
Con sabor a Traviata
En diálogo con La Nación , la soprano June Anderson habla de su regreso al Teatro Colón con la popular ópera de Verdi, que el domingo próximo abrirá la temporada lírica
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Esta vez el Teatro Colón no esperó hasta la llegada del otoño para empezar su temporada de ópera. Lo están comprobando los esforzados protagonistas de "La traviata", la popular ópera de Giuseppe Verdi que subirá a escena el próximo domingo: además de lidiar contra la partitura, la puesta en escena y el ensamble con la orquesta, es decir todos los elementos que reunidos conforman la magia única de la ópera, también deben combatir contra el calor, que se niega a retirarse de la ciudad.
Pañuelos, abanicos y remeras empapadas por el sudor pueblan el escenario del Colón en los últimos ensayos antes del estreno. Era tanta la temperatura que la famosa escena del brindis estuvo regada con generosas raciones... de agua mineral.
Más allá de los extenuantes ensayos, refugiada del sofocante calor en la habitación del hotel donde se hospeda, June Anderson, que finalmente debutará en el Colón interpretando el papel de "Violetta", se muestra de buen humor.
La soprano norteamericana está ansiosa por concretar su debut en el Teatro Colón del modo en el que más le gusta: haciendo ópera. Es que hace dos años una alergia, que según ella le ocasionaron los materiales usados para los decorados de la ópera "Norma", derivó en una infección en los oídos que le impidió hacer aquí el doble debut en el teatro y en el papel protagónico de la ópera de Bellini.
"Soy muy alérgica y tengo asma. Sé que hubo toda clase de rumores, como que me fui después de la prueba de vestuario", comenta en el único momento de enojo de la charla exclusiva con La Nación . "Estaba enferma y, de hecho, no me pude ir de Buenos Aires hasta después del estreno porque la infección en el oído me impedía tomar el avión."
"No soy biónica"
"Soy humana -continúa monologando la soprano- y la gente piensa que los cantantes no tienen derecho de enfermarse. Lo siento, no soy una soprano biónica", agrega entre risas, para luego elogiar al público del Colón. "No iba a cantar Norma así. Este es un público muy inteligente, que escuchó a los mejores cantantes de todos los tiempos. Y yo no iba a insultarlos cantando mal." Ahora, Anderson luce a la vez entusiasmada y tranquila.
Ansiosa, porque si bien cantó en el Colón el año pasado, fue en un recital con piano y por eso ve su presentación en el papel protagónico de la ópera que Verdi escribió sobre "La dama de las camelias", de Alejandro Dumas, como un verdadero debut. Sin embargo, está segura de sí misma, ya que tendrá que enfrentarse a uno de sus papeles favoritos y que más satisfacciones le dieron en su carrera: Violetta.
La trágica historia de la heroína verdiana, que moriría irremediablemente -una vez más- por la tuberculosis, después de recorrer el camino entre la vida disipada que llevaba en el París del siglo último hasta la renuncia al hombre de su vida, le permitirá a Anderson no sólo lucir sus dotes vocales (sobre todo en el primer acto) sino su madurez para desarpapellar la personalidad compleja de la "Dama de las camelias".
"Mi visión sobre el papel de Violetta es esencialmente el mismo, pero devino cada vez más complejo. Es más sombreado, con más matices. Creo que a medida que estás más seguro técnicamente, uno puede concentraste más en el contenido que en las dificultades técnicas.
-¿Violetta es difícil en términos técnicos?
-Sí, tal vez por eso cuando era joven lo hacía más técnico que emocional. Pero con los años, las experiencias y los desgarros del corazón, -dice con fingida voz melodramática-, comencé a entenderla cada vez más. Es un papel en el que logré una interpretación muy personal.
-¿Cómo analiza la evolución de la línea melódica de su personaje?
-Es muy interesante la escritura de Verdi en esta ópera. El primer acto tiene un montón de fiorituras y a medida que se avanza en la ópera van desapareciendo. La luz representa el carácter que trata de formar parte de este demi-monde . A medida que se hace más una persona, alguien que se sacrifica y sufre es más lírica. El primer acto tiene una escritura maravillosa. "Forse lui" es muy intimista y cuando trata de negar la posibilidad del amor real y vuelve a su vida frenética y salvaje, es todo coloratura y notas altas. Después de ahí no hay nada más alto de un si bemol.
Lo que quiere Violetta
Naturalmente, Anderson conoce muy bien los detalles técnicos y psicológicos de uno de los personajes más conocidos de la ópera. Y tratándose de una cantante de una personalidad fuerte como la que posee la norteamericana, puede parecer para un régisseur una tarea compleja discutir sobre sus propias ideas.
Ella no lo oculta. Dice que con el régisseur Alejandro Chacón pudo entenderse muy bien. Con sinceridad, agrega: "Esta ópera se llama "La traviata" (en castellano, la descarriada), canté el papel por años y no se puede cambiar algo en diez días. Obviamente, ésta es una nueva producción, que no hice antes y va a ser diferente, pero conozco las intenciones y los sentimientos del papel. Me permiten decir: "No, ella no haría eso. Como Violetta, no puedo hacer esto"".
-¿Como es su relación con los régisseurs?
-Buena.
-¿No tuvo discusiones con algunos que realizaron puestas modernistas?
-Tuve, sí. En teoría, no estoy en contra de mirar una obra antigua de un modo nuevo. Pero pienso que uno tiene que mantener la esencia de una obra y una vez que rompes esto, niegas la esencia de la obra, se hace mal. Es ahí cuando empiezo a tener problemas con los directores de escena. Es cierto que no podemos pretender que estamos en 1831 o en la fecha en la que la obra fue escrita. Pero por ejemplo, en "La traviata" estamos hablando de la vida social de París del siglo XIX y de una enfermedad que no es curable. No se puede avanzar demasiado, no puedes ir hasta más allá del comienzo del siglo XX. Tal vez hasta 1920. Porque el mundo cambió y no tendría más sentido.
-¿Cómo le fue con el debut con Norma que hizo finalmente en Chicago?
-Estuvo bien, era la primera Norma, y no la 55. Hice diez funciones y cada una fue mejor que la anterior. Es un papel que amo absolutamente. Fue realmente feo que no haya podido cantarlo aquí.
-¿Sigue prefiriendo cantar en óperas que hacer conciertos?
-Sí, soy una actriz, y por eso me gusta estar sobre un escenario con el vestuario de un personaje. Prefiero ser Violetta o Norma antes que June Anderson. Es más interesante.
-¿Está cantando nuevamente música de su país?
-Sí, Gerswhin, Richard Rodgers, Cole Porter... Yo empecé cantando este repertorio en Broadway.
-¿Adapta su voz al estilo?
-Claro, mi voz no suena igual y no puede ser igual a cuando canto ópera.
-Hay algunos cantantes líricos que no lo hacen...
-Sí, lo sé, pero es como cantar Puccini de la misma forma que Haendel. Tienes que cambiar por el período y el estilo. El estilo es algo que la gente olvida tener en cuenta. No uso mi voz de Norma para cantar Kurt Weill. Hay momentos en que sí, algunas notas agudas, algún pianissimo. Lo que puedo usar es mi paleta de colores vocales.
-A pesar de muchos augurios, la ópera sigue vigente. ¿Cómo ve la actividad lírica para el siglo que viene?
-No está perdida, se pueden seguir cantando las grandes obras del pasado con nuevas voces, directores... Nunca se perderá. Si miras un cuadro de Rembrandt y dices: "No tenemos un artista así ahora, ¿por qué no tiramos su obra?", estás errado. Sus cuadros están todavía ahí y la gente aún está interesada en la ópera.
-¿Por qué le parece que la gente quiere volver a ver una y otra vez historias como la de "La traviata"?
-Porque mi Violetta es diferente de las que escucharon por otras cantantes. Hay gente que dice: "Traviata, sí, ya la vi". Pero en la ópera éste no es el modo de pensar, porque cada vez es diferente. Por eso nunca me cansé de cantar Violetta. Porque cada vez que lo hago es un poquito diferente, y la gente con la que lo hago es otra. Nunca es exactamente lo mismo. Yo no me canso de cantarla una y otra vez.
El perfil de una diva
- Nacimiento: en Boston, Estados Unidos, el 30 de diciembre de 1952.
- Promesa: con sólo 17 años se convirtió en la más joven finalista en las audiciones del Metropolitan Opera House.
- Debut: en Nueva York, cantando el papel de La Reina de la Noche de la ópera "La flauta mágica", de Mozart.
- En el cine: la soprano puso su voz en ese mismo papel en la película "Amadeus", de Milos Forman.
- Bernstein: Anderson y el compositor se profesaron una mutua admiración. Ella grabó con él su obra "Candide" y participó del concierto en el que se celebró la caída del muro de Berlín.
- Principales óperas: "Lucia de Lamermoor", "I Puritani", "La traviata" y los principales papeles del bel canto en general.
- Debut frustrado: por una infección se retiró de la producción de "Norma", que se realizó en el Colón en 1996.
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