
"El cine me salvó"
Invitado de lujo del Festival de Mar del Plata, el famoso actor francés afirma que se siente "gordo y cansado" y justifica sus continuos trabajos en Hollywood
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MAR DEL PLATA.- "Soy un obrero del espectáculo", dijo agitado y con su cuerpo imponente y transpirado Gérard Depardieu, luego de apoyar sus manos, como en el rito de Hollywood, sobre el cemento de la marplatense vereda del Hotel Hermitage. El actor francés, de 51 años, llegó y cumplió con todos los deberes previstos en su visita a la Argentina: acudió a un cóctel de bienvenida, recibió y le entregó un premio a Susana Giménez en la ceremonia inaugural, dejó sus huellas en la baldosa y habló con la prensa sobre uno de sus últimos trabajos, "Asterix y Obelix contra el César", el film de Claude Zidi basado en la célebre historieta de René Gosciny y Albert Uderzo, que se estrenará el 2 de diciembre en la Argentina.
Su físico, menos ágil por su excesivo peso, sigue impulsado por una increíble vitalidad. Ni él puede comprender la fuerza y perdurabilidad de su atractivo personal. Y elige no detenerse. Así lo refleja su intensa y continua carrera profesional de más de 70 películas -un promedio de dos a cuatro por año-, en donde ha desempeñado los más diversos roles en la comedia, el drama, los policiales y las películas históricas, bajo la dirección de importantes realizadores del cine francés, como Truffaut, Resnais, Blier, Corneau, Wajda, y a la vez en constante coqueteo con el cine de Hollywood.
Aun así, Depardieu aseguró sentirse "gordo y cansado", si bien dice que ha logrado superar "cierto aburrimiento después de haber trabajado tanto. Hace tres años me pregunté: "¿Y ahora, qué hago?" Porque mi trabajo no depende de mí. Y a esta altura amo hacer cosas simples. Ya no prefiero los papeles dramáticos y no me interesa encarnar personajes violentos. Me gusta hacer películas que cuenten la vida de cada país y su cultura, lo mismo que las adaptaciones de obras literarias importantes. Cuando tengo esto en la cabeza, siento que me aburro menos con mi trabajo y el cine", dijo a La Nación .
En 1984 quiso asumir el riesgo de dirigir su propia película "Le Tartuffe", y en 1997, después de haber trabajado en la opera prima del joven realizador Nick Cassavettes, "Unhook the stars", decidió producirle su siguiente film, "Cuando vuelve el amor", ya estrenado en la Argentina. "Es que soy muy curioso -dijo-. Y cuando ves que el hijo de John Cassavettes y Gena Rowlands no llega a hacer su film con una major americana decidí aportar lo que yo soy para que pudiera hacerlo. Es que Estados Unidos no es sólo el imperio que reluce. Y considero que hay cosas más interesantes que eso. De todas maneras, no creo que sea cuestión de ir en contra de los Estados Unidos, sino hacer con ellos cosas interesantes."
Depardieu se atajó ante una de las preguntas más recurrentes. Por un lado, su flirteo con el cine de Hollywood y, por el otro, su posición tibiamente crítica ante la avanzada del cine norteamericano sobre Europa y el resto del mundo. Justamente, el lanzamiento de "Asterix y Obelix contra el César" fue uno de los simbolos más actuales de la resistencia francesa ante esa invasión. Aun así, el film utilizó las mismas armas que las de la industria norteamericana: un alto presupuesto de 40 millones de dólares y un más que aceitado lanzamiento mundial.
El actor que trabajó en "El hombre de la máscara de hierro" junto a Leonardo DiCaprio anunció que protagonizará "102 Dálmatas" junto a Glenn Close. "Y no está mal que lo haga. Yo no trabajo en contra ni por el imperio del cine norteamericano. Diría que estoy con ellos. Hay un amor mutuo. Porque ellos también me aman y adoran, por ejemplo, nuestras comedias a la francesa y después hacen remakes. Estados Unidos es un país fascinante. Claro que no es fácil trabajar con ellos, siempre tienen problemas, siempre necesitan sangre. Primero pegan y después preguntan. Lo que nos falta en Francia es tener una buena distribución de nuestras películas, cosa que tienen los americanos porque confían en su cultura."
Un chico de la favela
Es conocida ya su predilección por los personajes históricos y literarios. Danton, Tartufo, Charles Quint, Cristóbal Colón, Cyrano de Bergerac y el conde de Monte Cristo, entre otros. Según cuenta, fue el conocimiento de la historia y el lenguaje lo que le tendió un puente para salir de la marginalidad en la que se crió. "De chico, fue la pasión por la lengua francesa lo que me salvó de la favela. Mi papá no sabía leer ni escribir y yo vivía en la calle. Y tal vez ése hubiera sido mi destino: permanecer ahí sin conocer a nadie."
Como Cyrano, ese hombre que poseía las palabras más maravillosas pero que no podía expresarlas atemorizado por su aspecto físico, Depardieu cuenta que sufrió, a la inversa, una impotencia similar. "Yo no tenía vocabulario y eso bloqueaba todas mis emociones -contó-. Pero tuve la suerte de leer y después de creer esto que leía. Cuando yo leí por primera vez "Madame, yo la amo", luego yo pude decirlo, me sentí muy importante. Es que yo soy un chico de las favelas, aunque haya nacido en un país del Primer Mundo, porque en todos lados hay favelas. ¿Y qué tienen hoy las favelas? El rap, el fútbol y la TV. Eso es lo que se puede hacer. Por suerte, el cine me salvó de la incomunicación, y los personajes históricos me dieron una carga cultural a la que nunca pude acceder porque no fui lo suficiente a la escuela."
Más que un actor preparado, Depardieu se reconoce como intuitivo. En algún momento de su carrera, llegó a definirse como "un bruto gracioso". "Es que no hay nada que hacer, ni preparación que valga. Mi forma es entrar en el tempo de la música, que ella te lleva", agregó. Cuenta que a François Truffaut lo admiró "porque amaba a las mujeres y sabía contar historias. Hablaba con ellas y de ellas en su cine".
El actor que compartió romances cinematográficos con las más deseadas actrices francesas dice que las admira porque "son muy corajudas". "Este es un trabajo muy misógino. ¿Ves cómo estoy? Muy gordo. Una mujer no podría trabajar así de gorda. No es que me guste estar gordo. Para mí no existe la presión de no tener que envejecer o de engordar."
Y se rió a carcajadas cuando se le recordó que muchas mujeres desearían morir como el personaje de Fanny Ardant en "La mujer de la próxima puerta", de Truffaut. "Estoy de acuerdo -dijo-. No hay nada más maravilloso que morir de amor cuando vivir se hace difícil".
Una aventura que trae secuela
MAR DEL PLATA.- Los franceses están muy orgullosos del film "Asterix y Obelix contra el César", especialmente después del récord de taquilla que consiguió tras su estreno en Europa, donde la vieron 25 millones de personas frente a unos 10 millones que se inclinaron por la nueva "Guerra de las galaxias", de Georges Lucas, que ya es decir demasiado.
Por eso, los productores decidieron empezar a trabajar en la secuela de este film, que se basó en la célebre historieta de Goscinny y Uderzo, que cuenta las andanzas de los galos contra los romanos.
En la conferencia de prensa que ayer ofreció Gérard Depardieu, en un principio negó que este film fuera a realizarse. Luego, en la entrevista con La Nación aceptó que tiene previsto protagonizar la próxima, que se llamará "Asterix y Cleopatra", que dirigirá el francés Alain Chabat, y probablemente cuente con la actuación de Isabelle Adjani. "Asterix era mi historieta preferida. Tenía un espíritu que me seducía especialmente, el de la historia. Pero generalmente me inclino por los films de época escritos por los novelistas que por los historiadores."
Depardieu se siente gordo; por eso, una de las preguntas que se justificaba era si tuvo que tolerar determinadas exigencias físicas teniendo en cuenta el perfil físico del personaje de Obelix con su enorme vientre.
Con bastante autocrítica y mucho humor, el actor francés contestó sonriendo: "Desgraciadamente, no tuve que soportar el personaje. En general, yo no me soporto a mí mismo, lo que ya es terrible. Aunque debo considerar que durante el rodaje estaba extremadamente flaco".
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