
La gente detrás de la guerra
Bodrov: el cineasta ruso explica cómo abordó en "Prisionero de las montañas" el costado humano de un conflicto bélico.
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"Es un film sobre la guerra, pero puse el acento en lo que pasa detrás de ella. Es una película sobre la gente y no sobre las batallas", dijo en diálogo telefónico con La Nación el cineasta ruso Serguei Bodrov, director de "Prisionero de las montañas", que Líder estrena mañana en Buenos Aires.
Con una trama que transcurre durante la guerra entre Chechenia y Rusia, el film resultó multipremiado. Fue candidato al Oscar y al Globo de Oro a la mejor película en idioma extranjero, y ganó además el premio de la crítica y el del público en el Festival de Cannes y del Gran Premio en Karlovy Vary, en 1996.
Situada en la actualidad, la película se basa en "La cautiva del Cáucaso", de Tolstoi, y narra la compleja relación entre un soldado ruso y un campesino checheno que lo ha tomado prisionero para canjearlo por su hijo retenido en la zona rusa. En la maraña de prejuicios y odios, una niña chechena parece ser la única capaz de tratar al soldado ruso sin preconceptos ni desprecios aprendidos.
Del periodismo al cine
Bodrov nació en 1948 en Siberia y durante muchos años trabajó como periodista para una revista satírica rusa, Crocodile. "Entrelíneas era posible escribir la verdad", dijo sobre esa experiencia. A fines de la década del setenta intentó escribir comedias satíricas, pero la empresa le resultó más difícil de lo que esperaba. "No era fácil encontrar buenos socios que me entendieran. Cuando uno es guionista no tiene la decisión final, apenas puede proponer. Por eso decidí ser director".
Radicado en Los Angeles, desde 1993, Bodrov está actualmente en Africa realizando la búsqueda de locaciones para su próximo film, que contará con la producción del director de "Siete años en el Tíbet", Jean-Jaques Annaud.
-Usted dijo que en "Prisionero de las montañas" conviven la tragedia y el humor y que eso siempre le ha resultado interesante. ¿Cree que esa alianza entre el humor y la tragedia es inquebrantable aun en situaciones tan extremas como la guerra?
-Pienso que nuestra vida es una mezcla de tragedia y humor. En el cine me gusta mucho ese género porque creo que nos recuerda a la vida. Aun en una situación extremadamente difícil como una guerra es un hecho que la gente ama reír y que hace chistes, aunque la realidad es tan dramática como que saben que pueden morir al minuto siguiente. Y en cuanto a la película, estaba convencido de que la historia iba a funcionar mejor así en vez de mostrar sólo el drama. Yo también amo las comedias, pero lo que más me interesa es la mezcla entre el humor y las cosas serias.
-La película se rodó en la localidad de Rechi, a 300 kilómetros de las acciones militares, lo cual lo obligó a trabajar en condiciones extremadamente duras.
-Cuando uno quiere hacer cosas especiales, como por ejemplo una película, no se fija en las dificultades. Yo realmente quería hacer ese film y sólo un lugar era el adecuado para rodarlo. No me importan las condiciones cuando quiero contar algo serio y ésta era la película más importante en mi vida de director.
-Se ha publicado que Boris Yeltsin pidió ver "Prisionero de las montañas". ¿Eso fue importante para usted?
-Pienso que fue importante para él. Mucha gente cree que esta película lo ayudó a parar la guerra en Chechenia. Y pocos días después de haber visto esta película cambió de opinión y envió gente para firmar la paz. No soy tan naïf como para creer que todo pasó exactamente así, pero creo que el film lo ayudó a tomar la decisión correcta.
-¿Se siente orgulloso de eso?
-Es un sentimiento extraño al que no llamaría orgullo. Si lo que dicen es verdad, obviamente me siento feliz de que mi película haya ayudado a salvar muchos miles de vidas.
-La niña tiene la capacidad de amar al soldado tal cual es. ¿Por qué al crecer el ser humano pierde la capacidad de amar al otro sin querer cambiarlo?
-A la niña la encontré en el pueblo donde rodamos. Ella vivía allí. Tuve mucha suerte de encontrarla. Tenía doce años y fue sorprendente cómo fue cambiando en la medida en que interpretaba el personaje y con qué profundidad entendió lo que estaba haciendo. Además, creo que usted tiene razón cuando dice que algo de la capacidad de aceptar al otro se pierde entre la infancia y la adultez. Cuando uno es niño está emocionalmente abierto al amor y al sufrimiento.
-¿Cuánto de esa capacidad conservó usted?
-Fui feliz de niño. Mi infancia fue maravillosa y rodeada de gente que me amaba. Crecí en un lugar maravilloso: en la costa pacífica de Rusia. Era un lugar salvaje, me formé en el contacto con la naturaleza, pescando en ríos y lagos. Los padres de mis amigos eran cazadores profesionales de tigres. No eran gente rica, pero me enriquecieron con recuerdos maravillosos. La infancia es fundamental, lo alimenta y lo ayuda a uno en el resto de su vida. Quien tuvo una infancia feliz encuentra ayuda en sus recuerdos para cualquier situación.
-¿Cómo le resultó la experiencia de dirigir a su hijo en uno de los papeles protagónicos del film?
-No fue difícil. La idea de darle el personaje a mi hijo fue una decisión de último minuto porque él no es un actor profesional. He trabajado mucho con actores no profesionales y como no pude encontrar ningún joven actor que diera bien con el personaje y hacía tiempo que me daba cuenta de que mi hijo podría hacerlo, acepté el riesgo.
Quedé muy satisfecho con el resultado. Pero, cuando la gente le pregunta a él cómo fue trabajar con su padre, responde que fue horrible y que no volvería a hacerlo. Entiendo que fui muy severo con él porque quería que estuviera perfecto. En algunas ocasiones de rodaje hasta fui injusto con él pero suele suceder que uno pida demasiado de la gente a la que ama. De todos modos, no fue tan grave porque aún tenemos una buena relación.
-¿En qué medida influye en su obra el hecho de haber conocido a su padre biológico cuando usted tuvo treinta años?
-Creo que en casi todas mis películas hablo de la relación entre padre e hijo. Ese tema me resulta casi inevitable.
El próximo viaje, con Annaud
El próximo film de Serguei Bodrov tendrá un productor especial: el cineasta francés Jean-Jacques Annaud. En su reciente visita a Buenos Aires, el realizador de "Siete años en el Tíbet" dialogó con La Nación sobre este proyecto.
"La idea del film fue mía y elegí a Serguei Bodrov para dirigir la película porque él ama mucho la naturaleza y sobre todo a los caballos. El personaje principal de la historia es un potrillo -dijo-. El film, en cierto modo, está emparentado con "El oso". No quise dirigirla yo porque sentía que ya había hecho una experiencia de ese tipo. Serguei y yo trabajamos juntos y para la búsqueda de exteriores vamos a ir veinte días a Africa del Sur".
¿Cuál es el placer para un cineasta de producir películas para que las dirija otro? Contesta Annaud:"Hasta ahora no lo había hecho, pero si tengo una idea que me parece buena y no tengo tiempo para realizarla o no tengo ganas de hacerlo porque se asemeja a algo que ya hice, creo que tengo que ayudar a otro a concretar el proyecto".
Cineasta de raza, Annaud promete ser un productor respetuoso de las decisiones del realizador al que se ha asociado. "Cuando uno le confía una película a alguien, tiene que dejarlo trabajar libremente a menos que él mismo pida un consejo." Bodrov, en tanto, dijo estar entusiasmado por este nuevo proyecto. "Me gusta mucho viajar a lugares desconocidos. Sé que las condiciones de rodaje van a ser durísimas, pero también sé que las voy a superar".
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