Julianne Moore: la reina de la tragedia
En "Misteriosa obsesión", que se estrenará el jueves, compone a una madre que perdió a un hijo, y confiesa que como espectadora le gusta "crisparse en la butaca por nervios o por miedo"

NUEVA YORK.- "Lo que hacemos los actores es sólo simulación: siempre se lo recuerdo a la gente. Fingimos ser amas de casa de los cincuenta, agentes del FBI, actrices porno o esposas desesperadas por aliviar el dolor de su marido moribundo: sólo fingimos. Estamos actuando, y es saludable que los actores también lo tengan siempre presente", dice con énfasis Julianne Moore, aunque no abandone la sonrisa. Para ella, que acaba de hacer el papel de madre trastornada por la pérdida de su hijo en el thriller "Misteriosa obsesión", no cabe eso de "¡Oh, este papel es tan absorbente!, me acompaña día y noche, no puedo sacármelo de la cabeza", etcétera. "Nooo -reitera-, yo tengo mucho que hacer en casa: un marido, dos chicos que tienen que cenar, hacer los deberes, bañarse, cambiarse de ropa, lavarse los dientes antes de ir a la cama... Así que nada de personajes invasivos. Ser actriz es sólo mi trabajo, de modo que cuando vuelvo a casa todo el juego se terminó. Y sería muy importante para los actores tener conciencia de eso: no somos esos seres exaltados que viven raras experiencias; somos actores, estamos actuando, fingiendo."
Lo que no quiere decir que algunos papeles no la hayan hecho reflexionar sobre sus propios sentimientos, como le ha pasado al ponerse en el lugar de la protagonista del film que es motivo de la charla y que agita el mayor fantasma que puede perturbar a un padre. Pero nunca confunde el trabajo con la vida real.
"Yo sé que hay un montón de papeles que hice y que no tienen nada que ver con mi vida -dice con el gesto de quien explica lo que no necesita explicación-; ni fui ni voy a ser del FBI como en «Hannibal», no soy inglesa como en «El ocaso de un amor», nunca viví en el siglo XIX como la Elena de «Tío Vania en la calle 42» y cuando yo nací, ya habían pasado los años cincuenta de «Lejos del paraíso» o «Las horas». Pero, ocasionalmente, reflexionando sobre un personaje, me he puesto a pensar cómo reaccionaría yo en una situación semejante."
Le pasó con éste, confiesa. Telly es una mujer como cualquiera, una que, como Julianne, vive en Nueva York, que tiene su familia y su trabajo, está bajo asistencia psicológica porque no se acostumbra a la idea de que su hijo haya muerto en un accidente catorce meses atrás y que empieza a dudar de su propia salud mental cuando su marido y su psiquiatra le aseguran que tal hijo nunca existió y que todos sus recuerdos no son sino frutos del delirio.
"No es común que un film con la estructura de un thriller apele tan directamente a la emoción del espectador -afirma la actriz-: eso es lo que me gustó de «The Forgotten» (tal el título original de la novedad cuyo estreno anuncia Columbia para el jueves). La historia parte de esa emoción: desde el principio uno se interesa por la protagonista porque ella está pasando por el dolor más grande que puede afectar a un padre. Y con ese nexo emotivo, resulta mucho más intrigante todo lo que le sucede después, cuando se resiste a creer que el hijo que recuerda haya sido sólo una fantasía y el espectador no sabe si pensar que la persecución de que ella es objeto es real y responde a alguna razón misteriosa o si verdaderamente se está volviendo loca."
Da gusto conversar con esta pelirroja pálida, efusiva y jovial que es pura vivacidad y sensatez. Voz cristalina, mirada franca, sonrisa luminosa, hay en Julianne Moore (43) algún encanto extra que el cine no alcanza a reproducir. Uno se pregunta por qué no se le han confiado más papeles de comedia. Ella también, aunque recuerda que no hace mucho filmó "Las reglas de la seducción", con Pierce Brosnan, y que ahora está empezando otra comedia, "Trust the Man", un film independiente que dirige su marido, Bart Freundlich, con David Duchovny, Lucy Liu y Billy Crudup.
"No quiero convertirme en la reina de la tragedia", apunta. Pero también concede que entre sus debilidades como espectadora figura la de crisparse en la butaca por nervios o por miedo. ¿Tendrá algo que ver con su presencia en "Misteriosa obsesión"?
"Me encanta asustarme en el cine, los sobresaltos, las sorpresas. Por eso odio que revelen los secretos de una película y no voy a ser yo quien descubra los que hay en ésta, que son bastantes. Básicamente, es una historia sobre cómo nos sentimos acerca de nuestros hijos, de lo que somos capaces de hacer para protegerlos, de los miedos que nos inquietan en torno de su seguridad. El resto es acción, suspenso, entretenimiento. En el fondo, es lo que uno busca en una película: emocionarse y pasarlo bien."
A dos pasos de casa
Julianne confiesa que una de las razones por las cuales lo pasó muy bien en el rodaje de "Misteriosa obsesión" fue la posibilidad de desarrollar su vida normal y poder volver todas las noches a casa. El film fue rodado íntegramente en Nueva York, donde ella reside con su marido y sus dos pequeños hijos, Cal, que cumplirá 7 años en diciembre, y Liv, que sopló dos velitas en abril.
"Lo mejor fue que pudieron acompañarme y almorzar conmigo algunas veces, especialmente cuando rodábamos en exteriores, aunque Cal está muy ocupado con su escuela y más todavía con sus juegos: es adicto al Yu-Gi-Oh. Pero aunque conocen algo del mundo del cine -saben que mi trabajo es ser actriz y a Liv le encanta pintarse y disfrazarse con mi ropa y mis zapatos-, no son muy curiosos acerca de las historias en las que participo, así que no tuve que explicarles nada. Como en muchas otras familias, los chicos, por lo menos los tan pequeños, no tienen demasiada curiosidad acerca de lo que sus padres hacen para ganarse la vida. Ni siquiera ven mis películas: saben que son para adultos. Lo único que les preocupa es tenerme cerca. Son, como se ve, chicos normales: eso me da placer."
-¿Qué la hace decidirse por un film: el personaje, el guión, el director?
-En principio, el libro; pero en algunos casos, como cuando trabajo con Paul Thomas Anderson ("Juegos de placer", "Magnolia") o Todd Haynes ("Safe", "Lejos del paraíso"), hay otras razones. Como tengo una gran confianza en ellos, creo que en mi elección no pesa tanto el contenido del libro como la lectura que ellos van a hacer, cómo van a internarse en el material. Paul era un director muy joven cuando lo conocí, tiene un talento enorme y ya se sabe que en su caso más que el tema que elige importa la manera como lo aborda.
-Esta sociedad vive obsesionada por el éxito. ¿Qué significa para usted?
-Para mí, el éxito es algo que se va construyendo papel a papel, y en ese sentido debo decir que no me preocupa lograr el "éxito" ya. Y no me avergüenza decir que estoy muy satisfecha con mi trayectoria hasta ahora.