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Apenas comenzó el show de Kasabian anoche en Obras con "Ill Ray (The King)", de For Crying Out Loud -el disco editado el año pasado-, Serge Pizzorno tocó algunos acordes, pero instantáneamente dejó la guitarra a un costado de su cintura y se puso al borde del escenario en modo pendenciero, golpeándose rabiosamente el pecho -como si estuviera diciendo: "Sí, somos nosotros"-. Mientras, a pocos metros, su inseparable coequiper Tom Meighan cantaba electrizado "You know my name, you know my name, you know my name" ["Vos sabés mi nombre"]. En los primeros minutos en el escenario del templo del rock porteño, los líderes de la agrupación entregaron los primeros gestos del ADN british y arrogante que los hizo populares y que en vivo crece como una arenga en tiempos de supervivencia.
El sexto disco del grupo de Leicester se erigió desde situaciones privadas contrapuestas entre sus miembros: un casamiento (el de Pizzorno), un divorcio (el de Meighan) y hasta el histórico triunfo de su equipo de fútbol favorito en la Premier League. Si bien la catarsis marcó una parte importante de su material más reciente, los temas cuentan con el método tradicional Kasabian de himno de rock de radios (marcado por el pulso de Stone Roses, Blur y, claro, Oasis) y en el recital le dieron razones para que sus fanáticos argentinos puedan cantar a coro y desatar algunos pogos de alto octanaje. Ocurrió con "You’re In Love with a Psycho", que pegado al industrial "Eez-Eh" generó una atmósfera bolichera propio de la herencia electro de Primal Scream y Chemical Brothers. Aquel espíritu se trasladó al también nuevo "Wasted", y a "Treat", con Pizzorno bailando pegado a las vallas con el público.
Pero de For Crying Out Loud sonaron nada más que cinco canciones. Sin solemnidad ni demagogia excesiva, salvo los llamados constantes de Meighan a nuestro país -hasta que por fin alguien le tiró una bandera celeste y blanca para lucir en "Stevie"-, el tercer arribo de Kasabian a Buenos Aires también se trató de complacer con clásicos y llamados laterales. "U Boat" tuvo a Pizzorno solo con su guitarra canalizando el lamento en vibrato símil Richard Ashcroft y "L.S.F.", de su álbum debut, fue el highlight más allá de la hora y media que duró el recital: cuando se terminaron los bises, el público se retiró del estadio y empezó a recorrer la avenida del Libertador coreando el hit de 2004.

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