
Entre los pulseadores, la unión hace la fuerza
Se reúnen los sábados a la tarde en el Club Comunicaciones
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En una pequeña mesa, de poco más de un metro de alto, dos hombres se trenzan en dura puja. Las manos entrelazadas, músculos tensos y la adrenalina que potencia antebrazos y bíceps buscan quebrar la resistencia del rival. No es un juego para saber quién es más fuerte. En este caso es sólo un entrenamiento.
Son dos aficionados a las pulseadas. Sí, las mismas que tuvieron su momento de esplendor en el programa La noche del domingo, de Gerardo Sofovich. Justamente luego de la experiencia televisiva varios de sus cultores se juntaron y fundaron la Asociación Argentina de Lucha de Brazo. De ahí en más, en el Club Comunicaciones, en Villa del Parque, practican y enseñan técnicas y posiciones a las nuevas camadas de adeptos.
Además, se preparan para competir en torneos en clubes del Gran Buenos Aires, en Quilmes, Ranelagh, Alejandro Korn, entre otros. Un mundo reservado para diestros y en el que las mujeres aún no entran.
Pablo Bejem, de 25 años, es la voz cantante de la entidad. "Acá los chicos no son ni patovicas ni tienen físicos descomunales, pero al pulsear, aunque pesen 70 kilos, agarran a un grandote de 100 y lo dan vuelta. Son muy fuertes."
Tirar y no aflojar
El entrenamiento es la clave. Leonardo Giménez, de 30, aporta otros detalles. "Trabajamos los hombros, los músculos dorsales y subimos y bajamos por una soga de cuatro metros de alto para endurecer brazos y muñecas. También hacemos palestra, lo que nos permite fortalecer los dedos y conseguir mayor firmeza. Por eso, se destacan los herreros, mecánicos, albañiles, picapedreros, fundidores."
Sin embargo, dicen, cualquier persona puede pulsear. "El asunto es tener constancia y aguantar los dolores. Muchos vienen con miedo de quebrarse. Los obsesiona el tema. Por eso, cuando hay una posición riesgosa paramos enseguida. Hasta ahora no tuvimos ningún problema de esa naturaleza. A los novatos los llevamos de a poco y compiten en la categoría novicios."
En los torneos están atentos a cómo tiran (pulsean) los rivales, sobre todo aquellos que no conocen. Y utilizan diferentes posiciones del brazo ("Me gusta una que se llama la cobra", dice Pablo mientras muestra su imponente bícep derecho) y hacen valer la musculatura de los dorsales y otras técnicas. "Cada uno tiene la suya", agrega Leonardo. También, aflora la resistencia cuando los pulseadores quedan trabados en una posición y ninguno de los dos afloja. "A veces, las manos se zafan con facilidad y hay que atarlas."
En un aparte, Guillermo Russo se entrena con miras al mundial del año que viene, en Sudáfrica. Es contador y con la voz entrecortada por el esfuerzo confiesa que "esto es una enfermedad. Empecé hace cuatro años como un juego y con el tiempo lo tomé más en serio. Te metés tanto que llega un momento en que si no pulseás durante una semana estás como loco".
Las anécdotas sobran. Cuenta Pablo: "Un fisiculturista campeón argentino, de 115 kilos de masa muscular, un tipo enorme, sostenía que era el mejor pulseando, que nadie le ganaba. Le llegó el rumor de que un compañero nuestro de 73 kilos lo desafiaba. Cuando le dijeron el peso apostó cualquier plata. Se pactó la pulseada a la mejor de tres, en 3000 dólares. El pibe las ganó ampliamente y el culturista no entendía que alguien tan chiquito pudiera vencerlo".
Los interesados en practicar pulseadas pueden comunicarse con el teléfono 4677-8818 y dejar un mensaje, visitar la página de Internet www.pulseadas.com.ar o concurrir los sábados, a las 18, al Club Comunicaciones, avenida San Martín y Tinogasta.
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