
Un rompecabezas nada fácil de armar
Olga, Victoria Olgapromete, pero no cumple
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Olga, Victoria Olga (Argentina/2006). Dirección y guión: Mercedes Farriols. Con Juana Hidalgo, Beatriz Spelzini, Mariana Levy, José Manuel Espeche, Pepe Novoa y otros. Fotografía: Ricardo De Angelis. Música: Federico Jusid. Presentada por Americine. Hablada en español. Duración: 87 minutos. Calificación: sólo apta para mayores de 13 años.
Nuestra opinión: regular
Proveniente de la televisión y de la literatura, Mercedes Farriols se inserta con este film en la pantalla grande para dar rienda suelta a su imaginación, que, en verdad, no le falta, si bien aquí tropieza con algunos elementos algo enredados que se anudan dentro de una trama pretendidamente poética en la que se superponen las historias de tres mujeres y, paralelamente, de tres generaciones. Bárbara, uno de esos personajes femeninos, se halla agobiada por la relación con sus padres, por la contradicción existente entre sus anhelos y la sociedad que le toca vivir, por el amor, el desamor y los desencuentros. Una madrugada regresa de una fiesta con su novio y el automóvil que los conduce se estrella.
En esos instantes en que Bárbara se halla muy cerca del final de su existencia aparecerá Olga, su abuela, una anciana que, proveniente de un pueblo de Italia, aporta su sabiduría para que la muchacha pueda romper con el castigo de su accidente y con la incomprensión de su severo padre. Su madre, en tanto, sufre las consecuencias de un marido nada complaciente, en tanto el pasado, con sus emigrantes recién llegados a este nuevo país, aparece en medio de los recuerdos y de las emociones.
Elementos superpuestos
La idea de Mercedes Farriols como guionista apostó a la hondura dramática y a la emoción de cada una de estas protagonistas, pero el film queda como una trama poética que por momentos se hace difícil de digerir en medio de tantos elementos que transitan y se superponen en la búsqueda de la emoción más genuina, que pocas veces logra en la búsqueda de la impotencia y la incomprensión. Cuesta bastante seguir el camino de esta historia y lograr que ella conmueva, como seguramente era la ambición de la realizadora. Hay aquí demasiada presunción en ese libreto que se encamina entre el pasado y el presente y se deja caer en una serie de elementos que necesitaban de una narración de mayor calidad para lograr el interés que, sin duda, transitaba por la imaginación de la realizadora.
El rubro actoral es, sin duda, lo más sobresaliente del film, ya que tanto Juana Hidalgo como esa abuela sabia y comprensiva y Beatriz Spelzini, en el papel de la madre angustiada, lograron hacer creíbles a sus respectivos personajes, en tanto que el resto del elenco se comportó con indudable emoción. No menos atrayentes son la fotografía y la música, pero la intención de la directora quedó a mitad de camino entre una especie de rompecabezas nada fácil de armar y una lectura que, por momentos, ingresa en un laberinto carente de atracción.
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