Agasajan a Aristarain
Cumbre de nombres célebres para hablar sobre su obra
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HUELVA, España.- Cobijado en su timidez y su conocida parquedad para expresarse, ayer, en el Festival de Cine Iberoamericano de Huelva, el realizador argentino de origen vasco Adolfo Aristarain (de quien se ha presentado toda una retrospectiva), fue casi radiografiado por sus compañeros de trabajo en un extenso homenaje repleto de elogios y también de dulces reproches, de anécdotas y perfiles de juventud, y de reflexiones sobre el cine que le es propio. En la mesa estuvieron los actores Federico Luppi, Aitana Sánchez-Gijón y Pere Ponce; el realizador Mario Camus; el productor Héctor Olivera, el director de fotografía Porfirio Enriquez y los técnicos de sonido Daniel Goldstein y Gerardo Steinberg.
Uno a uno se fueron pasando el micrófono para dedicarle unas palabras hasta que luego Aristarain dijo: "Todo esto es muy abrumador. No puedo hablar de mí mismo. Lo que más me gusta de este homenaje es la gente que se ha reunido aquí, les agradezco a todos. Pero debo hacer unas menciones que fueron clave en mi carrera. Agradecerle a Mario Camus, que fue mi maestro como director, a Héctor Olivera porque las cuatro primeras películas que hice fueron producidas por él y fueron el inicio de todo; y a Kathy Saavedra, mi mujer, con la que estoy hace 30 años, que ha hecho el vestuario, la ambientación de mis películas, ha escrito guiones conmigo y es quien sobrelleva el castigo de aguantarme en casa".
El perfil del director fue trazándose desde distintos ángulos. Olivera recordó cuando en sus inicios hicieron juntos los musicales "La playa del amor" y "La discoteca del amor", "películas al servicio del LP (long play)", dijo, hasta que Aristarain consiguió imponer su estilo con "Tiempo de revancha": "La primera película argentina que se paseó por todos los festivales del mundo, que rompió el aislacionismo que el cine argentino tuvo durante el proceso y pasó la censura. Y luego, "Tiempo de revancha", que tuvo la mala suerte de estrenarse con la Guerra de las Malvinas. Y así fue como Adolfo comenzó a trabajar internacionalmente".
Luppi, siempre definido por la prensa como su actor fetiche, quiso desmitificar la idea de ser considerados "almas gemelas". "Lo conozco poco en realidad. Es que él habla poco -dijo con su famosa voz pastosa y su conocido gesto de disconformidad-. Lo que más conozco de él ha sido a través de su trabajo. También nos juntamos en asados pantagruélicos en donde también aparecen la oscuridad del alma humana, los cabreos pesimistas con el país, su pesado anarquismo y sus conceptos sobre el cine. Un crítico de Buenos Aires dijo que éste es un momento de reflexión para Adolfo. Es probable que todavía podamos asistir a grandes películas dirigidas por él. Un Adolfo al que el país le devuelva un poquitín de felicidad. Espero que pueda seguir filmando. Si le va muy bien mantendremos la casa de Buenos Aires y los asados."
El hecho de haber trabajado una sola vez con Aristarain en "La ley de la frontera" no aplacó a la española Aitana Sánchez-Gijón a recordar el "terror" que sentían los actores cuando el director aparecía cada día de rodaje con las escenas del día "reescritas, cuyos textos teníamos que aprender rápidamente como él quería. Pero esa película que era por encargo la hizo suya. Siento que no lo conozco en absoluto. Es un hombre al que no acabas de acceder del todo. Pero a través de sus películas sí siento que lo conozco profundamente".
Mario Camus mencionó cómo llegó a fijarse en ese tercer ayudante de dirección de 23 años durante el rodaje de "Al ponerse el sol", en 1967, "que en realidad estaba porque era el único que sabía inglés y le ayudaba al protagonista con las canciones. Pero como el primer ayudante era un hombre pusilánime, el segundo comenzó a enfermarse sospechosamente seguido, el tercero pasó a ser el que más estaba en el set y fue mi asistente. Y más tarde iniciamos una bonita etapa de colaboración".
Como se reiteraron en el transcurso del homenaje también las "quejas" sobre su forma estricta de tratar los textos que escribe, su terquedad para que sean dichos con comas y puntos, "con la cadencia y musicalidad que él quiere", al decir de Luppi, Adolfo contundente dijo: "No creo en la improvisación del texto". Con lo cual, Luppi aprovechó para despachar cariñosamente sus reclamos sobre "la repetición de las tomas, las tomas largas que hacés siempre y los largos parlamentos que atemorizan a cualquier actor y hacen que uno se sienta un inútil". Así surgió la anécdota del rodaje en "Martín (Hache)" "en la que tuve un golpe brutal para mi ego con una escena dramática que tenía un texto interminable y que yo pensé que iba a poder trabajar muy bien en el momento de filmación -continuó Luppi-. Pero en la mitad de la toma, él cortó la filmación. Volvimos a hacerla al día siguiente y salió perfecta".
Y como no podía faltar la pregunta vinculante entre la crisis argentina con el éxito del cine nacional, Aristarain dijo: "Es casualidad que hoy cuatro películas estén funcionando tan bien en la Argentina y en España. La crisis no agudiza el ingenio, aplasta a la gente. La mayoría son películas que se hicieron el año pasado cuando el panorama era muy distinto. Con la devaluación será cada vez más difícil hacer coproducciones. Al no tener el dólar uno a uno con el peso no se tiene un plano de igualdad con el coproductor español". Pero a pesar de su pesimismo, el director de "Lugares comunes" dijo que nunca se le cruzó por la cabeza "romper con todo, abandonar. Por mi tenacidad. Aunque es un oficio complicado para conseguir financiación me da una corriente de gran placer ejercer la profesión: escribir y filmar. Pero soy muy autocrítico y con los años tengo la sensación de que cada vez sé menos".
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