La maratón de los Carabajal
Espectáculo el "Carabajalazo". Calos Carabajal y Carlos Saavedra, Peteco Carabajal, Cuti y Roberto Carabajal y el grupo Los Carabajal. Estadio Luna Park. Nuestra opinión: Buena
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Al final de la maratón folklórica de más de tres horas de duración, con el público extasiado, batiendo palmas o bailando en los pasillos con la chacarera "Entré a mi pago sin golpear", toda la historia musical de la familia Carabajal había pasado por el escenario. Músicos de última generación como Demi Carabajal, con el pelo pintado de azul y anteojos negros, hasta la primera generación de músicos simbolizada en Carlos Carabajal, paisano de pañuelo al cuello y voz quebrada, autodenominado el padre de la chacarera, confluyeron en una reunión histórica.
No faltó ninguno de los temas que forman parte indisoluble del cancionero criollo y que ocuparían los primeros puestos dentro de un imaginario ranking folklórico: chacareras que revelaron formas, estilos y letras muy diferentes entre sí, hasta algunas que cayeron en lugares comunes, donde quedaron expuestos todos los secretos de un mismo ritmo.
Tampoco faltó ninguno de los integrantes de esta familia -salvo Agustín Carabajal el primero que incursionó en los sonidos de su lugar- que ha proyectado la música y las coplas de Santiago del Estero, siguiendo de alguna manera el puntapié que había dado en los veinte el creador Andrés Chazarreta (cabe aclarar que hay muchos nombres más que son imprescindibles dentro de la música santiagueña, los Carabajal no son los únicos).
Por eso, también estuvo presente otra familia de estirpe, pero de bailarines, como los Saavedra: Carlos, Koky y Pajarín, animaron el canto y la música con sus endiablados movimientos y su danza ritual. Y lo largo del recital aparecieron otros personajes circunstanciales que aportaron poco, salvo el color local como Aurelio Gramajo o el "mini" bailarín Coquito, un infante que apenas le llegaba a la cintura a su compañera de baile.
Dentro de una escenografía con luces y pantalla gigante de video, extraño a su paisaje de monte o patio de tierra, Carlos Carabajal y Carlos Saavedra, dos instituciones del folklore, se olvidaron de las realtividades geográficas y desparramaron sus chacareras "primitivas" y señalaron el camino al resto de los músicos y bailarines.
Sus discípulos, hijos y sobrinos, fueron pasando uno tras otro por el escenario, mostrando los diferentes caminos que pueden tomar las nuevas generaciones: unos en la música y otros en el baile. Mientras un locutor relataba la historia de la familia y arengaba a los músicos cada vez que aparecían en el escenario, para mantener la temperatura de un recital que tenía un clima más cercano al de los festivales
Estilos distintos
Los más "modernos" Cuti y Roberto Carabajal, se despacharon con un sonido enmarcado dentro de las melodías y los solos del saxo y la flauta traversa de Guillermo Arce, la percusión de Camilo Carabajal y los finísimos arreglos del pianista Eduardo Spinassi, que le dieron vuelo a chacareras como "Ashpa Sumaj" o "La pucha con el hombre", una de las creaciones más logradas del dúo. Los Carabajal, liderados por Musha y Kali, más convencionales, ensayaron un estilo a cinco voces que mostró niveles desparejos. Eso sí, cuando les tocó el turno de atacar con furibundas chacareras el grupo logró la adhesión total de la gente. Hasta se dieron el lujo de hacer una chacarera cordobesa de Ica Novo "Del norte cordóbes", que sonó exótica entre tantos símbolos santiagueños como el salitral o el algarrobal.
Peteco Carabajal, la inspirada y más perfecta síntesis entre la proyección y la tradición, se encargó de extrapolar el paisaje de su lugar natal y llevarlo con mano dúctil y potente hasta ese trazo universal que encierran sus canciones. El músico se apoyó en la destacada labor del bandoneonista Juan Carlos Marín, en la marcada acentuación de la percusión a cargo de Demi Carabajal, y en la totalidad de un grupo ecléctico que supo redondear todas las ideas que Peteco soltó en escena.
El cantante, además, presentó las canciones de su nuevo disco "Andando". Pasó de la encendida chacarera "Voy andando", a los minuciosos arreglos en "La finadita", de su padre Carlos y los Hermanos Díaz y recreó la zamba "Ya me voy", de Julio Argentino Jerez (otro patrimonio santiagueño). El músico se calzó el bajo y la guitarra o tocó el violín y hasta la quena para crear los climas justos. Y su set fue el más contundente y por lejos el mejor. Pero cada una de estas propuestas bien diferenciadas se reunió en un mismo grito santiagueño cuando entre set y set Cuti, Roberto, Peteco, Musha y Kali, se juntaron en el escenario para conciliar la mística familiar y fundir en una sola música las diferentes personalidades de cada uno.
La gente los ovacionó cuando tocaron y cantaron las canciones que los popularizaron como: "Mi abuela bailo la zamba", "Como pájaros en el aire", "Embrujo de mi tierra", "Perfume de carnaval", "La telesita"y "Puente carretero". Juntos lograron los picos del concierto y transmitieron el clima festivo de las reuniones familiares en la ciudad de La Banda, donde suenan zambas y chacareras y se baila hasta el amanecer.
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