
El Carnaval y su música de siglos
Pola Suarez Urtubey
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Hay dos tipos de carnavales. Uno es el que vivimos a diario, según una de las acepciones del término: "Conjunto de informalidades y fingimientos que se reprochan en una reunión o en el trato de un negocio". Y otra por el estilo: "Cosa, hecho o acontecimiento grotesco". Con sólo abrir La Nacion todas las mañanas, ya está.
Pero luego está el otro tipo de carnaval, el que se remonta a una historia de siglos y busca contagiar alegría, buen humor, ingenio y hasta altas expresiones artísticas, especialmente musicales, porque la música acompaña desde los comienzos mismos de su historia. Hay acuerdo en que estas fiestas de mascaradas, comparsas, bailes, derivan de las saturnales romanas, relacionadas con el comienzo de la primavera, a las que se parecen por la fecha en que se celebran y los alborotos y licencias que las caracterizan. Esa tradición pagana enlazó luego con el calendario cristiano: al imponerse la cuaresma, período de contención en que la cristiandad preceptúa ayuno y abstinencia en memoria de los 40 días que ayunó Jesús en el desierto, el pueblo se entregaba al disfrute de los placeres a los que debía renunciar pocos días más tarde.
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Naturalmente, la música ocupó un lugar fundamental en ellas, sean las paganas como las cristianas. Florencia fue una de las cunas de los canti carnascialeschi , particularmente durante los tiempos de Lorenzo el Magnífico, en una época de alegría, prosperidad y concordia interna. Sobre todo eso, ¡concordia!
Y luego están, claro, el carnaval carioca, o el tantas veces cantado por los músicos, el de Venecia. O los nuestros correntinos. Bien, óperas, ballets, canciones y música instrumental de alto vuelo forman parte de nuestro patrimonio occidental. Muchos de ustedes tendrán a mano algunos de esos títulos: desde el Carnaval de los animales de Saint-Saëns, o los de Schumann con su magistral Carnaval Op. 9 para piano, seguido de su Carnaval de Viena, y también los de Milhaud, que rinde tributo al Carnaval à La Nouvelle- Orleáns y al Carnaval d´ Aix. Y, por supuesto, Villa-Lobos con su Carnaval das Crianças Brasileiras o, derivada de esta última, Momoprecoce , entre tantísimas otras de las que brota ese espíritu por todos los poros. Y por supuesto se me vienen a la cabeza varios títulos más de ballets y óperas franceses, tal el caso del de Venecia , de Campra; el du Parnase de Mondonville o Le carnaval et la folie de Destouches; el romano de la obertura de Berlioz? pero ya no tengo espacio. Estoy segura de que muchos de ustedes completarán la lista, pero por ahora dejo el tema, al menos hasta el próximo Carnaval.



