
Antonio De Raco, un motor en marcha
Para celebrar su cumpleaños, el domingo, en el Teatro Colón actuará junto a la Orquesta Filarmónica
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El Salón Argentino, el célebre local de la calle Rodríguez Peña, fue escenario ilustre de grandes eventos de la vida porteña. En función de su perfil popular, consolidado en los años 40 y 50, pocos lo deben relacionar con la música académica. Sin embargo, entre milongas tangueras y saraos multitudinarios varios, cuando era el Salón La Argentina, el martes 11 de octubre de 1932, albergó el debut artístico de Antonio De Raco. El afiche que promocionaba el concierto "del joven pianista" lo muestra serio, con anteojos de marco redondo y vistiendo pantalones cortos. El muchacho ya tenía 17 años pero su profesor, Vicente Scaramuzza, decidió que, para impresionar mejor al público había que demostrar precocidad. En realidad, a la distancia, lo que causa conmoción no es el aspecto del concertista, sino los contenidos de un programa colosal que incluía la sonata "Aurora", de Beethoven, la Toccata de Schumann, la Fantasía en fa menor, de Chopin, tres estudios de Liszt, "Juegos de agua", de Ravel, y una serie de piezas de Albéniz.
Setenta y tres años después, De Raco ya no luce anteojos, la seriedad dio paso a una sonrisa que le brota rápido y no usa más pantalones cortos. El próximo 21 de agosto, el pianista de la larga fama nacido en Calabria, el gran maestro, cumple noventa y, para celebrarlo, como corresponde, ofrecerá un concierto en el Colón, junto a la Filarmónica de Buenos Aires. A la distancia, este evento tiene algunas similitudes con aquel recital lejanísimo. El mismo ocupará el lugar de Scaramuzza y sus jóvenes "alumnos", aunque el mayor de ellos ya tiene vida propia y, ciertamente, muy frondosa; serán Iván Rutkauskas y Horacio Lavandera. Pero habrá una diferencia esencial. En aquel martes de 1932, cuando el Salón estaba colmado y era el tiempo del comienzo, le dijo a su maestro: "Bueno, vamos". Scaramuzza le contestó: "Sales tú, yo me quedo aquí". Este domingo, tampoco el maestro saldrá ni con Iván ni con Horacio, pero sí los sucederá ya que será el encargado de cerrar el concierto, tocando el segundo movimiento del Concierto Nº 2 para piano y orquesta de Chopin.
A los noventa, De Raco no sólo puede tocar en el Colón sino que, además, conserva la memoria intacta para recordar, por ejemplo, cuáles han sido los hechos que marcaron su carrera. "Mi primer paso importante fue haber obtenido un concurso que se hizo en Radio Municipal, con un jurado en el cual estaba Juan José Castro. Yo tenía 18 años y la premiación hizo posible mi debut, ese mismo año, en el Colón. Toqué el Concierto para piano Nº 2, de Brahms."
El recuento de los hitos continúa en la década del 40. "A mi regreso de una gira por Mendoza, fui invitado por Radio El Mundo para tocar el tercer concierto para piano de Beethoven, junto a la orquesta de la emisora que dirigía Roberto Kinski. Fue un éxito significativo, tanto que tuvimos que repetirlo a la semana siguiente. Ahí mismo fui contratado para hacer un ciclo de conciertos con orquesta al año siguiente. Esto obligó a que ampliara significativamente el repertorio. Mi carrera comenzó en la radio."
Pero Antonio no se quedó en la radio, sino que salió a recorrer el país. "La buena fortuna hizo que me llovieran propuestas de todas las provincias. En una oportunidad, en menos de tres meses, di cincuenta y nueve conciertos. Tocaba casi todos lo días. Era una vida de pianista itinerante." Las giras se extendieron luego hacia otros países americanos y, más adelante, hasta España, Holanda, Francia, Alemania, Rusia y Suecia. En 1956, cuando se cumplían los doscientos años de la muerte de Mozart, De Raco sumó otra epopeya radial: "Hice todos los conciertos para piano y orquesta de Mozart, con la orquesta de Radio El Mundo, dirigida por Washington Castro". Antonio también quiere señalar como trascendente, en lo personal, su recital en Carnegie Hall, donde tocó obras de Mozart, Chopin, Ginastera y los "Valses sentimentales", de Ravel. "Si bien no tuvo una proyección posterior, para mí, haber tocado en el Carnegie Hall fue inolvidable".
Mientras tocaba, Antonio también comenzó a enseñar. "La docencia fue siempre una vocación. Aunque debo reconocer que, al principio, no atiné a darme cuenta de qué enseñaba. Mi primer alumno de madurez fui yo mismo. Luego de verlo a Backhaus en el Colón tocando con una soltura que yo no lograba conseguir, me puse a trabajar durante unos diez años para erradicar las causas de un cansancio que inevitablemente me sobrevenía y que implicaba tener un enemigo adentro de ti que te aparta de lo que tenés que pensar y hacer. En paralelo, también dejé de sentir a la música como un mar que debía inundarme pasivamente y empecé a estudiar cada uno de sus componentes para poder comprenderla en su intimidad y así interpretarla. Es el músico quien debe ir hacia la obra de una manera consciente y sensible. Después sí, me parece, pude abordar una pedagogía musical más integral."
Antonio pasa lista a los pianistas que más lo impactaron. El primero que nombra es Rubinstein. Y después la lista sigue con Backhaus, Kempff, Horowitz, Arrau y Gulda. Sobre cada uno de ellos emite una opinión. En esas meditaciones, se encuentra, tal vez, la esencia del dinamismo de un músico que ha sido central en la vida musical argentina a lo largo de más de setenta años. "En su momento, cada uno de ellos me impactó increíblemente. Sin embargo, cuando escucho ahora aquellas interpretaciones, ninguna me conforma. Es que dentro de uno hay una especie de motor que sigue andando y que sigue descubriendo cosas mientras aquello se ha quedado allá, como clavado y lejos."
Antes de la despedida, le preguntamos qué se imagina que estará haciendo cuando cumpla los cien. Se ríe abiertamente y emite un último pensamiento: "Siempre concebí a la vida como el horizonte. No tiene final. Yo nunca pensé que mi carrera se acercaba a un límite. Siempre sentí que podía seguir avanzando y creciendo". Más serio, agrega: "Supongo que en los próximos años cada vez estaré más dedicado a la docencia que a la práctica instrumental". Y vuelve a reírse cuando concluye: "Pero nunca se sabe".
Para agendar
- El concierto de homenaje a Antonio De Raco tendrá lugar el domingo, a las 11, en el Teatro Colón. Iván Rutkauskas tocará el Concierto Nº 2 para piano y orquesta, de Rachmaninov, y Horacio Lavandera, el Concierto en la menor, de Grieg. Cerrará De Raco con el Larghetto del segundo concierto para piano de Chopin. La Orquesta Filarmónica de Buenos Aires será dirigida por Carlos Calleja y las entradas cuestan entre $ 5 y $ 25.
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