El Cultural San Martín con un año movido
Diego Pimentel, el nuevo director, anunció las propuestas y los planes para lo que resta del año
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La entrevista con Diego Pimentel, el nuevo director del Cultural San Martín, es en su oficina del séptimo piso. En ese nivel las paredes están cubiertas de azulejos. Cuenta una empleada que allí, en los primeros tiempos del Centro Cultural, funcionó una sala de primeros auxilios (de ahí los azulejos). Luego lo ocupó el Conservatorio de Música, después fue lugar de talleres hasta llegar a su función actual. Las distintas etapas son evidentes en todo el edificio histórico. Se observan en los nobles materiales de la construcción original, en los espacios en constante reformulación y en las huellas que van dejando, en las evidentes marcas de la falta de mantenimiento del edificio. Todo ese mapa coincide con la intención de posicionar al Cultural como un polo de la vanguardia.
"Soy la continuidad de la gestión de cuatro años de Gabriela Ricardes", dice Pimentel. Y agrega: "Cuando llegamos, la sala Alberdi estaba tomada, el Bajo Plaza en donde están los dos cines y una sala multipropósito estaba en obra, la sala AB estaba cerrada y las otras salas eran depósitos. Hay que pensar que recién el año pasado tuvo todos sus espacios en funcionamiento."
Así como durante distintos períodos el Cultural albergó otras reparticiones gubernamentales, actualmente, como el Teatro San Martín está cerrado por obras de infraestructura, parte de su programación ahora se da acá (reposición de El farmer y el estreno de Esposas de dictadores). O sea, casi como un chiste sobre la constante confusión entre un organismo y el otro, el Teatro San Martín se mudó al Cultural San Martín. Como sucede con su "hermano mayor", acá también habrá obras de infraestructura. Claro que, por cuestiones prespuestarias, serán el año próximo.
En los últimos 4 años, la programación en artes escénicas ha sido uno de los aspectos más destacados del Cultural. En esa línea, este año se estrenarán obras de Dennis Smith, Valeria Grossi, Sofía Médici, Ariel Gurevich, Luis Biasotto, Gustavo Lesgart y la vuelta del ciclo Invocaciones con propuestas de Matías Feldman y Mariana Obersztein.
El cine tendrá sus ciclos y también albergará algunos de la sala Leopoldo Lugones del San Martín. En música continuará el ciclo Jazzología (un clásico del Cultural) y Sótano Beat, que recién se iniciará el mes próximo. Como es habitual, también será sede de diversos festivales (Bafici, FabLat Fest o Buenos Aires Negra) y encuentros (La Noche de la Filosofía o La Noche de la Cultura Digital).
Según había afirmado el ministro de Cultura Darío Lopérfido, tanto el Centro Cultural Recoleta como el Cultural San Martín iban a trabajar con equipos por área para pensar contenidos para ambos. "Eso es algo que se irá consolidando con el tiempo. Todavía estamos en etapa de conocimiento", reconoce Pimentel. Y dice: "En vez de hablar de áreas artísticas queremos proponer en el Cultural actividades de cruce, de intercambio. A lo largo de estos años, distintas comunidades (sean de emprendedores digitales, de desarrolladores, de diseñadores o de artistas electrónicos) encontraron acá un lugar que no había".
-¿Cómo convive la búsqueda de esas tribus o las propuestas de multimedia con un edificio en el que los ascensores suelen no funcionar y que tiene un déjà vu setentoso al borde del abandono?
-El edificio no tiene obra real desde que se inauguró. Fue pensando en altura y no en horizontal, lo cual es un error. Por eso trasladamos las actividades a otra áreas para favorecer otro tipo de acceso. En este momento, sólo necesitás usar el ascensor cuando vas a la sala Alberdi o a la Muiño. Pese a esto, a La Noche de la Filosofía vinieron 25.000 personas. Lo más importante que sucede acá está en la cabeza de los artistas, en los docentes que desarrollan las propuestas pedagógicas y en los trabajadores que hacen que todo esto funcione. El recorrido de recuperación que ha tenido el Cultural en estos últimos años no va a ir para atrás. Todo lo contrario.
En el Cultural trabajan 285 personas. El presupuesto es de casi cien millones. El del año pasado fue, cuenta Pimentel, casi el mismo que el actual. O sea, inflación mediante, menos que la temporada pasada con una salvedad: como el Teatro 25 de Mayo dejará de pertenecer al Cultural, los 30 empleados de esa sala ya no dependen del presupuesto del Cultural.
"Para el mundo del teatro independiente el Cultural tiene un peso específico. Pero también para un montón de personas que brindan cursos, talleres y los que realizan aquí laboratorios o residencias. Para los artistas electrónicos, los emprendedores y para el mundo de la cultura digital el Cultural es un referente. Es es un lugar histórico que se recuperó y que tiene continuidad y profundidad", afirma el nuevo director de este edificio histórico que fundamentalmente reluce en lo que no se ve, el Bajo Plaza en donde están las salas de cine y la sala de artes escénicas, y que aguarda su tiempo de revancha en lo que hace a su fachada y su acceso principal.
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