecidas constituyó una muestra ecléctica que tuvo carácter por sí misma, comenzando con la "Kreisleriana" (Phantasien), Op. 16, de Schumann, por momentos tan tumultuoso y apasionado como en el Carnaval, Op. 9, pero con la presencia activa de la imaginación del poeta Hoffmann y su fantasmagórico doctor Kreisler, personaje que inspiró estas fantasías para piano.
El pianista Volker Ziemendorff las abordó con propiedad, con pulcritud y honestidad intelectual y un distanciamiento reflexivo que impidió los habituales desbordes en el cambiante carácter de cada uno de sus ocho episodios musicales. Con ello, Ziemendorff privilegió la arquitectura y la unidad formal de la obra, su exposición prolija y detallada en el fraseo, a la inmediatez de los estados sentimentales -algunos encendidamente apasionados y acentuados por el movimiento- que evoca.
La segunda parte del concierto, a cargo de Ana Laura Stampalia, con obras de varios compositores de épocas y estilos distintos al romántico. Stampalia recreó desde el comienzo, con el Andante con variaciones en Fa menor de Haydn, una relación con el teclado claramente afincada en la nitidez y pureza sonoras que hizo recordar aquel aserto que asegura que en el fondo de la tecla yace la belleza.
Calidad estilística
Escuchar a Stampalia tocar el piano reactualiza esta incuestionable verdad; a partir de la pureza sonora ella sabe recrear el universo de las formas sonoras de manera inequívoca. Las relaciones estructurales y armónicas más auténticas y profundas surgieron así a la luz con las Variaciones de Haydn, a las que se situó en su verdadera jerarquía estilística, con claro discernimiento de quien redescubre el universo expresivo del gran músico austríaco anteponiéndolo cronológicamente a los mundos sonoros de Mozart o Beethoven.
Con tal inteligente perspectiva, Stampalia dio nueva vida al mundo reflexivamente dramático, y siempre imbuido de equilibrio clásico, de Haydn. La perfecta coordinación de sus medios técnicos y expresivos, sin perder de vista la idea elegida, distinguió siempre lo esencial de lo accesorio, aunque sin descuidar la gracia y la elegancia de cada variación, en una recreación pocas veces escuchada en nuestro medio por el dominio de la forma y su expresión musical.
En la poco frecuentada "Suite Francaise d´aprés Claude Gervaise" (XVI siécle), el lenguaje directo de Francis Poulenc, ajeno a toda complejidad lingüística, se orientó hacia el pasado francés pleno de colores arcaicos, de cantos y danzas profanas, con la sonora exterioridad del "Branle de Bourgogne" -con toques ravelianos-, o la bulliciosa "Petite marche militaire", o aun el arcaísmo de la "Pavane", que no excluye en su armonía ácidas disonancias; el cuidado sonido de "Complainte" o el tono festivo impreso al "Carillon" final con el tañido de pífanos y un acertado juego de planos sonoros recreó todo un pequeño mundo sonoro de significativas reminiscencias musicales.
Finalmente, con "Sarcasmos", de Prokofiev, la pianista reflejó nítidamente la nueva relación que el compositor establece con el teclado, su vigorosa vitalidad, su virtuosismo ajeno a toda ambigüedad de estilo, la seca rotundidad de sus líneas, su enérgico dinamismo rítmico y el acertado tratamiento de la percusión como género de toque para obtener determinados timbres sonoros, como aconteció desde el inicial Tempestoso. Los osados y precisos arpegios del Allegro rubato que siguió acentuaron la filosa ironía de Prokofiev y hasta su grotesco sarcasmo, que en el Allegro precipitatosiguiente se convertiría en la expresión de una toccata con acordes violentos y disonantes. El Smaniosofue un desafío a la imaginación que Stampalia afrontó con holgada musicalidad, característica de su depurado juego pianístico en el que se advierte un amplio margen para abordar las más diversas propuestas estéticas de la modernidad.
En síntesis, fue un homenaje que hizo honor a la personalidad y la trayectoria de excepcional músico argentino.
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