
Calicchio, el artista inconsciente
Tras una larga carrera en el musical, será el protagonista de El rey se muere, de Ionesco
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Se autodefine como un artista "inconsciente" y dice de él que no tiene formación actoral. Sin embargo, Omar Calicchio atesora en su currículum un sinnúmero de papeles en musicales tan disímiles como El jorobado de París y Bocatto di cardi nale, y sus comienzos en las tablas se remontan a 27 años atrás. No obstante esta abultada experiencia, prácticamente carece de antecedentes en obras en las que no tuviera que cantar. Hasta que el teatro de texto llamó a su puerta, y lo hizo desde un género, en sus palabras, muy apropiado para él: el absurdo. Protagonizará El rey se muere , de Eugène Ionesco, obra que subirá a escena el viernes en el Centro Cultural de la Cooperación, con la dirección de Lía Jelín. Completan el elenco Valeria Lorca, Gabriel Rovito, Heidi Steinhardt, Matías Strafe y Agustina Cerviño.
Como por ósmosis, el nombre de Omar se asocia al teatro musical argentino y no es una etiqueta caprichosa. Trabajó con todos los más reconocidos hacedores del género a nivel local: Pepito Cibrián, Hugo Midón, los Bottom Tap, entre muchos otros. "Sin querer, acá todo se encasilla y parece que un actor de musicales no puede hacer otra cosa", explica el actor, en diálogo con La Nacion.
La propuesta le llegó inesperadamente. Finalizaba 2010 y él se preparaba para iniciar el año nuevo como de costumbre, con un papel interesante en una gran comedia musical. Estaba audicionando para hacer del Tío Max en La novicia rebelde cuando algo vino a romper con sus estructuras. Lía Jelín lo llamó y le ofreció encarnar al rey Berenguer I, protagonista de la historia pergeñada por Ionesco para plasmar sus dilemas existenciales con humor y absurdo patetismo. Todo un desafío que Calicchio no tardó en aceptar. "Hay propuestas que van más allá de lo económico. Esto significa un crecimiento muy grande y, por suerte, Lía confió en mí", comenta el actor, y en sus ojos se trasluce lo enormemente agradecido que está porque le hayan permitido demostrar que puede salirse de las etiquetas y actuar "aquí y allá".
"Nunca hice un curso de teatro, por lo cual tengo un grado de inconsciencia bastante grande. Pero me felicito, porque si tuviera más conciencia, creo que hay cosas que no haría", lanza, junto con una contagiosa carcajada, este actor que puede considerarse como tal y jactarse de no haber estudiado sin dar lugar a crítica alguna. Ha sabido demostrar sobradamente su aptitud sobre las tablas, y sus compañeros elogian a diestra y siniestra su rigurosidad y profesionalismo para trabajar. "Es que hice 12 años de colimba!", bromea para justificarse, en referencia a los 12 años que actuó bajo la batuta de Pepe Cibrián, de quien asegura que absorbió su metódica disciplina.
El rey inconsciente
El encuentro con el texto de Ionesco se dio sin grandes conflictos. Al grano: lo estudió, lo analizó, lo incorporó y lo actuó. La prueba y el error como base. El juego como estandarte. "Tomo la palabra actuar como se dice en inglés, play , jugar. Y creo que, a raíz de esa inconsciencia que tengo, asumo el trabajo con un nivel parejo de riesgo o de no riesgo. Siempre me tiro al trampolín", alega y, aunque suene kamikaze, el proceso creativo parece haber tenido un final feliz. "Lía es una gran directora y me ayudó a sacar lo mejor de mí", afirma, satisfecho.
Un trono venido a menos preside la escena: una alfombra roja atraviesa el espacio delimitado por la agrietada pared de un castillo. Un alabardero que anuncia la entrada y salida de los personajes interrumpe la conversación de las dos esposas del rey para vociferar el ingreso de éste al recinto. Calicchio, caracterizado como el rey Berenguer I con camiseta malla, calzoncillos largos, capa, corona, cetro en una mano y escupidera en la otra, desfila por el escenario y despierta las risas. Sin embargo, si se apela a la razón, su discurso no es gracioso. "¡Moriré, sí, moriré! Dentro de 40 años, dentro de 300 años. ¡Cuando lo decida!", replica el desvencijado rey tras recibir la noticia de que fallecerá "cuando termine la función".
"La obra tiene mucha actualidad. Habla de un tema que a todos nos ha preocupado o conflictuado alguna vez, que es la muerte", analiza el actor. "Me gusta el personaje porque no pasa en ningún momento por angustia, por congoja. Primero, no cree. Después, se enoja, se desespera, pide a la gente que muera por él, es tremendamente egoísta. Y, finalmente, se alivia. Está bueno porque creo que eso es lo que deberíamos sentir todos: que no es el fin, es sólo un paso."
"La gente se ríe mucho de lo patético y de lo absurdo de este ser", comenta Calicchio, quien luego de haber actuado en Vivitos y coleando, La trup sin fin, El joven Frankenstein , y tantas otras comedias para grandes y chicos, no puede más que sentirse como en casa en el palacio de este rey. "El absurdo es algo cercano a lo grotesco, y hay un punto del humor que tiene que ver conmigo, aunque sea un humor diferente", dice, relajado. Esa comodidad atraviesa todo su lenguaje corporal, incluso cuando tiene que posar para las fotos. En un instante se transforma: sus ojos, su boca, sus manos, su postura, todo en él adquiere la intención provocadora del rey grotesco y desaliñado que supo configurar. "Estoy feliz de la vida", exclama con una sonrisa.
Sin etiquetas, su desembarco como protagonista en el teatro de texto está gestado. Y es sólo el comienzo... "Quiero hacer todo lo que no hice hasta ahora", promete, y aunque su agenda es por de más abultada, parece imposible que alguien lo detenga. ¡Que viva el rey!
PARA AGENDAR
El rey se muere : de Eugène Ionesco, con dirección de Lía Jelín. Centro Cultural de la Cooperación : Corrientes 1543. Los viernes y los sábados, a las 20 . Entrada: $ 70.
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