Otro thriller al estilo argentino
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Tras una extensa trayectoria como docente, camarógrafo y cortometrajista, Víctor Jorge Ruiz llegó al film de largo aliento en 1996 con "Flores amarillas en la ventana", que obtuvo el premio al guión otorgado por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales.
"Desde aquel momento hasta ahora -recuerda Ruiz durante un diálogo con La Nación - intenté retornar al largometraje y, tras mucho esfuerzo económico, acabo de finalizar el rodaje de "Ni vivo... ni muerto", una historia que tenía en la cabeza desde hace mucho tiempo."
El elenco de esta nueva producción, que llegará a las pantallas porteñas el mes próximo, es encabezado por Edgardo Nieva y Arturo Bonín, "dos actores -apunta Ruiz- en los que hallé a las criaturas ideales que había imaginado en mi guión".
-¿Hay algún punto de contacto entre "Flores amarillas en la ventana" y "Ni vivo... ni muerto"?
-Sus temáticas -explica el realizador- son diferentes. "Ni vivo... ni muerto" es un thriller ambientado en 1980 y se desarrolla en torno de un rehén y de un clima opresivo. "Flores amarillas...", en cambio, apuntaba a cierto aire melancólico y romántico... Las dos, sin embargo, tienen el común denominador de que surgieron de vivencias personales o, por lo menos, de episodios que me tocaron de cerca.
"Los personajes de "Ni vivo... ni muerto" -interviene Bonín- no son dueños de su destino y radiografían episodios que, dentro de una historia cercana, conocemos muy bien... Ya había trabajado con Ruiz en "Flores amarillas...", y volver a estar a su lado es un constante aprendizaje tanto artístico como humano."
Con su hablar pausado y su sonrisa tímida, Ruiz rescata los devenires de "Ni vivo... ni muerto" desde sus comienzos hasta esta proximidad del estreno: "No es fácil hacer cine en la Argentina, ya que este segundo largometraje me insumió más de tres años de preparación... Pero yo soy un hombre paciente y sabía que la historia de "Ni vivo... ni muerto" contenía una gran fuerza dramática y se insertaba en una temática, la policial, no demasiado aprovechada en nuestra pantalla. Cuando por fin pude comenzar a rodar, lo hice con la convicción de que me acercaba a la posibilidad de lograr una película que pudiese interesar al público, ya que lo que me importa es que mi obra no sea indiferente a los espectadores".
Tras el éxito de "Gatica, el mono", de Leonardo Favio, Edgardo Nieva reconoce que no tuvo otra oportunidad en la pantalla grande. "Los productores -explica- me habían encasillado en la figura de ese boxeador, y es muy difícil salir de esa encrucijada que, en definitiva, perjudicó mi carrera actoral. Pero Ruiz creyó en mí, y así pude reintegrarme al cine argentino."
-¿Cómo definirías tu papel en "Ni vivo... ni muerto"?
-Es alguien que está prisionero aunque puede salir a la calle... Desea recuperar el amor de su esposa y su libertad, pero es un matemático que debe acceder a la delincuencia sin proponérselo. Mi personaje puede sintetizarse en lo que dice en el film: "La verdad es que no sé nada, a veces siento algo de alivio porque me doy cuenta de que estoy jugado, que mi desenlace está cada vez más cerca aunque, por ahora, no estoy ni vivo ni muerto".
Con una larga trayectoria en la televisión, en el cine y en el teatro, Arturo Bonín -que actualmente realiza giras de fin de semana por todo el país con la pieza "Hasta que la vida nos separe", junto a Susana Cart, su mujer- se siente feliz como actor al poder elegir lo que le interesa como actor. "En esta elección -dice- algunas veces me equivoqué, pero ello está dentro de las reglas de juego de una profesión sujeta a muchos avatares... Cuando Ruiz me dio a leer el guión, no dudé un segundo en aceptar el trabajo, ya que vi en esa historia un cuadro patético de lo que nos tocó vivir a nosotros, como argentinos. Mi papel no es, por cierto, agradable, pero es, en cambio, un gran desafío actoral."
"Tengo puestas todas las pilas en esta nueva película -resume Ruiz-, pero al mismo tiempo estoy preparando otro film que rodaré en la Patagonia." Tanto Bonín como Nieva también están ansiosos para que "Ni vivo... ni muerto" sea conocida por el público. "La verdad -coinciden- es que sólo cuando el producto es juzgado por los espectadores tiene validez."
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