
Eleonora Cassano: regreso con gloria
Desde esta noche, la bailarina volverá a actuar con Julio Bocca, en el teatro Opera
1 minuto de lectura'
Hace dos años que Eleonora Cassano no baila un programa completo con Julio Bocca. No porque mediaran diferencias o faltaran deseos de actuar juntos. Luego de aquella temporada, que Julio realiza anualmente por lo general en octubre, hizo un trabajo coreográfico para el espectáculo de Nito Artaza y más tarde se fue de vacaciones a Villa Gesell. Tiempo después, para ella y su esposo, Sergio, llegó la dulce y esperada noticia de que la artista estaba embarazada. Entonces, quiso dar todo su tiempo a su estado de gracia, a su familia, al descanso, a estar sin apurones y tranquila en su casa de San Antonio de Padua, con un hermoso parque, piscina y sus amigos, los pájaros, que la frecuentan como buenos vecinos.
Dice: "Estábamos deseando otro hijo, y se dio en ese momento, aunque ahora, con todo la dedicación que significa ser madre, no pienso en más. Pero nunca se sabe".
Tuvieron una niña, Julieta, que nació en octubre de 2002. Casi cuatro meses después, Eleonora hizo unas funciones en Punta del Este junto al Ballet Argentino, pero Julio no estaba. Ahora regresa con todo para realizar con él y su compañía una temporada, desde hoy hasta el 21, en el teatro Opera, que estará compuesta de dos programas.
-La ligazón con Julio sigue como siempre ¿verdad?
-¡Sí, claro! Totalmente. Además de lo que tiene que ver con las funciones, también charlamos mucho. Tenemos esa cosa de amistad que nunca se diluyó. Bailamos constantemente durante catorce años y hay una gran comunicación, una relación muy linda y natural. Además, los dos estábamos en el Instituto de Arte del Colón, y desde el segundo año de estudios ambos bailábamos en la compañía que había formado María Luisa Lemos. Desde que entró era un poco el niñito mimado de esa profesora. Ya se destacaba. En mi opinión, yo veía en él algo especial.
Egresaron cuando pasó el período de aprendizaje que exige esa escuela. Julio dejó pasmados a rusos y argentinos cuando ganó la medalla de oro del Concurso Internacional de Moscú: fue el primer compatriota que lo logró, a los 18 años. Lo acompañó Raquel Rossetti, su partenaire en los inicios. Hasta que un día le preguntó a Eleonora si quería tomar ese lugar.
-¿Te dio miedo, te achicaste, sabiendo lo que Bocca significaba en el ballet mundial?
-No, de ninguna manera. Miedo es una palabra, una sensación que casi no existe para mí. Soy corajuda, no me asusto fácilmente. Y dije sí. Igualmente lo tomé con la responsabilidad que requería el caso. En esa época, yo me estaba entrenando para concursar en Moscú, estaba trabajando intensamente. No me dio temor su ofrecimiento. Al contrario, me sentí bárbaro. Nos fuimos a Venezuela y desde aquel momento, no dejamos de bailar juntos, con un contacto excelente al principio que después se fue profundizando y afirmando hasta hoy.
Cassano es de esas artistas en las que se confía incondicionalmente. Es de las que saca de apuros sin pensarlo dos veces. Una fue cuando viajó, volando de fiebre, a Rosario para reemplazar a Luciana Paris, que se había lastimado, a pedido de último momento de Julio. Otra, cuando la misma bailarina tuvo otra lesión, en una temporada en el Luna Park y la llamaron sobre la marcha para actuar esa misma noche, mas Eleonora tenía ese día el ensayo general de "Tango y fuga", que iba a presentar en el Maipo con coreografía de Ana María Stekelman y su compañía, Tangokinesis. Nuevamente no dudó y en la función del Luna hizo con Julio el pas de deux "Don Quijote". "Por la obra que iba a estrenar, no necesitaba zapatillas de puntas, no las tenía conmigo y hacía rato que no practicaba clásico. Las mandé a buscar a mi casa en Padua y lo hicimos."
Otra proeza
Una prueba irrefutable de su capacidad de continuar el espectáculo como sea fue cuando en una gira, interpretando el pas de deux "Cisne negro" en Carcassone, Bocca, en plena variación, con la cara desgarrada por el dolor, se alejó hacia las "coulisses". Se había roto los meniscos de una rodilla. En tanto el escenario, mientras seguía la música de la parte que le toca al varón, quedó vacío y el público comenzó a murmurar. Ese pas de deux, así como lo es para el hombre, es muy arduo para la mujer, que, en la coda final, debe realizar 32 fouettés, una verdadera prueba de fuego a la resistencia y técnica. Lo que debió haber bailado Julio en pasos de danza masculina, en un esfuerzo y férrea decisión, lo hizo Eleonora, que salió y sin pensar mucho qué hacer, empezó a hacer rond de jambe fouettés. La coreografía le exigía 32. Para cubrir la parte de Bocca, hizo la hazaña de realizar 64, impecables, como si nada hubiese pasado, ocultando con el brillo de su danza el desastre que pasaba en una ambulancia que llevó a Julio al aeropuerto y de allí, directo a Nueva York para que lo operaran.
Es sabido que Julio sufrió toda clase de operaciones. Ya tiene siete. Aunque Eleonora no ha pasado intervenciones quirúrgicas por "culpa" de la danza (aunque lleva encima dos cesáreas que le realizaron cuando tuvo a Tomás y a Julieta), tiene mal la espalda, algo bastante común en las mujeres. "Sobre todo, en la columna, la zona lumbar, y se produce por la presión del trabajo tan intenso, la enorme cantidad de funciones que hemos hecho. Pero ya estoy acostumbrada a bailar con dolor. El peor momento fue cuando tenía que hacer "Giselle" en La Plata, con Iñaki Urlezaga, y cuando comenzamos a hacer clase, me quedé dura, sin poder hacer el mínimo paso, se me caían las lágrimas; era como si me hubiesen cortado con cuchillas. Soy tan testaruda que no podía concebir que se suspendiera la función, pero todos me aconsejaron que no la hiciera por mi futuro, porque quizá no sólo no hubiese llegado a los cinco minutos, sino que podía agudizar el problema para el futuro. Me obligaron a no hacerla. A las dos semanas debía hacer mi primer Luna Park sola. Fui a un médico y me inyectó de todo a la mañana y a la noche. Me sacó del trance y pude actuar, aunque la espalda quedó lastimada crónicamente."
-Durante los años que trabajaste con Julio el repertorio fue muy variado; hiciste de todo, nuevos, en estilos diferentes, pero también están los tradicionales. ¿Te siguen gustando de igual manera? Hay uno, "El lago de los cisnes", que sólo lo interpretaste en el Colón. Ese papel está inserto en tu piel, es a tu medida. ¿No extrañás hacerlo?
-Sigo amando los clásicos. El placer que me puede causar bailar "Lago" pocas obras me lo dan, y hace muchísimo que no lo personifico. Es uno de los papeles que más deseo volver a realizar. Y cuando lo pienso, me estremezco, porque es maravilloso. En cuanto a lo que hice con Julio, en su compañía, la que más linda me pareció fue "Other dances", de Jerome Robbins, que ese coreógrafo hizo especialmente para Natalia Makarova y Mikhail Baryshnikov. Cuando la estrenamos aquí sentí que era una obra que me "quedaba" bien. Si la repitiera ahora, la haría muy diferente, porque yo estoy distinta y más libre. Además, con el tiempo, más allá de los tradicionales, necesitaba otras cosas, papeles con interpretación. Creo que esto partió de "Kuarahy", que nos montó Julio López. Terminaba con una angustia tremenda, porque la pieza, el argumento, los personajes eran muy poderosos.
-¿Te quedó algo en el tintero?
-Me hubiera fascinado bailar con Baryshnikov. En cuanto a obras, interpretar "Manón", de MacMillan, y "Eugenio Onegin", de Cranko. Pero nos falta despedirnos con Julio de "Don Quijote", uno de los ballets más extenuantes para la mujer y el hombre y cuyo gran pas de deux ha sido lo que más bailamos en toda nuestra carrera. Más que el caballito de batalla, ha sido una tropa de miles. Y los dos lo queremos mucho.
-Durante tu trayectoria con Julio muchos coreógrafos crearon piezas especialmente para ustedes, pero si no me equivoco, en este programa que harán en el Opera, es la primera vez que crean solos para vos. ¿Te agradan estas propuestas de bailes unipersonales?
-En el primer programa bailo "Diálogo", de Alejandro Cervera, con música de tambores japoneses que tocará un grupo en vivo. El solo es muy distinto de lo que suelo hacer. Es muy contemporáneo, en la línea de Alejandro. Le pedí que insertara ciertos pasos, para hacérmela más brava, como un salto, el doble assamblé, que es un paso que sólo hacen los varones. Es algo raro, ya que no existe en ninguna variación de mujer. Ese paso levanta el entusiasmo, saca chispas y genera un impacto distinto realizado por una bailarina. Yo lo venía practicando en las clases y me salía como si nada, porque tengo potencia en las "gambas". Los chicos me miraban asombrados. Pero lo hice siempre en el estudio; no lo podía mostrar en una función. Por eso, en este solo y con Cervera, encontré la ocasión justa. En cuanto al solo, "Sin tiempo", de Mauricio Wainrot, me lo montó hace dos años y por un motivo u otro nunca lo estrenamos. Es un poco más clásico, estoy con zapatillas de puntas, en tanto que en el otro bailo con unos zapatitos que es como si estuviera descalza. Ambos son lindos y una alegría que sean mis primeros solos.
Eleonora continúa, ajena a que Julieta desea sacarle a toda costa el celular, pero luego, en un santiamén hace que se duerma. La nena tiene su temperamento y hasta se le enfrenta a su hermanito, Tomás, que tiene siete años y que fue desde casi recién nacido, como empezó a hacerlo Julieta, a todas las giras que hizo su mamá, siempre junto a su marido. Pero Tomás era y es tranquilo. No lloraba, no pataleaba, no se quejaba; viajó por todo el mundo en toda clase de transportes y se adapta a cualquier situación.
Proyecto en silencio
Regresamos al diálogo. Es una idea que se concretará en enero, en el Maipo, con la coreógrafa Silvia Vladimivsky. "Voy a decir lo mínimo. Interpretaré un personaje muy fuerte, en danza-teatro. El tema que la inspiró existe, es real. Pero el guión, la coreografía y dirección son de ella. Y para mí es un desafío, porque me estoy adentrando en otra forma de interpretación, de estilo, de moverme y pensar. Actualmente tengo 38 años, y es el momento. Siento que puedo hacerlo. Es como cuando tuve ganas de hacer music hall, de divertirme, hacer tap, aparecer con plumas y probar otro medio. Para nada quise ser vedette; era sólo darme un gusto en algo que tiene mucho de rutilante, de gracia y entretenimiento. En lo de ahora emergen otras facetas, que se inclinan hacia lo contrario.
-¿Te pondrías un límite para dejar de bailar, como lo hizo Julio?
-Por ahora me siento bien físicamente. No veo que me esté yendo para abajo en lo técnico. Estar en el escenario es dar el máximo, no hay fronteras. Pero lo más importante en mi vida es mi familia. Sergio es mi cable a tierra. Si no tuviera a mis hijos, a mi esposo, no quedaría nada a la salida del teatro. Y yo no quise eso para mí. Esa es mi verdadera felicidad.
- Artista invitada
Eleonora Cassano, que ha acompañado tanto a través de los años y en diversos escenarios a Julio Bocca, volverá a reunirse con él desde hoy hasta el 21 en dos programas con distintas coreografías.
1
2La inesperada respuesta de Guillermo Francella, tras los rumores de romance con Elba Marcovecchio
- 3
“La causa está frenada”: fue un famoso cantante, vivió un gran amor, pero tuvo un trágico final y hoy sus hijos piden Justicia
- 4
En la calle: a pesar de la generosidad de sus fans para pagar sus deudas, Mickey Rourke fue desalojado de su casa

