
Elektra, ópera de alto voltaje
La feroz pieza de Richard Strauss vuelve a escena a tiempo para celebrar los 150 años del nacimiento del compositor alemán
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La pasión por los aniversarios para justificar celebraciones, estrenos, reivindicaciones o retrospectivas que se apoderó de la imaginación de planificadores musicales después de la Segunda Guerra, este año enfocó a Richard Strauss. Como todos saben, se trata de un creador que no necesita de coyunturas cronológicas para estar presente. Además, no parece hacérsele ningún favor a Strauss -que siempre tuvo un pie fuera de su tiempo- recordar que nació hace ciento cincuenta años. Pero como decía Elías Canetti, la magia de las fechas, el calendario y sus símbolos ejerce una fascinación sobre la gente casi imposible de eludir.
Esta noche, el Colón dará su adhesión al compromiso con un compositor que casi permanentemente integró su programación y a quien el teatro se preocupó por representar, siempre, de la mejor manera posible. Ahora vuelve a dar vida, como hace siete años por última vez, a Elektra, la vengativa hija de Agamenón y Clitemnestra, imaginada por Sófocles en su feroz tragedia, que el libretista Hugo von Hofmannsthal convirtió en el texto operístico más crispado, cruel y convulso del espectáculo musical clásico.
De la compleja y densa partitura musical escrita por Strauss para su ópera más provocadora, sediciosa y perturbadora ya se ocupó Pola Suárez Urtubey con esclarecedor detallismo en tres de sus recientes columnas en este diario. Por su parte, en septiembre de 2011, Semyon Bychkov, director de la Elektra en el Real de Madrid, comentó: "Esta ópera cambió las reglas del juego. Eso sucede una o dos veces en un siglo. El texto influye en la música, la música en cómo se pronuncia y a la vez en el espectáculo visual".
Los amantes argentinos de la ópera siempre escucharon Elektra con particular comodidad e interés, desde agosto de 1923, cuando subió al escenario del Colón por primera vez, dirigida por el mismo Richard Strauss, en un país presidido por Alvear, que recibía la visita de José Ortega y Gasset y editaba Fervor de Buenos Aires, primer libro de Borges.
Pasarían 16 años hasta la segunda Elektra, que Erich Kleiber dirigió en el Colón con Rose Pauly como protagonista, quien volvería a hacer una interpretación antológica en 1943, otra vez con la dirección de Kleiber. La generación posterior a la Segunda Guerra tendría también su gran versión de Elektra cuando, en 1951, asumió la dirección Karl Böhm, con el protagónico a cargo de Christel Goltz y un Orestes cantado por el joven Angel Mattiello.
Después, vendrían otras Elektras no menos trascendentes. En 1961, Lovro von Matacic dirigía a Gladys Kuchta (Elektra), Hildegard Hillebrecht (Crisotemis) y Jean Madeira (Clitemnestra); en 1975, Leopold Hager hacía otro tanto con Daniza Mastilovic como protagonista; en 1987, Ferdinand Leitner dirigió a la Elektra de Ute Vingzing, y en 1995, Berislav Klobucar tuvo el privilegio de dirigir al trío protagónico integrado por Hildegard Behrens, Deborah Voigt y Leonie Rysanek.
La última versión, antes de la actual, realizada en el Teatro Coliseo en 2007, fue protagonizada por Luana De Vol. Y la nueva producción que se presenta esta noche en el Colón tiene como director de orquesta a Roberto Paternostro y como director de escena a Pedro Pablo García Caffi, quien también firma la escenografía, mientras el vestuario es de Alejandra Espector. El elenco está integrado por Linda Watson como Elektra, Manuela Uhl como Crisotemis, Iris Vermillion como Clitemnestra, Hernán Iturralde como Orestes y Enrique Folger como Egisto.
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