
Hábitos de enamorados
"Divinas tentaciones" ("Keeping the Faith"/2000), producción norteamericana en colores presentada por Buena Vista International. Hablada en inglés. Guión: Stuart Blumberg. Fotografía: Anastas Michos. Música: Elmer Bernstein. Intérpretes: Ben Stiller, Edward Norton, Jenna Elfman, Eli Wallach, Anne Bancroft, Milos Forman y otros. Dirección: Edward Norton. Duración: 130 minutos. Apta para mayores de 13 años. Nuestra opinión: buena.
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Casi siempre, la cinematografía norteamericana acierta cuando, en tono de comedia, se inserta en conflictos religiosos anudados con algún elemento romántico. "Divinas tentaciones" recorre con simpatía y sin ningún elemento agresivo ni transgresor un triángulo amoroso que tiene como protagonistas a un sacerdote, un rabino y una muchacha inmersa en el alocado mundo de los negocios.
Amigos desde la infancia, Jack y Brian compartieron juegos y andanzas de solteros en un barrio ubicado en el noroeste de Nueva York. Siempre los acompañó Anna, una chica dicharachera que, con el correr de los años, se transformó en una atractiva ejecutiva que debe dejar los entretenimientos de la adolescencia para trasladarse a otra ciudad en busca de su necesidad de progreso. Cuando aquellos momentos de la dulce juventud ya quedan atrás, hay que enfrentar el futuro. Y tanto Jack como Brian, seguros de sus vocaciones, se transforman, respectivamente, en un rabino y un sacerdote.
La amistad de ambos sigue inconmovible a los principios de su niñez, y cada uno frente a sus fieles utiliza no muy ortodoxas formas de propagar su religión. Todo cambiará, sin embargo, cuando Anna regrese a ese barrio neoyorquino y, entre teléfonos celulares, tiempo restado a sus múltiples actividades laborales y una audacia sin límites, vuelve a armar aquel trío de la juventud.
Pero el tiempo no pasó en vano, y lo que fue un juego amigable tiene ahora un sabor romántico. Claro que para ninguno de los tres esa convivencia inocente es fácil. Ser sacerdote y ser rabino impone numerosas concesiones a la vida privada. Y estallará el conflicto. Pero no hay que alarmarse demasiado, ya que el hábil guión se mantiene siempre en un tono de comedia bien sostenido por divertidos diálogos y por algunos gags de certero impacto.
El peligro de no ser breve
En su metraje inicial el film aporta una diversión sin estridencias y dibuja con precisión a ese terceto que, entre idas y venidas, debe hallar la debida ubicación para que el amor tenga cabida en un ámbito religioso y en un núcleo social sorprendido por la intromisión de Cupido en iglesias y sinagogas.
Sin embargo, cuando todo está casi dicho y resuelto, la trama se prolonga innecesariamente en una serie de apuntes que hacen bajar los decibeles casi hasta la monotonía.
Al parecer, el guionista se engolosinó con su propia historia y enreda y desenreda demasiado la anécdota, que tarda más de lo necesario para llegar a su final feliz.
El director Edward Norton, por su parte, supo hacer agradable esta trama a pesar de tener entre sus manos un guión al que, sin duda, le sobran varios minutos.
Como actor, Norton dotó de simpatía a ese sacerdote envuelto entre un rapto de amor terrenal y su vocación religiosa. Ben Stiller compuso con buenos recursos de comediante al rabino inserto en un complicado mar de interrogantes, en tanto que Jenna Elfman apostó al desenfado y a la cordialidad.
Nombres ya cimentados por años de cine -Eli Wallach, Anne Bancroft y Milos Forman- exponen sus virtudes actorales en esta aventura que, con un buen apoyo técnico y un ágil ritmo, entretiene a pesar de un metraje que merecería algunos oportunos cortes.
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