El jazz de Dewey Redman
Su show, el sábado 17, abrirá la temporada internacional en el país
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Es uno de los músicos con mayor prestigio en el mundo del jazz, aunque no por algún genial trabajo sino por su espíritu innovador, rebelde, y su completo apasionamiento por el jazz. El saxofonista tenor Dewey Redman se presentará junto a su cuarteto, con Charles Eubanks en piano, John Menegon en contrabajo y Tani Tabbal en batería, el sábado 17, a las 20, en el Festival de Jazz de Telecom, en el auditorio de Puerto Madero, en la Costanera Sur.
Redman abrirá el año jazzístico internacional en Buenos Aires, que tendrá, como en 2000, interesantes capítulos. Este músico llega sin demasiados preámbulos, sus 70 años lo ubican como uno de los hombres que cruzaron el umbral del bop hacia otros caminos, por momentos vertiginosos, pero con profundas raíces en el jazz.
Su madurez la alcanza en los años sesenta, tiempos en los que el saxofón se convierte en portavoz de una generación disconforme. Seguidor de la genial troika formada por los geniales John Coltrane, Ornette Coleman y Eric Dolphy.
Redman, padre de Joshua, otro gran saxo tenor, es uno los músicos más representativos de esos años. Por ejemplo, rechaza la ortodoxia en la práctica instrumental, pone el acento en la potencia de emisión, en su duración, en la densidad emocional y en la libertad de expresión.
Nacido en 1931, en Fort Worth, el mismo pago de Coleman, tardará algún tiempo en dedicarse plenamente a la música. En 1964 se convierte en abanderado del movimiento vanguardista junto con la Liberation Music Orchestra de Charlie Haden. Formará el Old and News Dreams para comenzar un larguísimo período como sideman de Coleman y luego de Keith Jarrett.
A esa inclinación vital por el free jazz, Redman le pondrá un toque oriental. De fraseo insólito, su sonoridad, que tiene mucho de vocal, es una de las más logradas en términos de mensaje.
¿Cómo fue su relación con Ornette Coleman?
Conocí a Ornette en el secundario, fuimos grandes amigos. Ibamos al mismo colegio porque todos los chicos negros debían ir al mismo secundario. Allí, yo tocaba el clarinete en la Marching Band; a diferencia de Ornette, que ya tocaba jazz. Después él se fue a vivir a Los Angeles y no nos veíamos mucho. Cuando me fui a vivir a Nueva York, en 1969, Ornette ya estaba consagrado y recuerdo muy bien un día en que me invitó al loft que se había comprado en el Soho y me dijo: "¿Por qué no agarras tu caño, Dewey?" Busqué mi saxo y comenzamos a tocar. Así fue como empezamos. Fue una experiencia inolvidable y, aparte, fue un golpe de suerte para mí, ya que me catapultó para tocar con otros grandes.
¿Como por ejemplo Keith Jarrett?
Exactamente. Tocar con Jarrett fue excepcional. Con Keith teníamos una muy buena banda: conformábamos el cuarteto junto a Charlie Haden en bajo y Paul Motion en batería. Nos llevábamos de manera excelente, logramos crear un grupo maduro, una forma diferente de tocar jazz.
¿Sus recuerdos en esta etapa hacia dónde se dirigen?
Pareceré prosaico, pero lo que recuerdo muy bien es que viajábamos muchísimo. No recuerdo haber viajado tanto en mi vida. Pasamos por casi todas las universidades de los Estados Unidos. En un mes hicimos cinco ciudades grandes, entre muchas otras. Fue una experiencia inolvidable y cansadora.
¿Y cómo define hoy el jazz?
Es una pregunta sin respuesta. Una vez le preguntaron algo así a Armstrong y él contestó: "Si me preguntan qué es el jazz, les respondo que nunca lo sabré". Es muy difícil definir lo que sucede en el arte mientras está ocurriendo, y eso sucede en el jazz. Es la música negra americana, una combinación de músicas europeas y ritmos africanos con un corazón que late con la improvisación.
Su singularidad está en la improvisación
Sí, nadie toca de la misma manera. Mi forma de ver el jazz es a partir de la improvisación y no desde la técnica.





