Jigsaw, el juego continúa: festival de torturas y mutilaciones

Con la octava entrega de la saga Saw (acá, El juego del miedo), el terror pierde los tímidos componentes de inquietud y tensión que quedaban en el tintero de su tradición para regodearse en un tratamiento exponencial de la angustia. No hay misterio posible: solo se trata de esperar cómo y con cuánta sangre morirán los cautivos de un lunático que pone en escena las pruebas más sádicas. Dirigida por los hermanos Spierig (responsables de la más que interesante Vampiros de día), este reinicio de la franquicia, que sigue la tradicional estela del copycat tiene un componente redentorio: el juego temporal se convierte en la única clave de disfrute en la previsible feria de torturas y mutilaciones.

Nuestra opinión: regular
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