La relación de Mex Urtizberea con el cine viene de lejos. Cuando era chico en su casa había un proyector Pathé de manivela con el que su padre, el periodista Raúl Urtizberea, pasaba películas mudas de Chaplin y El Gordo y el Flaco. "Recuerdo que me encantaba esa ceremonia, los sábados a la tarde, de apagar la luz y cerrar bien las cortinas para sumergirme en ese universo de fantasía", comenta Urtizberea. El multifacético conductor, músico y periodista confiesa que de los géneros artísticos el cine es el que más le gusta y en el que se siente más cómodo. "Puedo actuar, dirigir, escribir, hacer música. Escribí tres guiones y me gustaría dedicarme a eso. Quisiera ser un Armando Bó", comenta divertido. Más grande, empezó a frecuentar los cines de la zona norte: Bristol, Astral, California y Centenario eran nombres familiares para él, donde la madre depositaba a su numerosa prole y en la que pasaba unas seis horas. "En continuado y por 70 centavos veíamos una de aventura, una comedia y otra de amor", detalla. Su pasión por el cine continuó durante la adolescencia porque descubrió los ciclos de la sala Leopoldo Lugones y de la cinemateca de la Sociedad Hebraica Argentina (SHA). "Iba desde San Isidro, donde vivía, al Centro hasta tres veces por semana. Me acuerdo de haber ido hasta en días en que se partía la tierra del calor que hacía. Pero ahí descubrí el cine de los grandes directores: Buñuel, Fellini, Visconti, por ejemplo.
A la hora de elegir las películas favoritas, surgen un montón de títulos, pero se anima a seleccionar unas pocas. "Me encantó Milagro en Milán, de Vittorio De Sica. Me identifico mucho con su tipo de humor. El uso del absurdo, la ingenuidad y la crítica social al poder tienen mucho que ver con lo que yo hago. Además, es un film del neorrealismo italiano que tiene que ver con nuestra cultura. Es emocionante", exclama.
Otra película que le impactó es Dedos de oro. "Con el verdadero James Bond, Sean Connery", aclara. A Urtizberea le alucinaba el ingenio de este héroe que parecía un robot y mostraba una destreza fenomenal. "El pobre de Bond no tenía paz, todo era un estrés tremendo. Tantas situaciones continuas de peligro y amenazas me generaban un vértigo interno", cuenta.
Para Urtizberea, El Padrino, de Francis Ford Coppola, no tiene desperdicio. Y destaca que los personajes resultan muy familiares, muy reales. "Todas las escenas tienen un sentido: es increíble. Además, la transformación de Al Pacino como hijo ejemplar en jefe de la mafia es maravillosa", añade.
Otro film preferido es Tarde de perros, de Sidney Lumet, con Al Pacino y John Cazale. "Se trata de dos ladrones amateurs que intentan robar un banco y todo sale mal. Es fantástico ver a Pacino tomando el dominio de la situación y, en un primer plano, arengando a la gente que está en la calle."
Y para terminar desliza algunos nombres de directores y películas que lo apasionan. El terciopelo azul, de David Lynch, le produce las mismas sensaciones que el cine de Lucrecia Martel. "Me genera una angustia que tiene que ver con las pesadillas, con el sueño ingobernable. No entendés bien qué pasa y te atrapa en todo momento. Y cuando termina, podés hacer cien mil interpretaciones." Otro film, Después de hora, de Martin Scorsese, "onírico, desesperante". "Me seduce lo onírico porque es algo que en el momento en que estás soñando lo creés. Y en la vida cotidiana, todo el tiempo vivís situaciones que salen de los marcos de lo que debe ser. Eso es lo que me gusta: cuando las cosas se presentan de otra manera por un acto accidental."
Mi tío, de Jack Tati, lo marcó mucho. La parodia que hace de la sociedad moderna y de que se va perdiendo la sencillez, esa cosa de barrio y de que todo se vuelve frío, individualista, es impresionante. "Los sonidos tienen una presencia muy importante: el ruido de la cocina, la heladera, la ducha, todo es horrible, se muestra el progreso de una manera torturante", explica.