
Digno de Superman
Christopher Reeve, el actor que quedó cuadripléjico en un accidente, vuelve a los sets en otra versión de "La ventana indiscreta", de Alfred Hitchcock
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NUEVA YORK (The New York Times Special Features).- Christopher Reeve no puede caminar, pero eso no significa que permanezca inmóvil. Sin dejarse amedrentar por el accidente a caballo que casi le quita la vida, lo deja cuadripléjico y arruina su carrera de actor, Reeve se define a sí mismo como un importante defensor de la causa por el tratamiento de las lesiones en la médula espinal, como director de la película de HBO de 1996 "In the Gloaming" ("En el crepúsculo"), por la que obtuvo un Emmy, y como autor de una autobiografía titulada "Still Me", de 1997.
No obstante, la estrella de las cuatro películas de "Superman" (1978, 1980, 1983 y 1987), "Lo que queda del día" (1993) y "El pueblo de los malditos" (1995) suspiraba por volver a actuar. Sólo que no estaba seguro de cómo podía hacerlo un hombre que no puede moverse del cuello para abajo.
Luego le llegó el guión para "La ventana indiscreta", una recreación del clásico de 1954 de Alfred Hitchcock sobre un hombre atado a una silla de ruedas que cree haber sido testigo de un homicidio. El resultado: un film para televisión que saldrá al aire el domingo en los Estados Unidos.
"Buscaba alguna oportunidad que me permitiese encontrar un papel en el que alguien discapacitado como yo pudiese ser el héroe de la obra", comenta Reeve en su residencia en Bedford, Nueva York. "Muchas veces se muestra a los minusválidos de algún modo patético, o son a menudo los villanos de la película", se queja.
Se lo oye con esperanzas, su voz firme y clara, pese al silbido que de vez en cuando produce el respirador. La nueva película difiere un tanto del film de Hitchcock, aclara, en especial en el enfoque de su personaje, el arquitecto Jason Kemp, que acaba de quedar paralítico: "En la versión original, Jimmy Stewart usaba una silla de ruedas -dice Reeve-, pero lo único que tenía era una pierna fracturada. En este caso hay más en juego y el personaje es mucho más vulnerable".
"Pensé que sería parte del material perfecto para hacerlo -agrega-, para demostrar lo que un discapacitado puede llegar a hacer con su propio ingenio y con los últimos avances tecnológicos, como sensores y computadoras con reconocedores de voz que abren las puertas de un ascensor y encienden la luz."
El film, coprotagonizado por Robert Forster y Daryl Hannah, también describe la rehabilitación de Kemp y la lucha por volver al trabajo. Es justamente en su tiempo libre cuando comienza a espiar por la ventana y sospecha del hombre del edificio ubicado detrás del suyo.
"Creo que tiene más dimensión que el original -afirma Reeve-; no comparo los films en cuanto a la calidad -Hitchcock era un maestro-, pero tomamos el tema original y lo expandimos para hacerlo relevante en la actualidad."
El papel le ofreció a Reeve algunos desafíos inesperados. Sabía lo que era actuar desde una silla de ruedas -interpretó a un amputado en el musical de Broadway "The Fifth of July" (1980), e irónicamente un parapléjico en el film de HBO "Above Suspicion" (1995)-, pero trabajar a partir de la experiencia personal fue algo completamente distinto.
"No podía usar ningún tipo de lenguaje corporal, en el que se apoyan los actores -comenta-. El interrogante que se planteaba era si mi rostro y mi voz serían suficientes. Este papel en "La ventana indiscreta" se oponía al de Superman, porque requería inmovilidad absoluta -agrega-. Actuar con estas limitaciones fue muy interesante.
"Pensé que había tantas cosas en la historia que, mientras que por un lado la parálisis atraería al público, el asombro de lo que el personaje piensa o de lo que le preocupa, cómo maneja las situaciones, los mantendría entretenidos", añade.
Mejor, la vejez
"Cuando llegás a los 60 o a los 70, aceptás la idea de que no podés correr por la cancha de tenis tan rápido como antes -dice-. Pero el envejecimiento es gradual, y te permite aceptar los cambios. Lo que me pasó a mí fue en un instante.
"Le enseñé a montar a mi hija Alexandra, que está por cumplir 15 años. En los veranos, la entrenaba para los desfiles, pero era triste estar sentado allí a un costado cuando andar a caballo era una parte de mi vida que me producía satisfacción. Tuve que aprender a disfrutar de ver cómo disfrutaban los demás."
Reeve se siente en el mejor momento en cuanto a su estado físico tras el accidente. No tiene heridas ni infecciones. Hace ejercicio todos los días, y una vez por semana, cinta, lo que él llama "una nueva terapia innovadora" que gatilla en la médula espinal de una persona paralítica la memoria de lo que se siente al caminar. Además, Reeve se ofreció como voluntario para las pruebas con humanos en tratamientos de regeneración nerviosa.
Aun antes del accidente, Reeve militaba en política, pero ahora se centra en hacer lobby para recaudar fondos para investigación y promover una legislación que destinaría parte de los ingresos por multas de tránsito a la investigación de la médula espinal.
Además, en su casa, le dedica tiempo a su esposa, Dana, que hace poco retomó su carrera de actriz, y a su hijo de seis años, Will, a quien le gusta correr carreras con su padre: bicicleta contra silla de ruedas. Los otros hijos del actor, Alexandra y Matthew, viven con la madre, su ex novia Gae Exton.
El accidente lo transformó: Reeve pasó de ser uno de los tantos actores emprendedores de perfil alto en un símbolo nacional. Le permitió llegar a un nuevo público, tanto como artista como vocero, y convertirse en modelo para miles de personas en circunstancias similares.
Sin embargo, dice Reeve, dejaría todo si pudiera: "Si alguien me dijera que puedo borrar ese día, y que mi caballo no se detuvo en el salto y que nunca tuve el accidente, eso sería preferible", afirma.
"Me siento muy afortunado por estar en una posición desde donde puedo colaborar con la causa -agrega-. Ha sido un viaje interior muy interesante hacia la autodisciplina, hacia nuevas formas de relacionarte con los demás, de pasar de ser actor a director. Pero si pudiese elegir entre todo eso y poder estar de pie e ir de un lado a otro, no habría ninguna duda."
Sus próximos pasos
NUEVA YORK.- Para mucha gente, parte de afrontar una tragedia consiste en aprender a aceptar la pérdida. Pero Reeve se muestra extraordinariamente seguro de que va a volver a caminar.
"Lo de "extraordinariamente" es una exageración, pero es una expectativa razonable", dice, mientras elige las palabras con mesura: "Es cuestión de lograr embarcar a los laboratorios, en hacer que tomen conciencia de que hay réditos no sólo en los medicamentos para las víctimas de complicaciones medulares sino también para los que padecen mal de Parkinson o apoplejía. Por eso es una ventaja para ellos invertir en investigación sobre la médula espinal. Y eso es lo que comienza a ocurrir ahora -continúa-. En realidad, dependemos del dinero y de las patentes, de quién tiene los derechos a qué tipo de tratamientos."
Sin embargo, Reeve no se cruza de brazos a esperar. Estudia guiones para producir o dirigir, además de buscar otro papel apropiado.
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