
Según pasan los años
La secuela de "La decadencia del imperio americano", del director canadiense, se estrenará el jueves
1 minuto de lectura'
Que Denys Arcand es uno de los directores favoritos de Cannes es una realidad que se viene repitiendo desde hace más de cuatro décadas. La relación entre el realizador de 63 años y el máximo festival del mundo arrancó en 1961, cuando el canadiense presentó en la Semana de la Crítica un pequeño trabajo en blanco y negro llamado "Seul ou avec d´autres" y continuó de forma casi ininterrumpida hasta llegar a la última edición, cuando "Las invasiones bárbaras" -su sexta aparición en la muestra de la Costa Azul sobre ocho largometrajes- ganó los premios a mejor guión y actriz.
El poder de los diálogos
Principal exponente del cine canadiense francohablante (su base sigue estando en Montreal), Arcand concibió "Las invasiones bárbaras", cuyo estreno en la Argentina se anuncia para el próximo jueves, como una continuación de "La decadencia del imperio americano". Aquella celebrada película de 1986 (ganadora del premio de la crítica en Cannes), que presentaba a ocho ex hippies utópicos e izquierdistas de treinta y pico devenidos cínicos intelectuales ávidos por filosofar sobre los grandes temas existenciales, se convirtió en un éxito a escala mundial. Ahora, 17 años más tarde, Arcand reunió al elenco original para ofrecer otro "talking head film" (tal como se conoce en la jerga del negocio a las historias sustentadas en el poder de los diálogos), pero en circunstancias diametralmente opuestas. Con más de 50 años, hijos, divorcios y decepciones varias a cuestas, los personajes de Arcand ya no se preocupan tanto por el sexo: la vejez y la tragedia se ciernen sobre estos burgueses tan sagaces como conflictuados.
Rémy (Rémy Girard), prestigioso profesor de historia en la universidad, está muriendo de cáncer y su ex esposa (Dorothée Berryman) convoca a su hijo (Stephen Rousseau), un exitoso ejecutivo afincado en Londres, a sus dos mejores amigos (Pierre Curzi, Yves Jacques) y a sus ex amantes (Louise Portal y Dominique Michel) para que lo acompañen. En el medio, aparece Nathalie (Marie-Josée Croze, sorpresiva ganadora del premio en Cannes por su actuación), una joven adicta a las drogas que conmoverá al grupo de amigos.
Historia emotiva que pendula entre el melodrama y la comedia irónica, "Las invasiones bárbaras" es una controvertida mirada al mundo posterior al 11 de septiembre de 2001 ("el primer ataque bárbaro exitoso al corazón del imperio dominante, de los muchos que vendrán", según la opinión de Arcand) en la que la desesperanza generacional se contrapone con una necesaria reconciliación en un nivel mucho más íntimo y espiritual.
La polémica no es algo nuevo dentro de la filmografía de Arcand. Su documental "On est au coton" (1970), que denunciaba los abusos contra los trabajadores de la industria textil de su país, estuvo seis años prohibido, pese a ser un encargo del National Film Board of Canada, mientras que "Québec: Duplessis et aprés..." (1972), sobre la figura del ex primer ministro Maurice Duplessis, resultó otra bomba política. Tampoco se salvó del encarnizado debate ideológico "Jesús de Montreal" (1989), su sátira sobre la religión, el teatro y la vida contemporánea que ganó el premio del jurado en Cannes y obtuvo una nominación al Oscar como film extranjero.
Tras un profundo bajón artístico que sufrió en los últimos tiempos con películas rodadas en inglés ("Stardom" y "La verdadera naturaleza del amor"), que no tuvieron demasiada repercusión, Arcand volvió a lo que mejor sabe (escribir diálogos en francés para ambiciosas historias corales) y el resultado ha sido un regreso a lo grande con "Las invasiones bárbaras", donde se permite arrasar con cuanta doctrina le apetezca y hasta ajustar cuentas con la nouvelle vague francesa (especialmente con el iracundo Jean-Luc Godard).
LA NACION estuvo en la presentación mundial del film durante la última edición de Cannes, donde Arcand -director famoso por su parquedad- defendió las ideas centrales de su nuevo largometraje.
-¿Por qué decidió rodar una secuela de "La decadencia del imperio americano" casi dos décadas más tarde?
-Yo filmo películas sobre personajes que amo y que me divierten. Y amo a estos personajes y a los actores que les dieron vida por su valentía, su ductilidad y su gran sentido del humor. "La decadencia..." cambió mi vida para siempre y ojalá que "Las invasiones..." vuelva a provocar otro vuelco tan positivo. Hacía tiempo que me venía rondando la idea de volver a convocarlos, y durante más de dos años estuve trabajando en un guión. Pero las situaciones se tornaban de manera recurrente demasiado oscuras, deprimentes y poco sustanciosas. Hasta que finalmente conseguí armar la historia que estaba buscando y logré que todos los intérpretes coincidieran en una fecha para el rodaje. Todos estábamos felices de embarcarnos en una nueva empresa llena de riesgos y desafíos.
-Una de las características salientes de sus películas es la manera en que integra de forma casi natural elementos extremos de la comedia y de la tragedia ¿Cómo trabaja esta interrelación tan compleja?
-Quienes hemos nacido en Quebec tenemos la extraña habilidad de reírnos en las situaciones más penosas y de llorar en los momentos de mayor felicidad. No conozco otro pueblo capaz de reír y llorar al mismo tiempo con tanta facilidad y naturalidad.
-¿Le resultó difícil matizar el plano ideológico con su obsesión por revisar la historia de la civilización, y el plano más íntimo y emotivo propio de las relaciones humanas?
-Creo que la película se sostiene principalmente gracias a la intensidad del conflicto entre padre e hijo y al hecho de abordar un tema tan movilizador como la aceptación de la propia muerte. Muchos se quedan con la ferocidad del discurso ideológico, pero yo creo que "Las invasiones bárbaras" tiene una llegada mucho más sensible que intelectual. Por eso le dediqué la película a mi hija Ming Xia, que adoptamos con mi compañera de vida y de proyectos Denise Robert, hace ya siete años.
-De todas maneras, es inevitable vincular "Las invasiones bárbaras" con la situación posterior a los atentados contra las Torres Gemelas. ¿Cómo analiza usted el nuevo mapa internacional?
-Yo escribí en la gacetilla de prensa para Cannes que el mundo y la vida están cambiando de forma demasiado acelerada y eso es algo que a mí no me gusta nada. El concepto de países, tal como lo conocemos hoy, está en vías de extinción. Las fronteras resultarán irrelevantes. Habrá ciudadanos estadounidenses por un lado y una suerte de alienígenas del resto del mundo, por el otro. Todos los que no somos norteamericanos nos volveremos una amenaza para ellos, algo así como los bárbaros del nuevo siglo.
1
2Junto a Gastón Pauls y Leticia Brédice, el Festival de Málaga reconoció la obra de Fabián Bielinsky
- 3
Agustín Palleres Yoffe: trabajó en TV y en publicidad, pero se enfermó y cumplió un sueño que todos le decían que era imposible
4Violeta Kreimer, la productora argentina que compite por un Oscar: de cómo nació su proyecto al apoyo de dos grandes actrices

